Sur de la Florida

Jeb Bush no estaba preparado para el fenómeno Trump

Jeb Bush, precandidato republicano a la presidencia de Estados Unidos, durante un acto de campaña en Manchester, New Hampshire, el 8 de diciembre.
Jeb Bush, precandidato republicano a la presidencia de Estados Unidos, durante un acto de campaña en Manchester, New Hampshire, el 8 de diciembre. / Associated Press

Jeb Bush lleva un año haciendo campaña por la nominación republicana para las próximas elecciones presidenciales, recorriendo el país para recaudar fondos de campaña, contratar personal, responder a preguntas de los electores y prometer, una y otra vez, que les va a “mostrar su corazón” para ganarse al electorado republicano.

Pero a pesar de esas promesas, no tiene mucho que mostrar.

Bush anunció en Facebook el 16 de diciembre del año pasado que estudiaría la posibilidad de postularse a las elecciones del 2016.

Un año después, Bush se acerca al debate de las primarias republicanas el martes por la noche en quinto lugar en muchas encuestas nacionales, una baja que comenzó en julio, sólo un mes después de lanzar oficialmente su candidatura. Los millones gastados a su nombre en publicidad política —unos $45 millones, según el supercomité político Right to Rise USA, mucho más que cualquier otro candidato— pueden haber aliviado una baja más pronunciada, pero no han impulsado sus cifras.

La verdadera fuerza es la que ha mostrado Donald Trump, quien se incorporó a la campaña un día después que Bush.

Los republicanos no comenzarán a tomar decisiones hasta los concilios en Iowa el 1 de febrero, que la campaña de Bush nunca ha esperado ganar. Los electores de New Hampshire, quienes votan el 9 de febrero, tienden a decidirse a última hora, de manera que la campaña de Bush insiste en que todavía tiene tiempo para mejorar en las encuestas.

Pero hace un mes, Bush dijo en privado a donantes políticos que la popularidad de Trump ya estaría en decline para el 15 de diciembre. Se equivocó. Una encuesta nacional de la Universidad Monmouth dada a conocer el lunes muestra que el magnate inmobiliario tiene su mayor apoyo hasta el momento, 27 puntos porcentuales por encima de su competidor más cercano, el senador Ted Cruz, a quien supera 41 a 14 por ciento.

¿Y Bush? Tres por ciento. Y el ex gobernador de la Florida muestra cifras sólo ligeramente mejores en encuestas por estado.

Su campaña dice que la culpa es del efecto Trump.

“No creo que nadie esperaba que alguien con el historial liberal de Donald Trump liderara a los republicanos en diciembre”, dijo el lunes Tim Miller, portavoz de Bush. “Dicho eso, Jeb sabía desde el principio que iba a ser una campaña difícil. Sabía que tenía que ganarse la nominación”.

“Pero sigue trabajando más duro que nadie en el terreno”, agregó Miller. “Y dentro de siete u ocho semanas, cuando los electores comiencen a decidirse por un comandante en jefe para liderar el país en momentos difíciles, dado el historial de Jeb y su plan de atacar al grupo Estado Islámico, está en una buena posición”.

Pero Bush ha tenido problemas propios, según una media docena de expertos políticos entrevistados por el Miami Herald. Antes que Trump siquiera se postulara, a Bush le tomó mucho tiempo distanciarse de su hermano el presidente George Bush en lo relativo a la guerra en Irak, a pesar de saber que la pregunta era inevitable. Y creó una operación de campaña tan grande y costosa que el gerente Danny Díaz, quien se incorporó más tarde, fue obligado a reducir significativamente el personal.

En una ocasión al final del verano, Trump dijo que a Bush “la faltaba energía”, a pesar de la apretada agenda de presentaciones de campaña. Y a Bush le costó trabajo responder.

“Trump lo superó ampliamente”, dijo Darío Moreno, encuestador de la Universidad Internacional de la Florida que apoya a Rubio. Moreno señaló el fracaso de Bush en aprovechar las pocas semanas en que pareció que la campaña republicana se decidiría entre Trump y Bush.

Los mejores momentos de la candidatura de Bush fueron al principio. Para finales de enero ya había mostrado alguna fuerza, y tenía el personal y los asesores suficientes para impedir que Mitt Romney se postulara de nuevo. En febrero, logró mantenerse a la cabeza frene a una audiencia hostil, en la conferencia del Comité de Acción Política Conservadora en Maryland.

Su mejor día, concuerdan unánimemente los entrevistados para este reportaje, fue el discurso de lanzamiento de su campaña, pronunciado con fuerza frene a un auditorio repleto el 15 de junio en el reciento de Kendall del Miami Dade College. El lugar vibraba con acento hispano, música en vivo y oradores que hablaron en español (lo que ayudó a minimizar una interrupción de activistas a favor de los inmigrantes indocumentados). Bush había ensayado y se le notó.

Algunos asistentes de Bush reconocen en privado que el candidato, quien aspiró a un cargo público por última vez en el 2002, y su campaña, no estaban preparados para el fenómeno Trump.

Sin embargo, todo eso importó poco a un grupo de debate republicano integrado por partidarios actuales y pasados de Trump organizado por el encuestador Frank Luntz la semana pasada en Alexandria, Virginia.

El propio Luntz se olvidó de mencionar a Bush como alternativa a Trump. Cuando el grupo se dio cuenta de la omisión, Luntz preguntó cuantos de los 28 electores escogería a Bush como su segunda opción.

“Ninguno”, dijo, nadie levantó la mano.

Esta historia fue publicada originalmente el 14 de diciembre de 2015, 9:10 p. m. with the headline "Jeb Bush no estaba preparado para el fenómeno Trump."

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