La alegría de una nicaragüense de sacudirse el miedo de ser deportada de EEUU
La nicaragüense Bertha Sanles nunca perdió la esperanza de regularizar su situación y sacudirse el miedo constante a ser deportada de Estados Unidos. Ahora espera que las medidas migratorias del presidente Barack Obama le permitan acabar con catorce años de vida en las sombras.
“Estoy bien optimista, siempre yo creí en él (en Obama). Muchas llantas se pincharon, muchas personas dejaron de creer, pero yo nunca perdí la fe”, dice en entrevista en el apartamento en Miami, Florida, donde vive con su esposo, también indocumentado, sus dos hijas, sus tres perros y su tortuga.
“Estoy entusiasmada, feliz, ansiosa”, dice esta nicaragüense originaria del puerto de Bluefields, quien dice haber llorado de la emoción cuando se enteró de que el presidente anunciará este jueves decretos para aliviar la situación de indocumentados como ella.
Sanles, de 36 años, dice que hay que esperar para conocer el alcance de los anuncios, pero está al tanto de los reportes de prensa que han adelantado que los padres de ciudadanos estadounidenses o que hayan residido por un tiempo prolongado en el país recibirán permisos de trabajo y quedarían a salvo de ser deportados, y eso la alivia.
Leah, la hija menor de esta mujer que trabaja limpiando casas y que todos los días conduce sin una licencia de conducir válida, a la que no tiene derecho en Florida por ser indocumentada, es estadounidense y Sanles ha vivido catorce años en Estados Unidos, desde de que llegó de Nicaragua buscando un futuro mejor.
Si fuera deportada, a Sanles le preocupa sobre todo Leah, porque su otra hija Christell, nacida hace 20 años en Nicaragua, se pudo inscribir en el llamado programa DACA, lanzado por Obama en 2012 para otorgar permisos temporales de permanencia para jóvenes que hubieran llegado antes de los 16 años a Estados Unidos.
“Me siento bendecida”, dice, al mostrarse confiada en que ella y su esposo estarán entre las cinco millones de personas que se estima se beneficiarán de las medidas que anunciará Obama, ante el fracaso en el Congreso de un proyecto de reforma migratoria.
“Mi familia ya no estaría con el miedo con el que vivimos hoy y (podría) tener un mejor futuro”, dice.
Una vez con su situación regularizada “por lo menos puedo sacar la licencia de manejar, puedo tener el seguro del carro a mi nombre (…), tengo el entusiasmo de poder comprar mi casa, quizá no va a ser mañana, pero tengo ese alivio”, dice Sanles, activista en una agrupación proinmigrante, Familias Unidas.
De hecho, Sanles comenzó a interesarse en el activismo cuando su hija Christell no pudo terminar la carrera de asistente médico porque no le permitieron realizar las prácticas por su situación migratoria irregular. “Fue imposible, no se graduó”, dice con lágrimas en los ojos.
Sanles está consciente de que los decretos de Obama significarán una ayuda transitoria, y que la verdadera solución tiene que ser una ley de reforma migratoria que apruebe el Congreso estadounidense.
“Entiendo que es un alivio temporal, ¿pero sabes qué es peor? Estar sin nada, porque todos los días salgo con miedo”, dice, al admitir que la entristece pensar que muchos indocumentados quedarán por fuera de los decretos que anunciará Obama el jueves en la noche.
Sanles, quien fue criada por una vecina en Nicaragua ya que perdió a sus padre y a su abuela aun joven, tiene previsto ver el “histórico” mensaje del presidente junto a otros activistas y celebrar con ellos. Pero sin perder tiempo, al día siguiente volverá a la lucha por una reforma migratoria definitiva.
“Tenemos que seguir presionando, la presión se la tenemos que dar al Congreso, especialmente a los representantes republicanos”, quienes paralizaron en la Cámara de Representantes la reforma migratoria aprobada en el Senado en 2013 y que abría una vía para formalizar la situación de los más once millones de indocumentados en Estados Unidos, la mayor parte de ellos latinoamericanos.
“Tenemos que enfocarnos en ellos, dejarles saber que estamos aquí y que no nos vamos a ir”, agrega.
Esta historia fue publicada originalmente el 20 de noviembre de 2014, 6:54 a. m. with the headline "La alegría de una nicaragüense de sacudirse el miedo de ser deportada de EEUU."