Menor guatemalteco, que entró por la frontera, ya es residente
Brady Abel Cano Gamarro se ve como cualquier otro adolescente del sur de la Florida que asiste a la escuela secundaria.
Tiene pelo castaño rizado, una sonrisa fácil y habla con firmeza y autoridad que le da la apariencia de tener una edad más allá de sus 18 años.
Pero Cano no es ningún joven típico.
Es uno de los miles de jóvenes centroamericanos que siguen llegando sin sus padres por la frontera mexicana.
Cano hizo el viaje por tierra desde Guatemala hasta la frontera con Estados Unidos el año pasado, a pesar de un defecto de nacimiento que le dejó el pie derecho torcido hacia un lado. Tenía 16 años cuando comenzó su periplo.
“Viajé en autobús”, Cano recordó durante una entrevista en la oficina de su abogado en Coral Gables la semana pasada. “Crucé México en autobús, y una parte en tren, hasta que logré llegar a la frontera con Estados Unidos”.
Cano cruzó el Río Bravo con un grupo de otros menores centroamericanos a bordo de una balsa de goma, una tarde del año pasado. Poco después el grupo se dirigió al lado estadounidense, donde agentes de la Patrulla Fronteriza los detuvieron.
De esta manera Cano se sumó a las filas de menores centroamericanos que huyen de la violencia de pandillas y el empeoramiento de las condiciones económicas en Guatemala, El Salvador y Honduras.
Mientras que menos de 7,000 niños sin sus padres cruzaron la frontera anualmente entre el 2004 y el 2011, el número se disparó a más de 13,000 en el 2012 y a más de 24,000 en el 2013, según un informe publicado por la Conferencia Estadounidense de Obispos Católicos (USCCB).
Más de 51,000 niños sin sus padres, todos oriundos de Guatemala, Honduras y El Salvador, cruzaron la frontera en el 2014.
El número se redujo drásticamente en el 2015, cuando menos de 29,000 menores de los tres países se cruzaron en el 2015.
En lo que va del año fiscal 2016, que comenzó el 1ro de octubre del 2015, el número de menores es un poco menos de 4,000, según cifras oficiales – aunque el diario The New York Times informó el mes pasado que el número de inmigrantes que cruzan el río Bravo ilegalmente “ha aumentado considerablemente en las últimas semanas, reproduciendo escenas de la afluencia de menores y familias centroamericanas el año pasado”.
En el caso de Cano, este finalmente se reubicó en Miami Beach porque una tía vive allí.
Ella lo llevó a ver a Eduardo Soto, abogado de inmigración en Coral Gables, que representó al joven de forma gratuita y, recientemente, le consiguió una tarjeta verde de residencia permanente.
Soto demostró primero ante la corte juvenil del estado que Cano había sido abandonado, maltratado o descuidado por su familia y de esta manera obtuvo una orden de dependencia de parte de un juez.
Cuando los menores de edad son declarados por una corte como dependientes, el tribunal asume la jurisdicción sobre ellos y por ende reúnen los requisitos para solicitar la residencia permanente por parte del servicio de inmigración.
Cano dice que no tiene contacto con sus padres, pero no dio detalles sobre su situación familiar.
“Cuando conocí al joven, y me percaté de sus necesidades especiales, que obviamente demostró el coraje de venir a este país, sentí que merecía una oportunidad y decidí darle esa oportunidad”, dijo Soto en una entrevista en su oficina la semana pasada.
Cano, oriundo del departamento del Quiché, en el occidente de Guatemala, dijo que huyó de su país a Estados Unidos porque quería un nuevo comienzo para su vida.
“Gracias a Dios ahora tengo mi residencia y estoy feliz”, dijo Cano. “Después de todo lo que he pasado, estoy feliz. Sufrí hambre, estuve días sin dormir, y arriesgué mi vida en el camino, porque México es un país muy violento”.
Muchos inmigrantes han sido secuestrados o asesinados por bandas armadas en México mientras se dirigían a la frontera con Estados Unidos.
Cano dijo que no experimentó ninguna violencia mientras estuvo en México.
“Afortunadamente, no pasó nada”, dijo Cano. “Tuve un viaje muy complicado, pero muy interesante y bonito”.
Dijo que después que agentes de la Patrulla Fronteriza lo detuvieron a él y a los demás miembros de su grupo, fueron trasladados a varios centros de detención cerca de la frontera.
Finalmente, Cano fue puesto en libertad y se le permitió reunirse con su tía, que lo llevó a Miami Beach.
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Esta historia fue publicada originalmente el 13 de diciembre de 2015, 6:51 p. m. with the headline "Menor guatemalteco, que entró por la frontera, ya es residente."