Muñecos tradicionales cubanos en Miami
Charles Chaplin comparte escena con Celia Cruz. A la izquierda de la guarachera de Cuba, el ingenioso hidalgo Don Quijote de la Mancha luce su armadura. Abajo, una bruja de traje negro se roba la atención de una mujer. Los detalles de su sombrero de ala ancha (de la bruja, no de la mujer) solo son opacados por las flores que adornan el pelo de Frida Kahlo.
La escena, que parece sacada de un cuento infantil, se desarrolla en Miami. En un stand de la Feria de las Américas y Expo Nica USA, que se celebró el fin de semana en el Tamiami Park, decenas de muñecos hechos a mano llamaron la atención de los asistentes.
“Lo hacemos todo a mano. La carita, con un molde al que se le pone una capa de grasa, y después tiras de papel maché, le echas un engrudo de harina de castilla, bien blandita, como un almidón”, dice Ana María Medina, de la empresa de muñecos artesanales MediSantana, señalando las facciones de uno de sus muñecos.
Ana María llegó hace una semana de Cuba, haciendo uso de la visa que por cinco años le concedió el Departamento de Estado, y con el beneplácito de las autoridades de la isla. Junto a su esposo montó uno de los pocos stands de artesanías cubanas en la feria, comúnmente dominada por artículos nicaragüenses.
“Expo Nica Internacional cambió y por eso usamos el nombre de Feria de las Américas. Ahora se encuentran artesanías de cada país de Centroamérica, México y El Caribe. Y por primera vez, de Cuba”, dijo Eduardo Arroyo, director ejecutivo de la Feria, en entrevista con el Nuevo Herald.
Adentro del recinto ferial, casi en una esquina y alejada de los espectáculos musicales y las muestras gastronómicas, Ana María acomoda con cuidado sus muñecos, ante la mirada curiosa de los primeros visitantes.
“Este señorito de Cuba es Elpidio Valdés”, dice, poniéndose con cuidado una marioneta en la mano derecha. “El autor del muñequito es una persona muy importante, a la que no le importa que lo reproduzcan, siempre y cuando no le cambiemos nada”.
Elpidio es un personaje ficticio de historietas y dibujos animados, popularizado en Cuba en la década de los 70 por su creador, el cineasta y escritor Juan Padrón. La marioneta es la representación de un cubano con sombrero, camisa blanca y una pañoleta roja en el cuello.
Elpidio es el personaje que usa Medina para describir su labor y el arte de su familia, por medio de una poesía infantil de su autoría. Se acomoda en medio del stand, rodeada de muñecos. Se aclara la garganta, toma aire y señala hacia su mano derecha levantada, donde sujeta al muñeco.
“Yo soy Elpidio Valdés,
también recuperador,
pero todos me conocen
por radio y televisión
Pero ahora mi objetivo
es poderles explicar
con todos los materiales
que me pudieron crear
Una amalgama de engrudo,
con papeles de algún cesto
formaron mi cabecita
incluyendo este sombrero
Con amor, unas manitas
como a Pinocho me dieron
forma, desde el contenido
De materiales desechos
Mi uniforme de Mambí,
de un pedazo de camisa
de tu uniforme viejo
Y el cuello que giro así,
cuando tú mueves los dedos,
es un tubo ya vacío
de esos de papel higiénico
“¿Sí les gustó? Dije recuperador, porque recupera materias primas. Yo la escribí, para explicarles a lo niños cómo hacíamos los muñecos cuando empezamos nuestra labor”, agrega.
Medina recuerda que hace años tenían varios talleres en La Habana, en donde se reunían con hijos de personalidades de la capital en el Hotel Mesón de la Flota, para contarles historias y juegos. Hoy en día, lleva sus muñecos a varios países.
“¿Cuánto vale la bruja?”, le pregunta una mujer.
Ana María acuerda un precio con Rolando Medina, quien junto al artista Abel Santamaría le dan nombre a la empresa de artesanías en papel maché: MediSanta.
“La bruja vale $40. Celia no la vendo, porque es la única que trajimos y es la que más nos piden. Tal vez al final del evento la rifemos o la subastemos al mejor postor”, dice Ana María, subiendo a una mesa para bajar la muñeca de Celia Cruz, una de las más grandes de su muestra, envuelta en un manto con la bandera de Cuba.
Después de terminar la transacción reacomoda los muñecos con cuidado y vuelve a subirse a la mesa, ante la mirada nerviosa de los presentes.
“No se preocupen, que no me voy a caer”, dice, rechazando amablemente las manos que le ofrecen ayuda. “Tengo 60 años pero parezco una cirquera. ¡Malabares he tenido que hacer yo acá!”.
Esta historia fue publicada originalmente el 8 de noviembre de 2015, 4:55 p. m. with the headline "Muñecos tradicionales cubanos en Miami."