Sur de la Florida

Altas notas: Cuando madres e hijos estudian juntos

Marta Ross y su futuro yerno, Reynaldo García, en la ceremonia de graduación del MDC el pasado 30 de abril.
Marta Ross y su futuro yerno, Reynaldo García, en la ceremonia de graduación del MDC el pasado 30 de abril. adiaz@miamiherald.com

Durante los últimos dos años, cada vez que Marta Ross y Eduardo Daniel Martín estudiaban para una prueba, o trabajaban en un proyecto, o cumplían con el número de horas requeridas para su práctica de enfermería, el espíritu de competencia surgía inevitablemente entre madre e hijo. Una competencia saludable, por supuesto.

“Nos empujábamos el uno al otro para hacer las cosas mejor”, dijo Ross, de 49 años. “Yo sabía que tenía que dar el ejemplo”.

Martín, de 29, agregó: “Ella estaba siempre detrás de mí, motivándome. Ella me hizo esforzarme más”.

La doctora Elisa Rodríguez, una de sus profesores de enfermería en el Recinto Médico de Miami Dade College, no sabía que Ross y Martín — y otro estudiante de enfermería, Reynaldo García, quien se casará con la hija mayor de Ross en agosto — eran familia hasta su segundo o tercer curso. Para entonces ella reconoció lo mucho que los ayudaba el apoyo moral que se daban unos a otros. “Creo que trabajar juntos les hizo trabajar más duro”, dijo.

Ross, Martín y García recibieron sus diplomas de bachilleres en Ciencias en enfermería el fin de semana pasado, lo cual dio a la familia de Miami algo más que celebrar este Día de las Madres. Su odisea, no obstante, no fue nada fácil. Los tres trabajaban a tiempo completo al mismo tiempo que estudiaban en el MDC. Ross trabaja el turno de noche en el piso de oncología del Mercy Hospital, y Martín trabaja el turno de día en la unidad pediátrica de trasplante de médula ósea del Jackson Memorial Hospital. García es un bombero de Broward.

No obstante, tomar juntos los cursos de enfermería, la mayoría de ellos por Internet, los ayudó a salir adelante un semestre tras otro. Además, ellos trabajaron en equipo en proyectos especiales. Los tres asistieron a una clase de una semana sobre ética de enfermería en Tennessee, por ejemplo, y completaron sus horas de práctica en Santo Domingo con un grupo de médicos del Mercy Hospital.

Otro beneficio: “No teníamos que comprar tres libros”, bromeó Ross. “Podíamos compartirlos”.

A medida que más mujeres regresan a los recintos universitarios, muchas de ellas son madres que tienen que buscar el modo de conjugar sus estudios con responsabilidades familiares y, a veces, con sus deberes laborales. Más de un cuarto de todos los estudiantes de bachillerato, o sea, 4.8 millones, están criando niños que son sus dependientes, según el Instituto de Investigación Política de las Mujeres (Institute for Women’s Policy Research). De ese grupo, las mujeres representan el 71 por ciento.

Ella estaba siempre detrás de mí, motivándome. Ella me hizo esforzarme más

Eduardo Daniel Martín

hijo de Marta Ross

Y aunque nadie sabe cuántas de esas mujeres están asistiendo a clases junto a sus hijos, los educadores creen que su número ha ido creciendo con los años. La Gran Recesión y la reducción de personal por parte de las compañías ha obligado a trabajadores de edad mediana a regresar a la escuela para reinventarse a sí mismos, pero además hay muchos que deciden volver a la escuela en busca de estímulo intelectual y para mejorar sus habilidades.

Karen Reinford-Pérez, de 46 años, y su hijo Richard Pérez, de 30, son parte de esa tendencia. Ellos se graduaron el año pasado de la Universidad Nova Southeastern en Davie, con bachilleratos en Ciencias de estudios paralegales. Karen, quien lleva veinte años trabajando en Nova , siempre había querido seguir estudiando pero “no tenía el valor. No pensé que estaba lista para eso, y estaba muy ocupada criando a mi hijo como madre soltera”, dijo.

Cuando Richard, quien trabaja en NSU, solicitó la entrada al programa, ella decidió que su momento había llegado. Tomar los cursos juntos ayudó a ambos a perseverar. “Cada uno de nosotros sirvió de impulso al otro”, dijo Richard. “Eso nos ayudó a salir bien”.

No obstante, algunas clases los hicieron sudar tinta. “Algebra de college a los 40 años no fue nada fácil”, admitió Karen.

La experiencia, por difícil que fuera, los hizo unirse aún más, aunque ocasionalmente se encontraron compitiendo uno con el otro. “Hubo momentos en que hicimos exposiciones de casos o discusión de casos en oposición uno al otro”, agregó ella, “y eso significó algunas conversaciones interesantes más tarde”.

Aunque los Pérez empezaron tarde, ninguno de los dos ha terminado su educación. Richard planea estudiar leyes en el otoño, y Karen, quien sonaba con hacerse abogada cuando era joven, quiere hacer una maestría en leyes de salud.

“Creo que él ha entendido que se puede conseguir lo que uno quiere a cualquier edad, pero hay que esforzarse”, dijo Karen Pérez. “Tienes que sacrificarte, tienes que pasarte los fines de semana estudiando, pero vale la pena”.

Para Ross y su hijo Martín, el sacrificio también ha probado que valió la pena. Ross, quien se había graduado de contabilidad en una universidad de Pinar del Río, empezó a trabajar como asistente certificada de enfermería tan pronto como llegó de Cuba con sus tres hijos hace 11 años.

Cuando su esposo Ignacio Martín se les unió un año más tarde, ella decidió que era hora de volver a la escuela. Ella se hizo practicante de enfermería con licencia, y luego enfermera registrada, antes de entrar al programa de Bachiller en Ciencias en Miami Dade College en 2014. (Allí fue que conoció a su futuro yerno, García, quien estaba en el mismo programa.)

“Mi esposo merece mucho crédito por esto”, dijo. “El trabajó y trabajó y trabajó para asegurar que todos nosotros pudiéramos estudiar”.

Su hija mayor, Ana Martín, de 23 años, quien trabaja como maestra sustituta y tutora particular, va a empezar su maestría en la Universidad Internacional de la Florida, y la menor, Patricia Martín, de 18, planea estudiar enfermería después de que se reciba de asociada en Artes.

Para Eduardo, la decisión de dedicarse a la enfermería estuvo fuertemente basada en la experiencia de su madre en ese campo. Ella lo animó a trabajar horas voluntarias en el Mercy Hospital para hacerse una idea de la profesión. “Al principio mi motivación era financiera. Me interesaba porque sabía que había muchas oportunidades laborales”, dijo él. “Pero cuando hice el trabajo, empezó realmente a gustarme”.

Lo mismo que su madre, él empezó trabajando como practicante de enfermería licenciado antes de completar sus requisitos de enfermero registrado y luego su bachillerato. “No sé si hubiera podido hacerlo sin ella”, añadió.

Ross tiene la esperanza de que sus esfuerzos sirvan de ejemplo a sus hijos. “Es posible que yo no pueda dejarles dinero de herencia, pero siempre puedo dejarles su educación”.

Esta historia fue publicada originalmente el 7 de mayo de 2016, 2:27 p. m. with the headline "Altas notas: Cuando madres e hijos estudian juntos."

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