Sur de la Florida

A 25 años de un juicio que conmovió a Miami


William Lozano testifica en 1989.
William Lozano testifica en 1989. Archivo

En una ciudad largo tiempo estremecida por la tensión racial, un agente de policía uniformado le dio muerte a un afroamericano. Días de furiosas revueltas y motines estremecieron al país.

Una serie de investigaciones examinaron el uso de fuerza mortal por parte del agente, que argumentó haber tenido que utilizarlo en defensa propia. ¿Debería el policía enfrentar cargos criminales?

El caso que explotó en Miami en 1989 todavía hoy resuena, la turbia confrontación racialmente cargada, que ha convertido en foco de atención las 24 horas del día la pequeña localidad de Ferguson, en Missouri.

El domingo 7 de diciembre, hace 20 años, después de un juicio que perdura en el ámbito legal del área, el jurado halló culpable a William Lozano, agente de la policía de Miami, por haber matado a tiros a un motociclista. Fue la última vez que un agente de policía de Florida fue encontrado responsable de un acto semejante.

A diferencia de lo ocurrido en Ferguson, la Fiscalía de Miami-Dade arrestó a Lozano, y lo acusó de homicidio culposo, en un caso criminal que dividió amargamente a la ciudad. Sin embargo, para la comunidad afroamericana de Miami, cualquier sentido de justicia demostró durar poco. Lozano fue absuelto luego de que una corte de apelaciones le garantizara un nuevo juicio.

Y la opinión legal que le dio a Lozano una segunda oportunidad también condenó a los fiscales por revelar al jurado los detalles de procedimientos policíacos internos. La decisión sentó un poderoso precedente en un estado que ya tenía gran amplitud para que los agentes policíacos empleasen fuerza letal para protegerse a sí mismos y a otros.

“Esa decisión y esa opinión nos han perseguido desde entonces”, dijo Don Horn, asistente de la Fiscalía Estatal de Miami-Dade, uno de los fiscales que hallaron culpable a Lozano el 7 de diciembre de 1989.

Lozano no pudo ser localizado para este reportaje, pero Roy Black, el famoso abogado que lo defendió, ve un legado legal positivo en el caso. Según Black, lo sucedido ha terminado por asegurar que la policía, cuya tarea es proteger a la comunidad, pueda actuar rápidamente ante un peligro de muerte.

“Esas decisiones realmente han funcionado a favor de los policías que patrullan las calles”, dijo Black.

Al igual que pasó con muchas ciudades, las revueltas cargadas de problemas raciales causaron gran destrucción en Miami en los años 60 y 70. El caso más notorio tuvo lugar en 1980, después que un jurado absolviera a un grupo de policías del entonces Condado Dade por haber matado a golpes al automovilista Arthur McDuffie.

Tras el tristemente célebre caso, el jurado de instrucción y los fiscales en Miami se volvieron inusualmente agresivos. Antes de Lozano, cuatro agentes fueron encausados en incidentes separados en los que resultaron baleados afroamericanos desarmados.

El único caso en que la Fiscalía tuvo éxito fue en la formulación de cargos contra el agente Robert Koenig, un policía blanco novato que le dio muerte a Donald Harp en 1983, mientras otros agentes luchaban por tratar de sacarlo de un auto. El jurado encontró culpable de homicidio culposo a Koenig y lo condenó a cinco años de cárcel.

De cualquier modo, condenar a un policía de homicidio culposo, una muerte no intencional provocada por una “crasa negligencia” demostró ser difícil de lograr.

Fue justamente con ese panorama detrás de sí que Lozano, un patrullero de 30 años, proveniente de una familia de policías, se topó con Clement Lloyd y Allan Blanchard.

Fue la noche del 16 de enero de 1989, el aniversario de nacimiento de Martin Luther King Jr. Días después, Miami sería el anfitrión del Super Bowl, un importante evento para una ciudad turística que estaba bajo la atención nacional.

Lloyd, de 23 años, administrador de un taller de lavado de autos, iba a alta velocidad en su motocicleta Kawaski Ninja por las calles de Overtown. Su pasajero era Allan Blanchard, de 24 años, un trabajador de la construcción desempleado que acababa de mudarse a Miami de las Islas Vírgenes.

Tras activar las luces y la sirena de su patrullero, un policía de Miami intentó hacer que se detuvieran, pero lo que hizo Lloyd fue acelerar por la tercera avenida del noroeste en dirección a Lozano, que casualmente estaba detenido a un lado de la calle escribiendo un reporte de un ciudadano.

Lozano hizo un disparo. El proyectil alcanzó a Lloyd en la cabeza. La motocicleta se estrelló contra un Buick Regal, lanzando a Blanchard contra el pavimento.

Los dos murieron. Cuando investigadores y funcionarios locales llegaron al lugar de los hechos, los residentes de Overtown los recibieron con furia, tirándoles botellas y piedras.

En apenas unas horas, furgonetas de canales noticiosos de televisión fueron quemadas. Una carnicería fue saqueada. Como haría la policía en Ferguson 25 años después, agentes con escudos antimotines y escopetas debieron enfrentarse al caos.

“Hemos sido víctimas todas nuestras vidas, y ahora nos tratan como animales, sin respeto, y sobre todo en este día, el Día de Martin Luther King”, dijo un residente de Overtown.

Cuando se calmó la violencia, el gobierno local inició una serie de investigaciones. El reverendo Al Sharpton, que ya era un activista polarizado de los derechos civiles, visitó Overtown para denunciar las acciones de Lozano, lo que causó muchas de las mismas preocupaciones que se han repetido en Ferguson tras la muerte de un adolescente negro desarmado a manos de un policía blanco.

Al final de todo, Janet Reno, fiscal estatal de Dade, evitó el jurado de instrucción. En su lugar, los fiscales presentaron directamente dos cargos de homicidio culposo con un arma letal contra Lozano.

Su decisión dividió a Miami. Muchos policías e hispanos defendieron a Lozano, patrullero nacido en a Colombia que tenía limpios antecedentes.

“La influencia política era sumamente fuerte”, dijo Black, el abogado de Lozano. “A todo el mundo le preocupaba que sucedieran más revueltas y, desde luego, estaba la imagen de Miami y el Super Bowl. Eso era más importante que la justicia”.

El juicio se fijó para iniciarse en noviembre, apenas 10 meses después del incidente. Pese a peticiones de la defensa, Joseph Farina, juez de Circuito de Dade, se negó a que el juicio tuviera lugar fuera de Miami.

La tensión subió enormemente en tanto había manifestaciones de ambas partes. La junta de relaciones comunitarias del condado pronosticó que 25 personas podrían morir en los disturbios de absolverse a Lozano.

“Era una responsabilidad horrible” dijo John Hogan, entonces fiscal de Dade, quien logró condenar a Koenig y dirigió el trabajo del estado en contra de Lozano. “Es muy difícil imaginar el estrés tan grande que causó”.

Entretanto, los observadores predijeron un triunfo para Lozano. Sus abogados eran el prominente y elocuente Black y el ex policía Mark Seiden. Ambos acababan de ganar la absolución de Luis Alvarez, un policía de Miami que le había dado muerte a un hombre desarmado dentro de una arcada de Overtown.

Black y Seiden, sin embargo, sabían que el juicio sería una batalla agotadora.

Todos los días, los miembros del jurado entraban en una corte de Miami-Dade protegidos por agentes fuertemente armados en las escaleras y pasillos y francotiradores en la azotea.

“El jurado tenía pánico de que un veredicto de inocente pudiera provocar que la ciudad ardiera otra vez”, dijo Seiden.

En el juicio, cinco testigos le dijeron al jurado que Lozano le apuntó a Lloyd con su pistola.

En una declaración vacilante, Lozano subió al estrado para hablar en su propia defensa. Insistió en afirmar que se paró en la calle para detener a Lloyd y que sólo disparó después que la motocicleta se le vino encima sin darle a tiempo a pensarlo dos veces.

“A la larga, había la gente afroamericana tenía una versión de lo que había ocurrido, y la policía tenía otra versión muy diferente”, dijo el fiscal Horn.

El relato de Lozano funcionó en su contra. La evidencia forense resultó crucial. La trayectoria de la bala contradijo lo dicho por Lozano, que declaró haber disparado desde la cintura, argumentaron los fiscales.

Y a pesar de la objecciones, al estado se le permitió presentar el manual de entrenamiento de la policía que siguió Lozano el cual prohíbe dispararle a un vehículo en marcha. En el proceso, tres testigos expertos también declararon que un policía no debe entrar a un calle con su arma desenfundada para detener a una persona.

“Lozano conocía otras opciones porque había sido entrenado en otras opciones”, dijo Hogan. “Eso fue algo importante que el jurado debía conocer”.

El juicio entero duró 13 tensos días. Y después de ocho horas y 13 minutos de deliberaciones, el jurado de seis personas declaró a Lozano culpable de todos los cargos.

No hubo estallidos de violencia, pero ello no terminó con la división de la comunidad. Algunos policías se colocaron pulseras negras en las muñecas en señal de protesta.

Farina sentenció a Lozano a siete años de prisión, en tanto se le permitió quedar en libertad bajo fianza mientras se esperaba una apelación.

En junio de 1991, La Corte de Apelaciones del Tercer Distrito cambió el veredicto de culpabilidad contra Lozano. Farina, se determinó, se equivocó al no mudar el juicio fuera del condado en medio del temor a la violencia.

Algo todavía más crítico para futuros casos en la Florida, fue que Farina nunca debió haber permitido en la evidencia que Lozano violó procedimientos de entrenamiento internos, determinó la corte.

“La opinión reafirmó el hecho de que los agentes de policía agentes se encuentran a veces en situaciones únicas”, dijo Seiden. “Tienen que tomar una decisión de vida o muerte en fracciones de segundos, y no pueden darse el lujo de reflexionar”.

Hogan dijo que sigue creyendo que el juicio en Miami fue justo.

“Es algo que realmente me enerva mucho porque de verdad no creo que el jurado haya confundido el entrenamiento como un sustituto de la ley”, dijo.

El nuevo juicio de 1993 se celebró en Orlando. Todo estaba a favor de Lozano, y durante la selección del jurado, algunos de los candidatos calificaron de héroes a los agentes de policía de su localidad.

El jurado absolvió a Lozano. Cuatro años después de las muertes de Lloyd y Blanchard, en las calles de Miami se mantuvo la calma.

Esta historia fue publicada originalmente el 6 de diciembre de 2014, 9:59 p. m. with the headline "A 25 años de un juicio que conmovió a Miami."

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