Sur de la Florida

‘Handyman’ enfrenta la pena de muerte por asesinato


Rafael Andres, durante la sesión de la Corte el martes donde enfrenta un juicio por el asesinato de la camarera Yvette Fariñas.
Rafael Andres, durante la sesión de la Corte el martes donde enfrenta un juicio por el asesinato de la camarera Yvette Fariñas. Miami Herald

Un corpulento handyman llamado Rafael Andrés fue acusado de golpear, acuchillar y estrangular a una camarera de West Miami-Dade con la cuerda de una olla de cocinar arroz.

Como las piezas de un rompecabezas, las pruebas contra Andrés se correspondían demasiado bien para que él pudiera salir libre.

Su ADN estaba en un trapo mojado ensangrentado que se encontró junto al cadáver de Yvette Fariñas, de 31 años. Una vecina identificó a Andrés como el hombre que había salido de la casa, con una lata de gasolina en la mano, justo antes de que la escena del crimen fuera presa de las llamas.

Y en las horas que siguieron a la cruenta muerte de Fariñas en enero del 2005, Andrés usó la tarjeta de ATM de ella para sacar dinero, comprar artículos en The Home Depot, echar combustible a su van y pagar por una visita al Miccosukee Resort & Casino.

“Estas no son coincidencias”, dijo al jurado la fiscal Gail Levine esta semana. “Estas son pruebas de su culpabilidad”.

Y el jurado estuvo de acuerdo. Tras unas nueve horas de deliberaciones que se extendieron durante tres días, los jurados hallaron el miércoles culpable a Andrés de asesinato de primer grado.

“Después de tantos años, se ha hecho justicia”, dijo el padre de la asesinada, René Fariñas, de 64 años. “Eso es lo fundamental que queríamos lograr, y además que el asesino no siguiera en la calle”.

En el juzgado, la madre, el padre y la hermana de Fariñas lloraron al saber la noticia. Sentados en el lado opuesto de la galería, también lloraron los familiares de Andrés.

Andrés, vestido con un enorme suéter azul de botones y pantalones de vestir, frunció intensamente el ceño. Aparte de eso, no mostró señal alguna de emoción mientras caminaba apoyándose en un bastón, escoltado por agentes correccionales, de regreso a las profundidades del juzgado por lo criminal de Miami-Dade.

Ahora, Andrés enfrenta la pena de muerte. Su audiencia de sentencia se celebrará dentro de varias semanas.

Sus abogados defensores, quienes alegaron sin tener éxito de que Andrés solamente era culpable de usar la tarjeta de ATM de ella, ahora tienen que persuadir al mismo jurado de que le perdonen la vida. Eso podría no ser tarea fácil. Andrés, de 50 años, ya había sido declarado culpable de otro asesinato.

En 1987, Andrés golpeó y mató a puñaladas a Linda Azcarreta, de 32 años, en una casa de Flagami. Andrés se declaró culpable y acordó cumplir una sentencia de nueve años de cárcel.

No obstante, terminó cumpliendo un solo año en prisión. Además, ha sido luego hallado culpable de robo de mayor cuantía y posesión de un arma de fuego por un criminal convicto de mayor cuantía.

En enero del 2005, Andrés había sido contratado para ayudar a renovar una casa en la cuadra de los 7300 de SW 12 Street. El no era un contratista con licencia y el trabajo pareció ser demasiado para él.

Fariñas y su novio vivían en un efficiency adosado a la casa. Ella y sus pocos familiares cercanos vinieron a Miami procedentes de Cuba en 1999. Fariñas trabajaba en el restaurante La Carreta del Aeropuerto Internacional de Miami.

Pero ella estaba en trámites para hacerse guardia de seguridad federal en el aeropuerto. Fariñas tenía además el sueño de abrir su propia lavandería automática.

“Mi hija tenía muchos sueños, y había estudiado”, dijo su madre, Luisa Moya, de 63 años. “En cinco años, ella se iba a hacer ciudadana. Y ese hombre destruyó sus sueños”.

Esa mañana, el novio de Fariñas se fue al amanecer a trabajar entregando cajones de leche en el sur de la Florida. Andrés, usando una llave de repuesto del efficiency, entró y la golpeó hasta que ella le dio el código de seguridad de su tarjeta, según la fiscalía.

Andrés le hundió un cuchillo “en el pecho una y otra vez”, dijo Levine. Luego, él le enroscó el cordón de la olla de arroz alrededor del cuello.

“Con sus 260 libras, él la subyugó, y luego la dejó muerta en un charco de sangre”, dijo Levine.

A los detectives de Miami-Dade les tomó un año reunir las pruebas del caso. El crimen apareció incluso en el programa televisivo nacional America’s Most Wanted (“Los más buscados de EEUU”).

Finalmente, los registros de teléfonos celulares ubicaron a Andrés geográficamente en la escena del crimen. Los investigadores encontraron además rastros de gasolina en sus zapatos de tenis. Una tapa de lata de gasolina se correspondió perfectamente con una lata sin tapa encontrada en casa de él. Se halló también su van abandonado en un área rural de West Miami-Dade.

En total, entre compras y efectivo, Andrés consiguió sacar $1,676 en dinero robado.

Los abogados defensores no ocultaron el robo de la tarjeta de ATM. Su argumento era que Andrés no podía haber matado a Fariñas porque él había usado la tarjeta de ella abiertamente.

“Nosotros admitimos plenamente que él usó la tarjeta de ella. Pero la evidencia no ha mostrado cuándo la obtuvo ni cómo la obtuvo, y no se puede especular sobre eso”, dijo la defensora pública adjunta Edith Georgi al jurado.

Los defensores de Andrés atacaron la confiabilidad de la vecina que identificó a Andrés, alegando que ella no pudo verle bien la cara a través de la cerca. El van pudo haber sido robado del establecimiento de los Miccosukee.

Y el ADN sólo probaba una cosa: que Andrés había estado en el efficiency, haciendo su trabajo, en los días antes del asesinato.

“El ADN no dice el tiempo”, dijo Georgi.

Esta historia fue publicada originalmente el 19 de noviembre de 2014, 8:07 p. m. with the headline "‘Handyman’ enfrenta la pena de muerte por asesinato."

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