La sombra del St. Louis alcanza a los refugiados sirios
Con el tiempo llegaría a conocerse en los anales del dolor y la infamia como el “Viaje de los Condenados”. Setenta y seis años atrás, un barco trasatlántico que transportaba a más de 900 refugiados judíos huyendo de la Alemania de Adolfo Hitler flotó a la deriva durante 72 horas a apenas un par de millas de las costas de la Florida mientras los líderes judíos en Washington suplicaban desesperados al presidente Franklin Roosevelt que dejara entrar a los pasajeros en Estados Unidos. “Tan cerca, pero tan lejos”, murmuró una pasajera a su esposo mientras miraban el tráfico pasar en Miami Beach.
Y estaba aún más lejos de lo que podía imaginarse. Roosevelt dijo que no, y el SS St. Louis navegó de regreso a Europa, donde faltaban apenas semanas para la Segunda Guerra Mundial. Muchos de los pasajeros cayeron de nuevo en manos de los mismos nazis de quienes habían tratado de escapar. Alrededor de 250 de ellos no sobrevivieron la guerra.
La decisión de enviar de vuelta el St. Louis fue un momento de grotesca fealdad en la historia de Estados Unidos, y por este el Congreso y el Departamento de Estado acabarían por pedir perdón. Ahora los gobernadores de 26 estados están urgiendo al presidente Barack Obama a que rechace a otro grupo de refugiados, 10,000 personas que huyen de la guerra civil en Siria. De modo que hay que preguntarse: ¿es este otro momento como el del St. Louis?
“No, en absoluto”, declara Herbert Karliner, panadero retirado de Aventura que estaba a bordo del St. Louis el día que Estados Unidos lo envió de vuelta, y perdió a la mayor parte de su familia como consecuencia. “No se puede comparar esto con el St. Louis, en absoluto… Nadie dudaba de quiénes éramos, personas que estábamos tratando de escapar de Hitler. Pero esta gente de Siria, me temo que algunos de ellos podrían ser problemáticos”.
Mil millas hacia el norte, en Neptune, Nueva Jersey, una ex compañera de barco de Karliner, la analista de presupuesto retirada del Departamento de Defensa Eva Weiner no está de acuerdo, al menos no completamente. “Las situaciones son comparables”, dijo. “No obstante, esta es una época diferente. Yo no diría que les nieguen entrada a todos, pero tenemos que tener cuidado… Una afirmación general lo mismo a favor que en contra es algo completamente equivocado, me parece”.
Nadie dudaba de quiénes éramos, personas que estábamos tratando de escapar de Hitler. Pero esta gente de Siria, me temo que algunos de ellos podrían ser problemáticos
Herbert Karliner
sobreviviente del St. LouisEl St. Louis se ha convertido en una piedra de toque retórica en el encarnizado debate sobre los refugiados sirios, el cual estalló luego de los sanguinarios ataques del 13 de noviembre en París por parte de terroristas musulmanes. Críticos del plan de Obama para traerlos a Estados Unidos afirman que el estatus de refugiado podría ser usado fácilmente para enmascarar células terroristas latentes.
Como prueba, ellos mencionan el hecho de que al parecer por lo menos uno de los terroristas de París llevaba consigo un pasaporte sirio falso usado por un refugiado para entrar a Grecia en octubre. Todavía se desconoce si el terrorista fue el hombre que usó el pasaporte o si se trata sólo de una pista falsa para confundir a las autoridades.
Pero los partidarios de la política de Obama alegan que negar entrada a los refugiados es una pasmosa e imperdonable repetición de la cruel decisión de enviar a sus tumbas a tantos pasajeros del St. Louis. “Parece que el huérfano sirio de 3 años de hoy es el niño judío alemán de 1939”, escribió un columnista del Washington Post la semana pasada.
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Entre los sobrevivientes del St. Louis y los estudiosos que han investigado el incidente, las opiniones difieren en cuanto a establecer paralelismos entre el mundo de 1939 y el del 2015. Pero incluso aquellos que ven las semejanzas entre ambos alegan que hay diferencias importantes.
“La situación es muy clara en el caso de Alemania”, dice Robert Krakow, director ejecutivo del Proyecto de Legado del SS St. Louis (SS St. Louis Legacy Project), radicado en Boca Raton. “Los nazis están persiguiendo a los judíos para matarlos o encarcelarlos. En el caso de los refugiados sirios, es más borroso, porque no sabemos, persona por persona, quién está de parte de quién… La división en facciones internas de esa área del mundo es casi imposible de definir.
“De modo que las divisiones son borrosas. Pero en lo que sí coinciden es en el sufrimiento humano”.
El St. Louis salió de Hamburgo, Alemania, el 13 de mayo de 1939 con destino a Cuba. Muchos de ellos habían decidido escapar de Alemania tras la noche de motines nazis conocida como la Noche de los Cristales Rotos (Kristallnacht) por todos los vidrios que se rompieron en las tiendas y las casas de los judíos.
En el caso de los refugiados sirios, es más borroso, porque no sabemos, persona por persona, quién está de parte de quién… La división en facciones internas de esa parte del mundo es casi imposible de definir
Robert Krakow
director ejecutivo del Proyecto de Legado del SS St. LouisMiles de hombres judíos –incluyendo a los padres de Karliner y Weiner– habían sido detenidos tras la Noche de los Cristales Rotos y enviados a campos de concentración. Fueron puestos en libertad solamente bajo la promesa de abandonar Alemania en un plazo de seis meses, algo que no era fácil en un mundo en que el alto desempleo de la Gran Depresión –que persistía aún en 1939– había provocado operaciones casi universales contra la inmigración.
Cuba, donde los funcionarios públicos estaban haciendo una fortuna vendiendo documentos migratorios, era una excepción. Pero para cuando el navío llegó dos semanas más tarde, el país estaba sacudido por un escándalo de corrupción –instigado en parte, según descubrirían más tarde investigadores, por agentes de la inteligencia alemana en La Habana– y el gobierno sólo permitió desembarcar a alrededor de dos docenas de pasajeros, incluyendo a uno que había intentado suicidarse.
Los demás permanecieron a bordo para el malogrado viaje a la Florida. Cuando primero Estados Unidos y luego Canadá los rechazaron, y el barco regresó a Europa, algunos de ellos llevaron a cabo un intento de motín, breve y de mala gana, y muchos otros hicieron un pacto suicida. Sólo cedieron cuando el comprensivo capitán del navío, Gustav Schröder, les prometió que primero hundiría el barco en aguas británicas antes que devolverlos a Alemania.
La cosa no llegó tan lejos. Gran Bretaña acordó finalmente recibir alrededor de la mitad de los pasajeros, y Francia, los Países Bajos y Bélgica recibieron al resto. Como Hitler nunca invadió Gran Bretaña, todos los pasajeros que desembarcaron allí sobrevivieron, pero la tasa de muerte en Francia fue alta, y en Bélgica y los Países Bajos se acercó al 100 por ciento.
“Si no hubiéramos tenido suerte y no nos hubieran enviado a Inglaterra, no estaríamos hablando usted y yo ahora”, dijo Weiner, de 76 años.
Rechazados por ser judíos
La mayor diferencia entre los pasajeros del St. Louis hace casi ocho décadas y los refugiados sirios de hoy, evidentemente, es que los pasajeros del St. Louis no fueron rechazados porque alguien sospechara que fueran espías y saboteadores secretos nazis, sino porque eran judíos.
“Una encuesta tras otra en ese momento mostró que el 40 por ciento del público estadounidense tenía actitudes antisemitas”, afirma Stuart E. Eizenstat, quien ocupó altos cargos políticos en las administraciones de Carter y Clinton y es ahora el asesor especial de Obama en asuntos relacionados con el Holocausto. “Estados Unidos no era como es ahora. Muchas universidades, y muchas profesiones, tenían cuotas de judíos asignadas para limitar sus números. Los judíos no eran populares, y eso fue un factor que influyó en la decisión de Roosevelt”.
Weiner agrega: “Nadie a bordo del St. Louis representaba una amenaza. Los pasajeros eran personas educadas, tenían mucho dinero –era un trasatlántico de lujo, ellos tenían que tener dinero para permitirse comprar los pasajes. No fueron rechazados porque iban a hacer daño a nadie”.
Otros refugiados más recientes
Eizenstat, quien ha estudiado minuciosamente la manera en que el gobierno de EEUU manejó el St. Louis, entiende la preocupación existente de que haya terroristas haciéndose pasar por refugiados. No obstante, considera que el problema puede resolverse, y citó dos oleadas mucho mayores de refugiados de regiones hostiles: los cientos de miles de vietnamitas que vinieron a Estados Unidos tras la victoria comunista en Vietnam del Sur en 1975, y los más de 100,000 cubanos que acudieron durante el éxodo del Mariel en 1980.
“En ambos casos, establecimos centros de selección y eliminamos a aquellas personas que podían ser espías o agentes de sus gobiernos”, dijo. “En el caso de los vietnamitas, en particular, los norvietnamitas y el Viet Cong eran serios, duros… bueno, entonces no usábamos la palabra terroristas, pero eso es lo que eran. Pero no los dejamos entrar. Podemos hacer eso también con los sirios. Tengo confianza en el FBI y CIA y Seguridad Nacional”.
“Nos preocupamos de eso porque nos pagaban para preocuparnos de eso”, afirma Raymond Batvinis, ex agente del FBI que participó en la selección del Mariel, quien ahora es profesor de la Universidad George Washington y ha escrito dos libros sobre las operaciones de contrainteligencia del FBI. “Hubo algunas personas de las que teníamos sospechas seguras. Pero al final, que yo sepa, nunca encontramos a nadie que fuera un espía de Castro”.
Batvinis, sin embargo, considera que preocuparse sobre espías o terroristas haciéndose pasar por refugiados es muy prudente. Y, si no había espías entre los pasajeros del St. Louis, añade, probablemente no fue porque los nazis no lo intentaran. “Ellos usaron ciertamente refugiados para espiar en Estados Unidos”, dice. “Por lo menos cuatro refugiados alemanes –dos de ellos judíos– se entregaron al FBI en cuanto llegaron y confesaron que los habían coaccionado para que trabajaran para los nazis. Un quinto, que no se entregó, fue descubierto, hallado culpable y enviado a la cárcel.
Hubo algunas personas de las que teníamos sospechas seguras. Pero al final, que yo sepa, nunca encontramos a nadie que fuera un espía de Castro
Raymond Batvinis
ex agente del FBILa posibilidad de agentes terroristas latentes no es la única diferencia que los sobrevivientes del St. Louis ven entre ellos y los sirios. Aunque Alemania estaba cambiando rápidamente bajo Hitler, afirman, los refugiados que huían del país eran fundamentalmente productos de la democracia occidental. Los sirios no lo son, y ellos no quieren seguir las reglas del liberalismo occidental, sino cambiarlas.
“Cuando llegué aquí, tras el fin de la guerra, tenía $5 en el bolsillo”, cuenta Karliner, de 89 años. “Conseguí trabajo, aprendí el idioma, y, sobre todo, quise ser un buen ciudadano estadounidense. Fui movilizado y enviado a Corea, y no me gustó mucho, pero yo sabía que tenía que cumplir con mi deber como todo el mundo.
“Estados Unidos fue creado por refugiados, que vinieron y trabajaron duro. Pero no estoy muy seguro con respecto a estos refugiados de países musulmanes. Dondequiera que van ha habido problemas. Bombas en España, bombas en Inglaterra, bombas en Francia. No son todos, ya lo sé. Pero vamos a tener problemas con algunos de ellos”.
Esta historia fue publicada originalmente el 23 de noviembre de 2015, 2:32 p. m. with the headline "La sombra del St. Louis alcanza a los refugiados sirios."