Jeb Bush, un conservador mal clasificado dentro de su propio partido
Craig Shirley, respetado biógrafo de Ronald Reagan, declaró recientemente al Washington Examiner que Jeb Bush es el más reciente en una línea de varios Bush que se oponen a las doctrinas de Reagan. El comentarista radial Mark Levin ha dicho que el ex gobernador de Florida es “muy bueno como demócrata moderado”, mientras que el activista conservador Richard Viguerie lleva al menos dos años criticando duramente a Bush como un peligroso republicano partidario del gobierno grande.
Entretanto, gran parte de la especulación sobre la campaña presidencial del 2016 se centra en si un moderado podría ser un contendiente viable para la nominación republicana.
¿Jeb Bush, moderado y blando?
¿El gobernador que trataba a los abogados litigantes y los líderes de los sindicatos de maestros como a enemigos del estado? ¿Que despojó a los funcionarios civiles de su protección laboral? ¿Que rebajó los impuestos? ¿Cuya pasión por la privatización incluyó establecer el primer sistema estatal de vales para escuelas privadas de la nación, y se extendió a privatizar la atención médica de los pobres, las cárceles y los servicios de protección infantil?
Este hombre que es “muy bueno como demócrata moderado” desafió a un tribunal tras otro para obligar a reinsertar los tubos de alimentación a Terri Schiavo, cuyo cerebro estaba dañado, y apoyó consistentemente más restricciones a los abortos y menos para la propiedad de armas de fuego. Luchó por reducir los gastos de los programas de beneficios públicos y, mofándose de los impulsos del ‘estado nana’, derogó la ley que obligaba a los motociclistas de la Florida a usar casco y vetó un proyecto de ley respaldado por los republicanos que exigía asientos de seguridad para los niños en los automóviles.
“Para nosotros que vivimos en Florida y experimentamos los ocho años de gobernador de Jeb Bush, es casi risible y probablemente ridículo que las personas que viven fuera de la Florida afirmen que es moderado”, dijo el ex presidente de la Cámara de Representantes Will Weatherford, republicano de Wesley Chapel y conservador que encabezó la oposición de Florida a aceptar fondos federales para expandir el Medicaid a más de 800,000 personas.
“Este es un hombre que probablemente tenga uno de los historiales más conservadores como gobernador que ninguna otra persona que yo haya visto”, dijo Weatherford, “y tiene uno de los historiales más exitosos como gobernador que ninguna otra persona que yo haya visto”.
La especiosa percepción que se tiene de Bush fuera de Florida refleja tanto una incomprensión fundamental del hombre, debida probablemente a ideas preconcebidas basadas en el historial presidencial de su padre y su hermano, como lo mucho que el Partido Republicano se ha desplazado hacia la derecha desde que Bush abandonara la mansión de gobernador en el 2007.
“El es cuidadoso e informado, pero Jeb Bush no tiene nada de liberal. Es un archiconservador”, dijo Dan Gelber, quien como líder demócrata en la Legislatura luchó constante aunque respetuosamente contra la mayor parte de la agenda de Bush. “El puede haberse mostrado moderado alguna que otra vez, pero aun entonces es probable que haya sido por puro accidente”.
Bush no fue sólo un gobernador republicano que tuvo éxito en el aspecto político. Como gobernador, fue un activista conservador que gustaba extremarse en sus medidas. Puede que los activistas conservadores en otras partes se diviertan en vilipendiar el nombre de Bush, pero en el mayor estado indeciso del país este Bush es el equivalente de un Milton Friedman o un Barry Goldwater en cuanto a la promoción del conservadurismo.
“(El) simple hecho de que él pudo proponer e implementar un cambio exhaustivo en el gobierno de Florida durante sus dos mandatos sigue siendo un logro notable en el gobierno de los estados. Es además un logro notable para el movimiento conservador, porque Bush mostró que los conservadores podían ir más allá de los recortes de impuestos; ellos podían además hacer cambios fundamentales al gobierno”, escribe el politólogo de la Universidad del Norte de la Florida Matthew Corrigan en su nuevo libro, Conservative Hurricane: How Jeb Bush Remade Florida (Huracán conservador: de cómo Jeb Bush rehizo la Florida).
Aun así, Bush, de 61 años, podría ser demasiado moderado para ganarse a los votantes primarios actuales del Partido Republicano.
El mismo Bush lo admitió la semana pasada cuando sugirió que es probable que un candidato presidencial republicano exitoso tendrá que ganarse enemigos en gran parte de la base del partido, o sea, “perder las primarias para ganar las generales”.
Eso se debe a que Jeb Bush, sea o no en el fondo más bien un republicano a lo Reagan que un republicano a lo George W. Bush, tiene posiciones con respecto a la reforma de inmigración y a la educación que son tóxicas para una primaria republicana.
Cuando Bush gobernaba Florida de 1999 al 2007, la reforma de inmigración era un tema menor tanto aquí como a nivel nacional.
El mundo ha cambiado. Mitt Romney ayudó a destruir la candidatura del gobernador de Texas Rick Perry acusándolo de ser blando con los inmigrantes indocumentados, y Marco Rubio está todavía tratando de recuperarse tras haber apoyado un camino a la ciudadanía para los mismos en el Senado.
De la misma manera, cuando el gobernador Bush estaba a la vanguardia de un movimiento por aumentar la rendición de cuentas en la educación — así como los vales para las escuelas privadas — prácticamente todas las figuras políticas conservadoras estaban en la misma página.
En la actualidad, los estándares educativos Common Core adoptados por más de 40 estados son denigrados por la mayoría de los activistas republicanos, así como por ex partidarios de Common Core que están considerando postularse a la presidencia, tales como Rubio y el gobernador de Louisiana Bobby Jindal.
Se espera que Bush tome una decisión sobre si se postulará o no en las próximas semanas, pero él se ve como un candidato y suena como uno. Y, por extraño que parezca a los que saben perfectamente que él no es moderado, asumir ese papel podría ser la vía adecuada para ganar la nominación.
Con tantos otros potenciales y formidables candidatos conservadores — el gobernador de Wisconsin Scott Walker, el senador de Kentucky Rand Paul, el senador de Texas Ted Cruz y Perry, para nombras sólo algunos — hacer campaña como un pragmático competente dispuesto a “perder las primarias”, por decirlo así, podría triunfar.
“Si hay numerosas personas en las primarias, no se necesita el 51 por ciento para ganar”, señaló el ex senador estatal del condado Pinellas Dennis Jones, quien era una especie en peligro de extinción, un republicano moderado, luego que Bush tomó el poder en el Partido Republicano de la Florida, y a menudo tuvo encontronazos con él.
Jones, sin embargo, tiene la esperanza de que Bush se postule.
“Jeb era ciertamente mucho más conservador que yo, pero yo lo conozco como un pensador fuerte, y siempre lo respeté por el hecho de que nunca necesitó una encuesta que le dijera qué posición asumir y uno no tenía que preocuparse de que él mantuviera esa posición”, dijo Jones. “Cuando él proponía un plan, se subía las mangas y se ponía a trabajar con la gente para asegurarse de que tuviera éxito”.
Pero incluso la autenticidad de Bush como conservador fiscal está siendo atacada porque se ha negado a comprometerse a nunca aumentar los impuestos bajo ninguna circunstancia.
Los ocho republicanos que se postularon a la nominación republicana del 2012 dijeron que se opondrían a todo aumento de impuestos aun si fuera parte de un paquete de reducción de déficit que incluyera 10 partes de recortes de gastos por cada $1 en aumentos de impuestos. En una audiencia congresual en el 2012, Jeb Bush estuvo en desacuerdo.
“Si me dicen que la mayoría de la gente apoya que tengamos $10 en recortes de gastos por cada $1 de aumento de impuestos, pues cuenten conmigo”, dijo Bush, quien explicó asimismo porqué nunca firmó un compromiso de Americans for Tax Reform (Estadounidenses por la Reforma de Impuestos) de nunca aumentar los impuestos.
“Los republicanos estaban todos asegurando que no aumentarían los impuestos, y él era un tipo de la Florida, un ex político venido a menos de la Florida que no estaba comprometido en esa pelea... y él saltó y dijo: ‘Yo aumentaría los impuestos’. O eres parte del equipo y quieres ser líder del equipo, o quieres ser otra cosa. Su padre decidió ser otra cosa”, dijo Grover Norquist de Americans for Tax Reform la semana pasada al Wall Street Journal, refiriéndose a la promesa rota de George H.W. Bush de “no imponer nuevos impuestos”.
Sí, es indiscutible que los tiempos han cambiado.
A fines del 2006, Norquist declaró al Palm Beach Post que Jeb Bush era el mejor gobernador de Estados Unidos: “El debería cambiarse de nombre y postularse a la presidencia”.
Escriba al editor político del Tampa Bay Times Adam C. Smith a asmith@tampabay.com.
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Esta historia fue publicada originalmente el 6 de diciembre de 2014, 10:06 p. m. with the headline "Jeb Bush, un conservador mal clasificado dentro de su propio partido."