Menos fervor en la víspera del Ultra Music Festival en Miami
A primera vista, los pulsantes sonidos de la música electrónica de la Miami Music Week y el Ultra Music Festival, uno de los principales espectáculos del calendario mundial de música electrónica bailable, parecen tan vibrantes como siempre. Las entradas generales y VIP para el Ultra, que se celebra en el Bayfront Park desde el viernes hasta el domingo, ya se vendieron todas. Los clubes y hoteles de South Beach y el centro de Miami celebran grandes fiestas con DJ famosos que duran hasta después del amanecer.
Pero detrás de esa fachada, la situación no es tan halagüeña. Algunos de los principales clubes de Miami, como el Cameo de South Beach y el Central Avenue en el centro de Miami, cerraron hace poco. SFX Entertainment, que hace varios años compró a varios importantes promotores de música electrónica bailable, festivales y páginas de Internet del ramo, lo que provocó pronósticos de que el multimillonario propietario Robert Sillerman ampliaría el alcance de la música electrónica bailable, recientemente se declaró en bancarrota.
La edición 2016 del festival TomorrowWorld en una zona rural de Georgia, uno de los principales eventos de SFX, se canceló tras una debacle en septiembre pasado, cuando miles de asistentes quedaron atrapados en medio de la lluvia y el lodo. Icon, el nombre que los nuevos propietarios han dado al Mansion, un popular club de música electrónica bailable en South Beach, ha sufrido una fuerte baja en la venta de licores a los asistentes VIP, un segmento clave del sector, y batalla por llenar el enorme espacio de la instalación.
“La música electrónica bailable se acabó, le pasó lo mismo que al disco”, dice Vanessa Menkes, ex jefa de Comunicaciones del ahora desaparecido Opium Group, cuyos grupos, entre ellos el Mansion y el Set, dominaron la vida nocturna de South Beach durante años. “En el 2005, se podía abrir la puerta un sábado por la noche y ganar $150,000. Esos tiempos no van a volver”.
De alguna manera, la Music Week es víctima de un éxito que parece haber tocado su punto máximo alrededor del 2013. Muchos de los asistentes a los clubes de música electrónica bailable, los principales clientes del sector, están molestos con el aumento de los precios de los boletos y las bebidas, que hacen que una noche de diversión musical cueste un mínimo de $100, incluso en momentos en que los clubes tratan de atraer más clientes ricos que gastan miles en las secciones VIP. El circuito ha quedado dominado por un pequeño círculo de DJ famosos como Calvin Harris, Tiesto, Diplo y Skrillex, lo que hace que se repitan las presentaciones y los asistentes se hartan. Según un conocedor del segmento en Miami, cuando Mansion contrató al DJ Afrojack por más de $150,000 poco antes que el club cerrara el otoño pasado tras 11 años de operación, no pudo atraer la cantidad de asistentes suficientes para cubrir sus gastos.
Fanáticas como Annie Tomlinson, de 22 años, una fiel asistente al Ultra cuando podía comprar un boleto de un día en $100, se están alejando. La última vez que asistió al festival fue en el 2013, aunque dice que su mejor experiencia fue el año anterior.
“Todavía me gusta el Music”, dice Tomlinson. “Pero ya no vale lo que cuesta. Ya lo he experimentado”.
Senthil Chidambaram, presidente ejecutivo y fundador de la popular página de música electrónica bailable Dancing Astronaut, dice que el agotamiento está aumentando.
“Uno ve a un DJ, levanta los brazos con entusiasmo y disfruta de los fuegos artificiales, pero esa experiencia se repite cien veces”, dice Chidambaram. “Así las cosas, ¿cómo cambia la oferta? ¿Cuál es el atractivo a menos que alguien sea un superfanático?”
El fuerte aumento de los honorarios de los DJ son parte del atractivo de su fama. Harris, el que más gana, puede llegar a embolsillarse $400,000 en un club de lujo de Las Vegas como Omnia, en el Hotel Caesar’s Palace. Otros ganan entre $200,000 y $250,000. Esos costos contribuyen a una tipo permanente de guerra financiera en los clubes y festivales. Mientras tanto, la lucha por las ganancias potenciales a costa de clientes ricos en Ultra, donde los boletos VIP cuestan $1,512, o en clubes donde un pequeño grupo de clientes pueden gastar cientos de miles de dólares en una noche, se combinan con el atractivo de un espectáculo caracterizado por el consumo exagerado.
La atención que se presta a las finanzas también pudiera definir el Music. Según Chidambaram, cuando el sector llegó a su punto más elevado en el 2013, muchos artistas sacaban tanta música como fuera posible porque cada estreno generaba presencia en los medios sociales y las páginas de música en Facebook, Instagram y Soundcloud, cifras que los agentes de contratación usaban para determinar a quién contratar y cuánto pagarles.
“Abrumaban a la gente con mucha música, pero no era cuestión de calidad, sino de cantidad”, dice Chidambaram. “Mientras más música produjeran mejores eran las cifras”.
Ese entusiasmo llevó a las empresas a gastar en patrocinio de espectáculos que parecían los preferidos de los clientes, jóvenes casi todos, lo que llevó a que la diferencia entre la música y la mercadotecnia se hiciera menos visible. Los videos de dos de las piezas de música electrónica bailable de más éxito, Wake Me Up, de Avicci, del 2013, y Greyhound, del grupo Swedish House Mafia, en el 2012, mostraban de manera prominente imágenes del logo y línea de ropa Denim & Suply, de Ralph Lauren, y del vodka Absolute, respectivamente.
Mientras tanto, los espectáculos que no han generado un hit en la radio o se centran en mantener un salón lleno de bailadores hasta el amanecer, quedan relegados a clubes pequeños y menos presentaciones. Esto limita las probabilidades de surgimiento del próximo DJ creativo o estilo de vanguardia, o que las nuevas generaciones de asistentes se sientan atraídos por el espectáculo en vez de las celebridades y la exageración.
“La sobresaturación y comercialización es la muerte de cualquier cosa artística” dice Carmel Ophir, antiguo promotor de música electrónica cuyo club, Vagabond, cerró en el centro de Miami en el 2014, y quien presenta a varios DJ de la vieja escuela como Louie Vega y Jellybean Benitez en el Yuca de Lincoln Road.
Los espectáculos de música electrónica todavía atraen a muchos. El género se ha integrado al pop, como los demuestran éxitos de la talla de Where Are Ü Now, producido por Diplo y Skrillex para Justin Bieber. Ultra tiene franquicias en Europa, América Latina y Asia; por otra parte, se ha creado un nuevo mercado de clubes de lujo en países como China y Singapur. Los festivales como Electric Daisy Carnival en Las Vegas y Nueva York, o, las celebraciones en el TomorrowLand, en Bélgica, siguen siendo populares.
David Grutman, socio del LIV en el Hotel Fontainebleau, el más exitoso de los clubes de lujo que quedan de la Playa y que esta semana presenta talento como David Guetta, Afrojack y Harris, dice esos espectáculos siguen atrayendo gente.
“Los mayores DJ siguen atrayendo gente”, dice Grutman. Pero ha tenido que ajustarse en comparación con los años de vacas gordas de hace un tiempo. Los DJ estrella se reservan para ocasiones especiales, como la Miami Music Week, y los domingos de hip-hop se han vuelto muy populares.
Grutman ha visto una caída en los clientes VIP de europa y Sudamérica, cuyas monedas se han devaluado frente al dólar y están gastando menos o yéndose a otra parte. Y Grutman se ha dividido, abriendo Komodo, un restaurante asiático en la zona de Brickell. Su antiguo competidor, Eric Milon, uno de los fundadores del grupo Opium, es ahora copropietario de Coyo Taco, un sitio de comida y tragos de Wynwood.
En Miami-Dade, muchos jóvenes optan por ir a bares y clubes pequeños en áreas como Wynwood, Brickell, Midtown, La Pequeña Habana e incluso Coral Gables, donde el estacionamiento es más barato y hay menos tráfico que en South Beach.
En SoBe hay otros sitios, como Bodega, una taquería y bar informal, y Rockwell, que lleva el rey de la vida nocturna de los 90, Chris Paciello, atraen multitudes.
“Ya no hace falta ir a un club nocturno, ahora hay muchas otras opciones”, dice Seth Browarnik, un fotógrafo que ha cubierto los clubes de Miami desde principios de los años 90. “La cultura de los clubes nocturnos está cambiando”
Esta historia fue publicada originalmente el 17 de marzo de 2016, 9:26 p. m. with the headline "Menos fervor en la víspera del Ultra Music Festival en Miami."