Veterano del Ejército: la amnesia, una diaria batalla
Steve Ligeikis se olvidó de lo que le sucedió al gato.
“¡Alek!” El ex militar explora todos los rincones de la sala, buscando la figura familiar del gato color naranja que se le pega a las piernas.
Alza la voz con ansiedad esta tarde de domingo de la entrevista: “¡Alek!”
Emma, la esposa de Steve, hace un gesto de preocupación junto a la puerta del apartamento de dos habitaciones de la pareja en Fort Lauderdale.
En el momento que Steve llamó al gato –su favorito– Emma se dio cuenta que se le había olvidado otra vez, que la memoria a corto plazo de su esposo, algo poco común, seguía haciendo de las suyas.
La mujer se apresura a llegar a su lado, segura de lo que viene después. Pena, nueva y fuerte. Emma se le acerca y le susurra la verdad al oído: Alek falleció hace 10 meses de cáncer del intestino.
“¿Qué le pasó?”, le pregunta él, con la cabeza gacha sentado en el borde de la cama matrimonial.
“Murió. Estaba muy enfermo. Tenía cáncer”, le dice Emma con voz suave. “¿Te acuerdas cuando empezó a perder mucho peso?”
“No”.
Emma abraza a Steve, le pasa la mano por el rostro.
El hombre comienza a sollozar. No se acuerda de la muerte del gato. Esta es la cuarta vez que llora su muerte, y pierde el rumbo, se olvida que ya ha pasado por este dolor particular.
Así es la vida de Steve Ligeikis, de 47 años, quien cuando se duerme se le olvida todo lo sucedido.
Durante años, Steve, Emma y una larga lista de médicos han tratado de descifrar el misterio de la memoria de Steve, para determinar por qué el veterano del Ejército ha dejado de grabar los recuerdos más recientes, como lo que desayunó ayer o cuántos años tiene.
Curiosamente, recuerda con detalle lo ocurrido antes del 2010: sus 14 años de servicio militar, que era su sueño desde niño. Su niñez con nueve hermanos y hermanas, en Miami. Las misiones militares en Egipto, Arabia Saudita y Kosovo. Se acuerda de todo eso, hasta de cuando escribieron mal su apellido en el formulario para ingresar al Ejército cuando estaba en secundaria.
Pero no recuerda mucho lo que le sucedió ayer.
“Estoy de pie en una habitación oscura y abro un closet más oscuro aún . . ”, dijo Steve al describir cómo los recuerdos lo eluden. “Y no puedo echarles mano”.
Los médicos dicen que no hay una sola causa que le haya robado a Steve lo que se conoce como memoria a corto plazo. Pero en cientos de registros médicos que la pareja compartió con el Miami Herald, junto con extensas entrevistas con médicos, sale a relucir una teoría. Un virus, dicen los especialistas, es el culpable más probable, el golpe definitivo a un cerebro afectado por la guerra. Esto ha limitado el mundo de Steve a los primeros 41 años de su vida y al presente, con un espacio poroso e imprevisible en el medio.
“Ha perdido la conexión entre hoy y mañana”, dijo la doctora Nancy Klimas, uno de los médicos que lo atienden en un hospital de veteranos de Miami y directora del Instituto de Neuroinmunología de la Universidad Nova Southeastern.
Para Steve, un hombre inteligente de ojos verdes y lentes, cada día es un nuevo comienzo. Ha visto la película Vacation cuatro veces y cada vez se ríe como si nunca la hubiera visto. Saluda a sus médicos como si fueran extraños. A veces entra al apartamento donde vivió hace 17 años, donde ahora vive su suegra.
Es como una montaña rusa, tiene sus partes cómicas y otras que dan miedo
Emma
esposa de Steve LigeikisSteve y Emma están obligados a vivir, literalmente, el momento.
“Es como una montaña rusa, tiene sus partes cómicas y otras que dan miedo”, dijo Emma, de 45 años. “Pero no cambiaría mi vida. Me volvería a casar con él”.
Pásame el destornillador
La primera señal de que algo andaba mal comenzó con un destornillador.
A la pareja, que trabajaba para una compañía de telecomunicaciones en el otoño del 2010, la habían despachado a Breckenridge, Minnesota, como parte de un grupo que iba a modernizar una torre de telefonía móvil. Caía la primera nevada de la temporada. Acababan de regresar de un crucero por el Caribe, en el que se había enfermado con síntomas similares a los de la influenza, aunque parecía haberse recuperado.
En medio de un campo, Steve le pidió a otro trabajador que le entregara un destornillador. Pero la herramienta que señaló era una llave, aunque insistió que era un destornillador.
Emma, que trabajaba en el grupo como técnica de computadoras, escuchó la conversación. Preocupada, le pidió a Steve que regresara a la oficina improvisada que habían instalado, esperando que se le pasara. Pero regresó todavía más confundido y se quitó el casco que llevaba puesto para aliviar la presión que sentía en la cabeza. Entonces se quedó mirando la computadora portátil sin idea de cómo encenderla. Era como si su cerebro hubiera sufrido un cortocircuito. “Me di vuelta y estaba sentado allí, parecía perdido”, dijo Emma.
Emma temía que Steve estaba sufriendo una embolia cerebral. Salió corriendo para avisar al resto del grupo y lo subió a un camión para buscar un hospital.
“Yo sabía que algo andaba muy mal”, dijo Emma. “Tenía miedo de que iba a regresar de Minnesota yo sola”.
Los médicos de emergencias que lo examinaron sospecharon inicialmente que tenía algún problema neurológico o una infección viral, pero sin una punción lumbar no podían estar seguros.
Un día después, la mañana de Halloween del 2010, Steve, Emma y sus tres gatos subieron a un Chevrolet Blazer azul y se marcharon de Minnesota. El sur de la Florida estaba a 1,900 millas de distancia.
Emma fue la que condujo. Como tenía experiencia como chofer de camiones, Emma hizo el viaje en tres días. Durante todas esas horas tuvo tiempo de pensar en lo que afectaba a su esposo. Llamó a su cuñada, enfermera anestesista en Atlanta. Deborah Warth evaluó los síntomas, tratando de eliminar la posibilidad de un tumor cerebral.
Steve había experimentado fiebre crónica desde que regresó de la Operación Desert Storm dos décadas antes. Había batallado contra pesadillas, fatiga y dolores de cabeza, síntomas del estrés postraumático. Emma se preguntó si todo estaba relacionado, si debía presionarlo para que fuera más al médico, si debió haber buscado respuestas con más fuerza.
En busca de respuestas
Después de tres días de camino desde Minnesota, Steve y Emma finalmente llegaron a casa. Pero los problemas médicos y emocionales acababan de empezar. Tres años, cuatro hospitales y siete médicos después, finalmente conocieron lo que afectaba la memoria de Steve
Las pruebas iniciales mostraron que padecía de una encefalitis viral residual, con la presencia de anticuerpos al virus del Nilo, lo que posiblemente indicaba una infección pasada. Otras pruebas para medir la memoria y la capacidad de procesar información, arrojaron resultados poco uniformes.
Pero la capacidad de Steve de acordarse de lo que había sucedido un par de días antes había desaparecido en el trayecto de Minnesota a Florida, y nadie sabía por qué. Los médicos le recomendaron que se sometiera a pruebas más especializadas en el hospital de la Administración de Veteranos de Miami.
Para Steve, la pérdida de memoria fue algo traumático y aterrador, una pérdida de control contra la que luchó como cualquier enemigo. No quería atenderse en la Administración de Veteranos y trató de salir del auto cuando Emma lo llevó al lugar. La tensión era tal que Emma comenzó a usar CD de meditación.
“Estaba aterrorizado porque no podía recordar las cosas”, dijo Emma. “Sabía que le pasaba algo”.
En la Administración de Veteranos, que lo consideraba totalmente discapacitado por lesiones de combate incluso antes del problema de la memoria, comenzaron a tratar de descubrir lo que lo afectaba estudiando sus antecedentes. Comenzaron en 1991 con las fiebres, dolores de cabeza, confusión y fatiga que sufría entonces. Un médico civil pensaba que Steve pudiera tener H1N1, el virus de la fiebre porcina. Un médico militar sospechaba que tenía el virus del Nilo.
Primero atacaron los síntomas más obvios. Inyecciones de Botox, a veces 31 a la vez, lo ayudaron con los dolores de cabeza. También le recetaron medicamentos para la narcolepsia, PTSD y varios otros problemas. Y psicoterapia también.
“Íbamos a muchas consultas todas las semanas con diferentes médicos y terapistas”, dijo Emma. “Tratábamos de determinar qué tenía y cómo curarlo”.
Pero la respuesta llegó cuando el Dr. Douglas Wallace, neurólogo, le recomendó verse con Klimas, una especialista en enfermedades autoinmunes que dirige una clínica del Departamento de Veteranos que atiende a veteranos que participaron en la Guerra del Golfo Pérsico. Una persona sencilla y directa, era el séptimo médico que veía desde que se enfermó en Minnesota.
Klimas comenzó por preguntarle sobre su experiencia militar. Steve le contó de los uniformes empapados en pesticidas que se había puesto en en Arabia Saudita e Irak durante la Guerra del Golfo, y las píldoras que tomó para protegerse contra agentes neurotóxicos. Recordó las alarmas de posibles ataques químicos.
Al final la doctora tenía un diagnóstico en potencia: la enfermedad de la Guerra del Golfo, conocida como el síndrome de la Guerra del Golfo.
Es un desorden complejo, crónico y de varios síntomas que afecta el sistema nervioso. Y no tiene cura. A más de una tercera parte de los 700,000 militares que participaron en la Guerra del Golfo, librada entre 1990 y 1991 se la habían diagnosticado. La Administración de Veteranos la reconoce como enfermedad, pero no ha establecido un nexo directo con la exposición a pesticidas.
Para Steve y Emma, el diagnóstico del 2011, unos seis meses después del incidente del destornillador, fue uno de los primeros pasos sólidos en la búsqueda de una solución.
Durante los meses siguiente, Klimas comenzó a tratarlo, buscando aliviar la inflamación sistémica y activarle las funciones antivirales del organismo. Una punción lumbar confirmó que tenía encefalitis.
Nadie sabe si Steve recuperará la memoria. Algunos médicos piensan que no, otros opinan que pudiera aprender a recordar de nuevo. Emma ha enviado la historia clínica de Steve a otros centros médicos especializados en desórdenes de la memoria, con la esperanza de que nuevos tratamientos lo ayuden.
Pero por ahora tienen que adaptarse a vivir con el mal.
Esta historia fue publicada originalmente el 25 de enero de 2016, 2:55 p. m. with the headline "Veterano del Ejército: la amnesia, una diaria batalla."