Sur de la Florida

Nueva especie de avispa en los Cayos tiene ‘padre’ cubano

El macho de la ‘Keylimepie peckorum’ tiene alas más largas.
El macho de la ‘Keylimepie peckorum’ tiene alas más largas. Canadian National Collection of Insects

Tres décadas después de haber sido capturada por primera vez en los bosquecillos de angiospermas infestados de mosquitos de los Cayos de la Florida, los científicos han identificado a una avispa parásita de alas cortas como una nueva especie: el primer descubrimiento en el campo de esos insectos en más de 30 años.

En cualquier otro campo, eso sería una gran noticia. En el mundo de los insectos, no tanto. El 90 por ciento de las avispas que vuelan en lugares silvestres siguen estando sin identificar.

De modo que, en un intento de hacer resaltar su descubrimiento –y llamar la atención hacia los frágiles bosques endémicos que habita– el entomólogo José Fernández-Triana decidió darle un nombre que, según esperaba, saltaría por encima de las Periplaneta americanas y Tetramorium caespitums (traducción: cucarachas y hormigas) del mundo.

Mirad: la Keylimepie peckorum, bautizada en honor del famosos postre de las islas y del célebre coleccionista que atrapó por primera vez a la avispa mientras andaba a la busca de escarabajos.

“Hay toda una serie de plantas y animales en los Cayos que son carismáticos”, dijo Fernández-Triana, y mencionó la rata cambalachera de Cayo Largo, el venado de los Cayos y la mariposa azul de Miami. “Ellos se han convertido en íconos de la conservación. Me parece que la avispa podría ser sumada a esa lista.

Es una avispa interesante. La mariposa es mucho más bonita, pero mi opinión es que no hace falta ser bonito para ser interesante

José Fernández-Triana

entomólogo

“Es una avispa interesante”, agregó. “La mariposa es mucho más bonita, pero mi opinión es que no hace falta ser bonito para ser interesante”.

Beyoncé también tiene su insecto

La casi invisible Keylimepie se une ahora a las coloridas huestes de insectos con nombres memorables, en las cuales está la Scaptia (Plinthina) beyonceae, un tábano con un trasero dorado prominente y, bueno, bootylicious; la Mastophora dizzydeani, una araña que usa una bola de seda pegajosa para capturar a su presa; la avispa Polemistus chewbacca, que no necesita explicación; y el Scrotum humanum, el nombre dado originalmente al Megalosaurus por un naturalista que en 1793 confundió el fémur del dinosaurio, con, ejem, las partes pudendas masculinas de un elefante de guerra romano.

Si esta historia se tratara sólo del bautizo de una nueva especie de avispa, podría terminar aquí. Pero hay un lazo emocional que une al coleccionista con el descubridor. Y además está el insecto mismo, una de toda una familia de avispas que ayudan a mantener el delicado equilibrio del ecosistema con una efectividad espeluznante.

Asimismo, está la labor concienzuda que llevó al descubrimiento, nada menos que en Ontario, de una gaveta llena de avispas muertas llevadas allí por un entomólogo cubano trasplantado que trabajaba en la Colección Nacional de Insectos de Canadá, y que pasó inadvertida hasta hace poco.

“¿Han leído alguna vez sobre bibliotecas en las que de vez en cuando se descubre un papel viejo que resulta ser algo así como, digamos, una nueva sonata de Mozart?”, dijo Fernández-Triana, científico investigador de la colección, que abarca unos 17 millones de insectos. “Imagínense eso multiplicado por cien, porque tenemos muchísimos más especímenes que libros hay en una biblioteca… Estamos literalmente rodeados de nuevas especies. Sabemos que están ahí, pero toma tiempo estudiarlas y situarlas en contexto”.

La historia de la Keylimepie peckorum comienza en 1985, cuando el entomólogo canadiense Stewart Peck y su esposa vinieron a los Cayos en un viaje de rutina para atrapar escarabajos.

Peck, quien fue nombrado uno de los más grandes exploradores vivos de Canadá el año pasado por la Real Sociedad Geográfica Canadiense, dice que su familia acudió primero a la Florida como colonos tras la Guerra Civil y se asentó en St. Cloud. Luego la familia se mudó al norte en busca de trabajo, pero él dice que le encantaban los frecuentes viajes que hacían para visitar a sus abuelos. Sus padres acabaron mudándose de nuevo acá y vivían en Big Pine Key.

Estamos rodeados de nuevas especies. Sabemos que están ahí, pero toma tiempo estudiarlas y situarlas en contexto

José Fernández-Triana

entomólogo

Como biólogo, Peck se centró en los escarabajos tropicales y ayudó a compilar la primera lista oficial de los escarabajos de la Florida, los insectos de mayor tamaño. Los Peck tenían en curso un programa de caza en los Cayos y, cuando ponían sus trampas, a menudo capturaban otros insectos. De modo que, después de extraer sus escarabajos, Peck enviaba como cosa de rutina especímenes a otros científicos y los depositaba en la Colección Nacional de Canadá.

De vez en cuando, Peck sigue recibiendo llamadas sobre algún descubrimiento y tiene que buscar sus viejas notas de campo, las cuales se remontan a su primer trabajo de verano cazando animales de cuevas en Kentucky. Recientemente, dijo que le llegó un pedido de información sobre un espécimen de 1965.

A mediados de los años 1980, Peck y su esposa viajaban a la Florida cada dos o tres meses a mirar sus líneas de trampas. Según sus notas, las avispas fueron capturadas en Royal Palm Hammock en el Parque Nacional de los Everglades, Watson’s Hammock en Big Pine, cerca del Refugio Nacional de la Flora y la Fauna de Lago Cocodrilo en Cayo Largo del Norte, y en algunas islas pequeñas cerca de Cayo Maratón durante dos viajes entre 1985 y 1986.

En ese entonces, Fernández-Triana era un estudiante de octavo grado en Cuba.

Mucho antes de conocerlo, o de irse a vivir a Canadá y hacerse amigo suyo, Fernández-Triana dijo que él conocía la exhaustiva labor de Peck. En Cuba, Fernández-Triana estudió entomología y se especializó luego en el estudio de las avispas parásitas y el código de barras genético.

“Incluso antes de llegar a Canadá, yo había leído sus trabajos sobre biodiversidad”, dijo Fernández-Triana.

Como parte de sus investigaciones, que incluyen encontrar avispas que puedan resultar útiles a la industria de la agricultura, Fernández-Triana había empezado a revisar el vasto inventario de alrededor de 300,000 especímenes de avispas en la colección. Un día descubrió una gaveta rotulada “Avispas no identificadas de la Florida”. Mientras ordenaba los diminutos insectos, encontró algunas avispas de alas cortas que no le resultaron familiares.

Identificar avispas parásitas, de alrededor de un décimo de pulgada de longitud, puede ser una labor tediosa. Hay que medir las cabezas y los ojos, examinar los diminutos tórax, y comparar las delicadas alas. En total, Fernández-Triana estudió 60 especímenes para confirmar sus conclusiones.

Unas alas muy cortas

Lo que le llamó la atención fueron las alas de la hembra. En todas las avispas parásitas que ha descrito –y que calcula son cientos– ninguna tenía unas alas tan cortas. Este grupo particular usa las orugas como huésped. Las hembras inyectan los huevos en las orugas, a las que a veces paralizan. Los huevos en gestación se alimentan de la oruga, y cuando se rompen las larvas van devorando al huésped hasta salir afuera. Fernández-Triana las llama depredadores superiores, a pesar de su tamaño, pues juegan un papel crucial en controlar a las voraces orugas en el bosque.

“No sólo los animales grandes y carismáticos son importantes. También hacen falta los pequeños”, dijo Fernández-Triana. “No se puede traer a un oso polar o a una serpiente pitón para que coman hormigas”.

Las avispas parásitas también son importantes en la agricultura, donde actúan como polinizadores a la vez que brindan una alternativa a los pesticidas químicos. Existen cerca de 50,000 especies, que atacan a todo tipo de insectos, desde los pulgones hasta los Halyomorpha halys o chinches apestosas.

Las cortas alas de la avispa llevaron a Fernández-Triana a teorizar que la avispa, de un color más o menos anaranjado, mucho más vivo que el de sus primas, probablemente evolucionó para resistir los vientos y huracanes de los Cayos y moverse entre los arbustos para encontrar orugas. Los machos tienen alas más largas porque necesitan volar distancias mayores para encontrar hembras, dijo.

“Es una situación evolutiva única” que probablemente se adaptó a las condiciones de los Cayos, dijo.

En un trabajo publicado en marzo en la revista ZooKeys donde se anunció el descubrimiento, Fernández-Triana señaló que la hembra de alas cortas también tiene menos probabilidades de adaptarse a los cambios climáticos o a la presión de la urbanización en constante expansión del sur de la Florida, lo cual la hace aún más vulnerable. No se sabe mucho más, ni siquiera el tipo de oruga que la avispa utiliza como huésped.

Existe otro problema. Es posible que la avispa se haya extinguido en los 30 años transcurridos desde su descubrimiento.

Después de hacer su descubrimiento y ponerse en contacto con Peck para conseguir sus notas de campo, Fernández-Triana hizo otras llamadas para ver si encontraba especímenes en otras colecciones. No había ninguno. Desde 1985, hasta donde él sabe, no se ha visto una sola Keylimepie.

“Después de que la cacé, [Royal Palm Hammock] fue completamente destruida por el huracán Andrew, de modo que no sabemos si todavía están ahí”, dijo Peck, antes de añadir con cierta esperanza: “El sitio de Cayo Largo del Norte no ha sufrido muchos daños”.

El mes próximo, Fernández-Triana planea hacer su primera expedición de caza, siguiendo algunos de los recorridos de Peck además de buscar en otras áreas en las que cree que podría encontrar a las avispas, incluyendo el bosque tropical del Centro Botánico Montgomery, de 120 acres, en Coral Gables. Si consigue encontrarlas, tiene la esperanza de alistar a su pequeña avispa en lo que teme sea una guerra perdida para salvar la cadena de islas cerca de su país natal.

Es “un área muy bella, pero muy frágil”, dijo no sin cierta melancolía. “De modo que pensé que mi modesto aporte podría ser el dar a conocer esta avispa para entender mejor lo que tenemos en los Cayos”.

En cuanto al nombre, Peck afirma que se sintió sorprendido y honrado por el reconocimiento a “todos mis esfuerzos, y todos los mosquitos que me picaron”. Si el nombre ayuda a impulsar la conservación, dijo, entonces habrán tenido éxito.

“Es un frágil hábitat que no puede sostener un crecimiento ilimitado”, dijo. “No sabemos si todavía están ahí, o si todavía están vivas. Imagino que todavía estén ahí. Hará falta una caza muy paciente”.

Una versión anterior de esta historia afirmó de modo incorrecto que existían 2,700 especies de avispas parásitas. Hay 50,000. El 90 por ciento están todavía por identificar.

Siga a Jenny Staletovich en Twitter @jenstaletovich

Esta historia fue publicada originalmente el 31 de mayo de 2016, 6:08 p. m. with the headline "Nueva especie de avispa en los Cayos tiene ‘padre’ cubano."

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