Sur de la Florida

De las pandillas a Dios, una mano tendida a los jóvenes en riesgo


Miguel Mendez, derecha, ex miembro de las pandillas de Miami, es ahora director de Second Chance Youth Outreach
Miguel Mendez, derecha, ex miembro de las pandillas de Miami, es ahora director de Second Chance Youth Outreach Miami Herald

Para ambos fue una segunda oportunidad.

Cuando Miguel Méndez, ex jefe de una pandilla de Miami, subió al estrado de madera, los ojos le brillaban de gozo mientras agarraba el micrófono. El presentó a José González, de 7 años, quien pronto lo ayudaría a rifar una de siete bicicletas donadas en su segunda campaña de donación de juguetes Second Chance Youth Outreach (Difusión Juvenil para una Segunda Oportunidad) el sábado.

José sonrió cuando le dieron la bicicleta verde limón para que la entregara.

“Dios me dio una segunda oportunidad, y Dios también dio a José una segunda oportunidad, al curarlo de su cáncer, un cáncer que él sufrió toda su vida”, dijo Méndez, con las manos en alto. “Aleluya”.

Méndez, de 40 años, es fundador de Second Chance Youth Outreach, una agencia religiosa sin ánimo de lucro que se propone “brindar alojamiento de apoyo para jóvenes con problemas que estén camino de la destrucción”.

Méndez es además un ex jefe de pandilla. Como hombre con un pasado tormentoso ve esto como una oportunidad para triunfar.

“Yo y muchos de los miembros de mi equipo venimos de un pasado similar, de modo que usamos nuestro conocimiento y nuestras experiencias para ayudar a las familias que están pasando trabajo”, afirmó Méndez. “Tenemos la esperanza de que al ofrecer nuestro apoyo y nuestros recursos brinde una segunda oportunidad a las familias”.

Su organización, conjuntamente con su iglesia de Medley, Cathedral of Faith (Catedral de la Fe), celebraron su campaña anual de donación de juguetes el 20 de diciembre en Hialeah. Ellos se asociaron con otras iglesias del área, así como con miembros de la policía del Doral, la policía de Miami Beach, la de Hialeah, el Departamento de Bomberos de Hialeah y la Reserva del Ejército.

Más de 150 muchachos asistieron al evento, donde policías y ex pandilleros entregaron juguetes.

Mario Forte, pastor de Cathedral of Faith, era reclutador de la pandilla rival de la de Méndez rival en la década de los 80. Ahora Forte es el guía del ministerio de Méndez.

“Es una combinación extraña, ya sé, pero a veces estas historias del pasado se unen y pasan cosas hermosas”, dijo el sargento de la policía del Doral Enrique Mulet, quien va también a la iglesia de Medley.

Ambos hombres se formaron en la misma cultura de la cual están tratando de salvar a los jóvenes.

Pero el adicto a la cocaína convertido ahora en pastor no se avergüenza de su pasado. Forte, de 47 años, afirmó que eso le ha dado fuerzas para llegar a la gente de algunos de los barrios más pobres de Miami-Dade por casi tres décadas.

En la década de 1990, él guió a docenas de personas en un círculo frente a un viejo almacén de Allapattah, para “predicar la verdad”. Otras veces, sus tácticas de prédica incluyeron juegos de ping pong y football en su almacén, que él convirtió en refugio. Allí, brindó una salida necesaria a aquellos que estaban buscando un modo de alejarse de las drogas y la vida de las pandillas, un lugar de reunión donde pueden salir de la calle y encontrar amigos, leer la Biblia o aprender destrezas de búsqueda de empleo.

“Nuestro ministerio empezó a la medianoche”, dijo.

El método de Forte de llegar a los jóvenes pandilleros fue muy controversial, ya que él trataba de llegar a un público al que la mayor parte de las iglesias no consiguen llegar. El conocía sus saludos y símbolos, y los respetaba, lo cual le dio la credibilidad que necesitaba para discutir con ellos la vida de crimen, drogas y violencia en la cual estaban atrapados.

La policía se inmiscuyó, advirtiendo al joven predicador que sus métodos eran peligrosos. Pero Forte se negó a dejar de predicar a los pandilleros. Cuando la policía empezó a hacer redadas en sus reuniones, él cambió sus tácticas, y empezó a rotar el lugar donde se reunían sus grupos de fe.

El ministerio, que tanto trabajo pasó, es ahora una espléndida casa de oración en Medley, la mayoría de cuyos miembros fueron reclutados personalmente por Forte.

“Ellos pasaron de las pandillas a Dios”, dijo Forte, sonriendo y recordando su propia travesía personal.

Forte huyó de su casa de La Pequeña Habana a los 10 años, y sólo regresó cuando la policía lo trajo de vuelta. Seis meses después, trató de huir de nuevo, esta vez con $3,000 de los ahorros de sus padres. Su padre lo atrapó en la parada del bus antes de que pudiera escaparse.

A los 12 años, Forte entró por primera vez a una pandilla en Hialeah. La pandilla era un grupo mayormente hispano que vendían drogas, robaban dinero y casas, y se repartían el botín entre ellos.

Pero cuando cumplió los 16 años, la vida de pandillero perdió su atractivo. Aunque para entonces servía de reclutador a la pandilla, Forte fue víctima de otros miembros que le robaron su parte de un atraco de $12,000.

“Yo vi la traición“, afirma Forte, quien nunca ha revelado el nombre de la pandilla de Hialeah por miedo a represalias. “Eso me hizo ver que yo estaba metido en algo que no era real”.

Alienado de su familia, y sin una guía espiritual, Forte recurrió a las drogas y desarrolló un hábito diario de cocaína. Entonces su novia –que es ahora su esposa– le rogó que cambiara su estilo de vida, y lo animó a que en lugar de eso se hiciera cristiano como ella.

“Yo estaba demasiado perdido”, dice Forte. “Pero recé de todas maneras”.

“Dios, si pudieras ayudarme a cambiar”, rezó, “te prometo que le hablaré de ti a los jóvenes”.

Y así lo hizo. Y lo sigue haciendo, tres décadas más tarde.

En la actualidad, Forte colabora estrechamente con Méndez, y lo ayuda con su Second Chance Youth Outreach. Una de sus iniciativas es “educar a los padres para que estén al tanto de las realidades de la cultura adolescente actual, y lo que les toca enfrentar”, de acuerdo con Méndez.

“Por medio de dramatizaciones en vivo y en video, literatura relacionada con el abuso de sustancias, el embarazo y los problemas de los jóvenes, nuestro objetivo es educar a todos los padres que asisten a nuestras clases para que salgan con nuevo ánimo y sean capaces de ayudar a sus hijos”, afirmó.

El agregó que “muchos de nuestros jóvenes que vienen con historiales difíciles carecen de la guía necesaria para triunfar en sus vidas. Nosotros estamos trabajando en nuestra primera meta, que es brindarles un centro donde adolescentes y preadolescentes puedan recibir nuevo ánimo. Ofreciéndoles programas de mentores, actividades extracurriculares y eventos educativos en el centro podremos motivar a nuestros muchachos y sacarlos de la calle”.

En Nochebuena, alguien donó inesperadamente ocho bicicletas más a Méndez.

“El me trajo otras ocho y me dijo que encontrara ocho muchachos a quién dárselas”, dijo, lleno de entusiasmo.

Fue ahí que Méndez supo quién recibiría una: José, el pequeño de 7 años.

“Como él no se ganó una el sábado, pero me ayudó a rifarlas, yo sé que él se pondrá muy contento”, dijo Méndez del pequeño sobreviviente de cáncer. “Estoy impaciente por verlo sonreir”.

De modo que él se montó en su auto para hacer su entrega especial.

Follow @MoniqueOMadan on Twitter.

Esta historia fue publicada originalmente el 28 de diciembre de 2014, 11:21 p. m. with the headline "De las pandillas a Dios, una mano tendida a los jóvenes en riesgo."

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