Exoneran a policías en muerte a tiros de choferes
Fiscales exoneraron a varios agentes de policías en tres casos separados en que abatieron a conductores, entre ellos un adolescente muerto a tiros después que embistió un SUV robado contra un auto patrullero en un mercado de pulgas del norte de Miami-Dade.
Los casos son parte de ocho en que policías mataron a tiros a individuos, todos exonerados por la Fiscalía Estatal de Miami-Dade, y los detalles de los hechos están en reportes obtenidos por el Miami Herald.
La publicación de los reportes ocurre en momentos de una mayor atención al comportamiento de la policía en todo el país. Enfrentamientos mortales contra la policía en ciudades como Chicago y Baltimore han provocado investigaciones, manifestaciones, agitación social y cargos contra los agentes.
“¿Estoy decepcionada de que no presentaron cargos? Sí. ¿Me sorprende eso? No”, dijo Alyssa Carulla, hermana de Jason Carulla, de 17 años, a quien varios policías de Coral Gables mataron a tiros en junio del 2014 después que embistió el SUV robado en que iba contra el auto patrullero de uno de los agentes. “[El caso de mi hermano] no recibió mucha atención de los medios noticiosos. No hubo manifestaciones”.
En el sur de la Florida, las controversias por casos de policías que disparan contra vehículos en movimiento son caldeadas desde hace años. Los casos más conocidos son los de agentes de Miami Beach y Hialeah que hirieron a peatones y mataron a un chofer que se lanzó a alta velocidad en medio de una concurrida calle de South Beach el 30 de mayo del 2011, durante las celebraciones por el Día de la Recordación de los Caídos. Eso provocó que la Policía de Miami Beach restringiera la autorización para disparar contra vehículos en movimiento, que desde hace tiempo estaba vigente en Miami.
El despacho de la fiscal estatal de Miami-Dade, Katherine Fernández Rundle, declinó encausar a ninguno de los agentes en ese caso. Y eso es lo normal.
Los policías en la Florida rara vez son encausados por disparar sus armas en el cumplimiento del deber, porque las leyes estatales les dan un amplio margen en el uso de la fuerza mortal, incluida la autorización para disparar contra “delincuentes que huyen” y que presumiblemente son un peligro para los demás.
Ningún policía de la Florida había sido acusado en este tipo de casos hasta el mes pasado, cuando un jurado del Condado Broward encausó a un agente por homicidio en la muerte a tiros de Jermaine McBean, quien se dirigía a su vivienda a pie desde una casa de empeños con un fusil de aire comprimido en las manos.
Antes de eso, el último agente de la Florida en ser encausado fue William Lozano, de la Policía de Miami, quien mató a tiros a un motociclista en 1989, lo que provocó motines raciales. Posteriormente fue declarado inocente de homicidio.
A diferencia de Broward, la Fiscalía Estatal de Miami-Dade no presenta a un jurado de instrucción los casos de policía que usan sus armas en el cumplimiento del deber, sino que un comité de fiscales revisa cada caso para determinar si el agente infringió alguna ley, y emite un memorando “cerrado” en que se detallan las pruebas.
Ese sistema ha provocado críticas por el tiempo que demoran las investigaciones, y con frecuencia, los casos demoran años en decidirse.
Respecto a Jason Carulla, los fiscales emitieron su memorando final hace unas semanas, en que indicaron que los policías de Coral Gables tuvieron “justificación legal” para matar al adolescente, que había huido de su familia y trató de escapar de la policía.
“Los vehículos en movimiento pueden ser armas mortales. Y después de 18 meses de investigaciones, la Fiscalía Estatal determinó que, aunque fue un hecho trágico, no infringió las leyes de la Florida”, dijo Ed Griffith, portavoz de la Fiscalía.
Carulla había tenido roces con la ley a lo largo de los años y estuvo bajo custodia del Departamento de Niños y Familias de la Florida. Hacía poco tiempo que se había escapado de su casa.
En junio del 2014, agentes de Coral Gables arrestaron a cinco jóvenes sospechosos de robar. Los detectives dijeron que se enteraron que Carulla iba a recoger un vehículo robado en el mercado de pulgas de la NW 79 St. y 30 Ave.
Los agentes entonces se pusieron a vigilar el estacionamiento del lugar. En eso, el sargento Robert Fortich, de la Policía de Miami-Dade, vio a Carulla caminando hacia la Toyota Sequoia robada. según el memorando.
Para bloquearle el paso a Carulla, Fortich detuvo su Nissan Altima sin identificación policial frente al SUV robado. Pero mientras Fortich, quien tenía puesto un chaleco que lo identificaba claramente como policía, se baja del vehículo, según los fiscales, Carulla aceleró y se estrelló contra el carro del sargento y lo hizo caer dentro del vehículo del golpe.
Los agentes Nelson Quintana y Kristopher Klute, quienes estaban cerca, abrieron fuego y balearon a Carulla. El SUV avanzó un tramo corto antes de detenerse, con Carulla herido de muerte adentro.
Janik Carulla dijo que creía que a su hijo “lo emboscaron” y que la policía debió haber detenido el carro antes de que Jason llegara para evitar que se diera a la fuga.
“La policía llegó y disparó”, dijo Janik Carulla. “Y les permiten salirse con la suya, a menos que una cámara de video los grabe mientras se comportan agresivamente”.
Fortich y otros policías que fueron testigos de los hechos dijeron que los disparos ocurrieron justo en el momento que embistió el Altima de la policía. Pero el lugar donde se encontraron los casquillos de las balas provocaron “preocupaciones” sobre “hechos que no se corresponden”: los casquillos de las balas disparadas por Quintana sugirieron que “avanzó” y disparó más veces contra el Toyota después de que el vehículo se detuvo, indica el memorando.
Pero los investigadores nunca entrevistaron a los policías. Quintana y Klute decidieron no dar su versión de los hechos.
“Él se asustó. Todos tuvimos 17 años en algún momento y él pensó que podía escapar”, dijo Janik Carulla. “Él no pensó que eso acabaría con su vida”.
Para los fiscales, el asunto de la ubicación de los casquillos no significaba que podían sustentar cargos penales, como homicidio o asesinato, a tenor con las leyes de la Florida. Por lo menos los dos primeros disparos —cuando el SUV de Carulla se estrelló contra el Nissan de Fortich— pudieran considerarse una acción defensiva a favor del sargento y otros, indicó el memorando.
Los agentes tenían razones válidas para creer que Carulla cometió una agresión con agravantes cuando embistió el vehículo de Fortich. Eso significa que, bajo las leyes de la Florida que permiten usar la fuerza mortal contra un “delincuente que huye”, los agentes podían usar sus armas para detenerlo.
“Después de usar el vehículo robado como un arma contra el sargento Fortich, había razones suficientes para creer que Jason Carulla estaba dispuesto a hacerlo otra vez si algún agente o civil se interponía en su camino”, escribieron los fiscales.
La Policía de Coral Gables determinará ahora si algunos de sus agentes infringió normas internas durante los hechos. La Orden Fraterna de la Policía, que representa a los agentes, declinó comentar.
Danny Valdés también trató de huir de los policías en un carro robado.
En mayo del 2013 la policía lo persiguió a alta velocidad de noche antes de detenerse en una calle del norte de Miami-Dade. Los agentes le comenzaron a gritar que saliera del vehículo. Varios testigos dijeron que Valdés les respondió: “Si no me matan, yo los mato a ustedes”, indicó el memorando.
Timothy Marchetti, policía de Miami-Dade, trató de romper la ventanilla del pasajero con una linterna. Marchetti alega que Valdés pareció hacer un movimiento para sacar algo debajo de su asiento. Cuando escuchó un sonido metálico, Marchetti disparó su arma y mató a Valdés.
Pero no encontraron ningún arma en el vehículo, sólo un destornillador debajo del asiento del conductor.
“Bajo todas las circunstancias en que ocurrieron los hechos, el temor era razonable”, escribieron los fiscales el mes pasado al decidir que los policías tenían justificación para usar la fuerza letal.
Otro agente, en este caso Erica Tirse, también disparó su arma. Tirse declinó hablar con los investigadores.
Valdés, de 30años, había batallado contra una adicción a las drogas, estaba en libertad condicional y le había dicho a su oficial de probatoria que “no iba a regresar a prisión”.
Su madre, Elena Valdés, le dijo al Miami Herald en ese entonces: “Mi hijo no estaba armado. Tenía un problema de drogas. No voy a decir que era la mejor persona del mundo, pero no se merecía lo que le hicieron. Fue algo extremadamente brutal”.
La muerte de Carlos Sierra, un ladrón a quien ultimaron a balazos en Hialeah, no generó titulares.
Según los fiscales, Sierra robó en una tienda Farm Store en la cuadra de los 600 de West 29 Street la noche del 31 de mayo del 2010. Es posible que haya tenido en la mano una pistola de imitación, que luego encontraron en su vehículo.
Un agente encontró a Sierra en un Nissan Altima azul en un estacionamiento cercano. Los policías rodearon el Nissan, gritándole a Sierra en inglés y español que mostrara las manos. El vehículo “comenzó a salir de marcha atrás del estacionamiento” hacia los policías, según el informe.
Los policías alegaron a través de sus abogados que Sierra les gritó en español: “Los voy a matar, alguien va a morir”.
Los agentes Nick López, Fernando Carvajal, Robert Iglesias y Rubén Miguel, de la Policía de Hialeah, abrieron fuego. “Los disparos de los policías fueron justificados y legales”, escribió la fiscal Sally Weintraub en un memorando.
Esta historia fue publicada originalmente el 5 de enero de 2016, 8:52 a. m. with the headline "Exoneran a policías en muerte a tiros de choferes."