Sur de la Florida

Masacre en Orlando: El dolor se agudiza entre las familias

Fueron más de cien pasos de dolor.

Los familiares y amigos de las víctimas de la masacre de Orlando, el tiroteo más letal de la historia de Estados Unidos, atravesaron el jardín como en un vía crucis para descubrir si sus hijos, hermanos, primos o amigos estaban vivos o muertos.

Se dirigieron al Beardall Senior Center, en el downtown, a una milla del lugar de la matanza, el lunes por la mañana, a una reunión de 150 personas que duró poco más de una hora.

Para muchos fue el triste final de una agónica espera.

Antes de entrar al centro, Esmeralda Leal, de origen mexicano, dijo que tenía la esperanza de recibir buenas noticias sobre su hijo Frank Hernández.

“Tengo la esperanza de encontrar vivo a mi hijo”, declaró Leal, quien describió a Hernández, de 27 años, como un chico “muy alegre”.

Leal manejó durante 12 horas la noche anterior desde Nueva Orleans, junto a su hija Julissa Leal, desesperada por noticias de Hernández. Hasta ese momento sabía que su hijo y el novio de éste se encontraban en la discoteca Pulse la madrugada del domingo, cuando ocurrió el tiroteo.

“Él [novio de Hernández] nos dijo que cuando el hombre empezó a disparar él recibió un balazo y empezó a correr”, dijo Julissa Leal, de 18 años. “Pero cuando miró para atrás no vio [a Hernández]”.

Adentro del centro Beardall, Julissa y Esmeralda Leal habrían de enterarse de lo peor. Un par de horas después, hacia la 1 p.m., el nombre de Hernández apareció en la lista de las víctimas fatales que la ciudad de Orlando actualiza en su sitió web, a medida que notifica a los familiares: www.cityoforlando.net/victims.

Mataron a mi hijo, mataron a mi hijo

Madre de Miguel Honorato

una de las víctimas fatales

Otra madre que salió del lugar llorando apenas podía pronunciar las palabras. No dio su nombre y sólo se identificó como la madre de Miguel Honorato. El hombre de 30 años fue uno de los asesinados.

“Mataron a mi hijo, mataron a mi hijo”, dijo la señora mientras se alejaba a su vehículo, escoltada por una decena de voluntarios que le habrían paso entre un grupo de reporteros de varios medios del país.

Al menos una persona, Arlin Villegas, dejó el centro Beardall sin conocer el paradero de su ser querido. Villegas dijo que su amigo Ángel Candelario no aparecía en la lista de heridos o muertos. Una hora más tarde Ángel L. Candelario-Padro, de 27 años, fue agregado a la lista de los muertos.

Hacia las 2 de la mañana del domingo, Omar Mateen, un residente de Fort Pierce de 29 años, entró a la discoteca gay Pulse y abrió fuego de manera indiscriminada. Mató a 49 personas, hirió a 53 y murió abatido por la policía.

Es la masacre a tiros que deja más víctimas letales en EEUU. El domingo el gobernador Rick Scott declaró el estado de emergencia en el condado Orange y pidió al presidente Barack Obama hacer lo propio a nivel estatal. En el hospital Orlando Regional Medical Center, el personal médico atendió a decenas de personas de emergencia durante las 48 horas siguientes a la matanza y residentes del estado abrumaron los bancos de sangre para hacer donaciones. Decenas de víctimas aún se encontraban hospitalizadas el lunes.

La mayoría de los caídos son hispanos entre las edades de 20 y 40 años. El club Pulse, un lugar al que miembros de la comunidad LGBT han descrito como un refugio, celebraba una noche latina.

“Este fue el día más horroroso de toda la historia de la Ciudad de Orlando”, dijo el alcalde municipal Buddy Dyer en declaraciones el lunes. “Y aún así, hoy estoy más orgulloso de nuestra comunidad, porque nos hemos unido para apoyar a los familiares y amigos de las víctimas”.

La ciudad pidió que las vigilias y actos de homenaje en los que se reúnan una gran cantidad de personas, se realicen en lugares privados, como iglesias y centros de fe, no en áreas públicas.

El lunes por la tarde, afuera del hospital Orlando Regional Medical Center, cerca del downtown, se había improvisado un memorial con flores y veladoras. Un grupo de líderes religiosos llevaba a cabo una cadena de oración por las víctimas.

Las personas escribían mensajes de aliento en hojas de papeles de colores que luego eran dobladas y unidas unas con otras, formando eslabones de una cadena multicolor.

“Tantas almas arrebatadas antes de tiempo, espero que puedan encontrar la felicidad más allá de esta realidad”, decía uno de los mensajes.

El peruano Eduardo Cornejo, pastor de una iglesia Adventista del Séptimo Día en Columbia, Carolina del Sur, viajó hasta Orlando y ayudó a organizar la cadena de oración. Dijo que los papeles con mensajes eran una oportunidad para “expresar el dolor, los deseos y la esperanza de la gente”.

“El mal es real y existe, pero al ver a estas personas uniéndose a esta cadena, vemos que hay esperanza, deseos de salir adelante”, dijo Cornejo.

Unas horas antes, en el centro Beardall, algunos pastores ayudaron a consolar a los familiares de las víctimas, mientras que psicólogos y autoridades ofrecían asistencia e información, dijo a el Nuevo Herald Jorge Figueroa, pastor de una iglesia adventista de Forest City, en el área metropolitana de Orlando.

“Son heridas muy profundas”, dijo Figueroa. “A mi personalmente me tocó atender a una madre puertoriqueña cuyo hijo falleció, otro pastor amigo estuvo con una familia mexicana. La mayoría eran familiares de víctimas de origen puertoriqueño. También habían cubanos, un mexicano y un venezolano”.

Figueroa dijo que en la reunión se discutió información sobre los servicios fúnebres. Entre los familiares, una de las preguntas más comunes fue qué pasará con los vehículos de las víctimas, que quedaron en el estacionamiento de la discoteca Pulse. De acuerdo con Figueroa, las autoridades dijeron que los automóviles permanecen estacionados hasta que culminen las pesquisas.

Perdono al asesino de mi hija, no puedo vivir con un odio tan grande

César Flores

padre de Mercedes Flores

El guatemalteco César Flores, cuya hija Mercedes Flores, de 26 años de edad, fue una de las víctimas fatales, dijo en medio del llanto que no quería albergar odio por el responsable de la matanza.

“Perdono al asesino de mi hija, no puedo vivir con un odio tan grande”, declaró Flores. “Quiero que cuiden más a sus hijos, que vean la situación que estoy pasando, que sea un ejemplo para que todos estemos en unión, en paz, que todos nos amemos unos a otros porque no puede seguir este odio”.

Flores, quien acudió al centro acompañado de uno de sus otros dos hijos, dijo que Mercedes nació en Nueva York. Él inmigró desde Guatemala en la década de 1980. El lunes recibió una llamada telefónica del gobernador Scott, quien le pidió que asistiera al centro Beardall, según contó.

En un gesto de simpatía, alguien colocó claveles blancos y un recorte de cartulina con el mensaje “Be strong, you are loved ” (Se fuerte, eres amado), en los parabrisas de los autos estacionados cerca del Beardall Center.

Siga a Enrique Flor y a Brenda Medina en Twitter: @kikeflor y @BrendaMedinar

Esta historia fue publicada originalmente el 13 de junio de 2016, 9:25 p. m. with the headline "Masacre en Orlando: El dolor se agudiza entre las familias."

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