La residencia médica: un obstáculo para los doctores inmigrantes
Siete años después de pasar los Exámenes para la Licencia Médica de Estados Unidos (USMLE), la doctora cubana Raixa Rivas aún no consigue hacer la residencia médica en un hospital.
“Yo he aplicado para anestesia a más de 60 programas en todo el país, porque yo era anestesióloga en Cuba”, dice la doctora de 47 años. “Pero nunca me han llamado a entrevista”.
Obtener una plaza en un hospital para hacer la residencia médica se ha convertido en uno de los obstáculos más difíciles que enfrentan los médicos inmigrantes en el sur de la Florida.
Muchos de los médicos inmigrantes llegan al país con cierta edad y tienen que estudiar primero inglés, además de trabajar para mantenerse y mantener a sus familias. Como Rivas, la mayoría se demora varios años en revalidar la carrera.
Además de contar con pocas plazas, los programas de residencia médica tienen requisitos muy exigentes, explica Rivas, quien emigró a Miami en 1998 con el firme propósito de revalidar su profesión.
Muchos programas no aceptan médicos con más de 10 años de graduados. Muchos exigen una calificación elevada en los exámenes, y otros solamente seleccionan médicos que hayan aprobado los exámenes al primer intento.
Rivas, quien se graduó en Cuba en 1991 y tuvo que repetir el primer examen de reválida, aplica a los programas cuyos requisitos se lo permiten. Y lo hace con la misma dedicación con la que empezó a trabajar como asistente médica a los seis meses de llegar a Miami, mientras estudiaba inglés y criaba a su hija pequeña.
Cada septiembre los médicos graduados extranjeros aplican a las plazas de residencia después de pasar los USMLE.
Los aplicantes que son seleccionados para una entrevista en algún programa participan en el match, un escalafón mediante el cual los aplicantes son conectados con los programas a través de un algoritmo matemático.
“Es muy impersonal. Ellos ven tu aplicación por internet, tu foto, tu edad, pero no te ven trabajando”, dice Rivas, quien trabaja como asistente médico en la clínica de un anestesiólogo en el suroeste de Miami.
Según Rivas, la especialidad de anestesia es muy solicitada porque permite a los médicos trabajar en pain management (manejo de dolor), una disciplina muy bien pagada.
En busca de alternativas, Rivas ha aplicado a otras especialidades, y aunque la han citado para entrevistas, invariablemente le preguntan por qué quiere hacer otra especialidad, si ella es anestesióloga.
Si un programa va a escoger extranjeros, explica Rivas, prefiere a los de su especialidad, por lo que ella siempre queda en desventaja.
Las dificultades para hacer una residencia no son extrañas a los médicos inmigrantes del sur de la Florida.
“Desde comienzo de la década de los 90 se hizo evidente que lo más difícil para que un médico exiliado obtenga su licencia era hacer la residencia”, dice el doctor Santiago Cárdenas, un médico cubano que junto a la sociedad médica San Judas de Miami-Dade abogaron en 1998 por una ley que les permitió hacer una residencia de dos años fuera de los hospitales bajo la supervisión de un médico certificado.
Según Cárdenas, cada hospital es independiente y acepta a los residentes que quiere, y en el proceso de selección la competencia es muy dura. Uno de los factores que más influye es la edad de los aplicantes, lo cual colocó a Cárdenas y su grupo en una posición desventajosa, pues ellos tenían más de 50 años.
La doctora Tulia Benazet, también miembro de la Sociedad San Judas, afirma que ella hubiera optado por realizar la residencia en un hospital si en ese entonces hubiera sido más joven. La licencia que obtuvo sólo le sirve para ejercer en la Florida.
“Pero a esa edad hacer una residencia médica es algo así como un suicidio”, dijo Benazet. “Tuvimos la suerte de que la Legislatura lo entendió así, y en el año 2000 todos los del grupo obtuvimos nuestras licencias. Fue un esfuerzo muy grande, pero lo hicimos con mucha fe, por eso escogimos el nombre de San Judas, porque pensábamos que él nos podría ayudar, y así fue”.
Un programa en Puerto Rico conocido como Internado, mediante el cual los médicos obtienen una licencia limitada para ejercer en Estados Unidos, es un último recurso al que recurren muchos médicos en situaciones similares a la de Rivas. Pero el programa paga muy poco.
“Otros lo han hecho, sin un kilo, pero yo tengo una hija de 14 años. Ahora yo la priorizo a ella. No puedo irme y dejarla aquí”, dice Rivas, y asegura que con gusto haría una residencia gratuita, pero en Estados Unidos, cerca de su hija.
El déficit de residencia médica en la Florida —el estado ocupa el número 45 del país en la cantidad de plazas—, se debe principalmente a la distribución desproporcionada del fondo del Medicare para los programas.
En el 2013, de los más de $10,000 millones destinados a dichos programas, Nueva York recibió $2,000 millones, mientras que la Florida recibió $268 millones, aunque ambos estados tienen aproximadamente la misma población.
“Es una batalla que libramos todos los años, y no solo en el caso del Medicare, sino también en otros sectores”, dijo el congresista Mario Diaz-Balart en referencia a la fórmula arcaica para la distribución de fondos, la cual no contempla el aumento poblacional. “Otros estados como Texas y Arizona tienen el mismo problema”.
De los $15,000 millones empleados en programas de residencia en el país, dos tercios los provee el Medicare, y el resto es en su mayoría proporcionado por los hospitales.
En un intento por expandir los programas de residencia en el estado, el gobernador Rick Scott aprobó el año pasado una inversión de $80 millones para el Statewide Residency Program, del cual $33 millones fueron destinados a 15 hospitales del sur de la Florida.
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Esta historia fue publicada originalmente el 24 de noviembre de 2014, 6:35 p. m. with the headline "La residencia médica: un obstáculo para los doctores inmigrantes."