Sur de la Florida

Exigen justicia en el 4to aniversario de la muerte de un recluso en Miami-Dade

Cuatro años después de que el prisionero Darren Rainey, un hombre de 50 años con problemas mentales, muriera tras ser obligado a tomar una ducha de agua hirviendo, activistas a favor de una reforma carcelaria organizaron una protesta frente a la Fiscalía Estatal para pedir justicia.

Unas 15 personas que cargaban carteles con la foto del prontuario de Rainey pidieron a la fiscal estatal Katherine Fernández-Rundle que encause a él o los responsables de la muerte del hombre, que se ha convertido en un símbolo de los problemas en el sistema penitenciario de la Florida.

“¿Cuánto tiempo más habrá que esperar para que se haga justicia?”, dijo Gemma Pena, cuyo hijo Kristopher Rodríguez, que según ella sufre de esquizofrenia, está preso en Dade Correctional Institution, la misma cárcel donde murió Rainey. “En este país no hay justicia para todos. Esto tiene que parar. La tortura y el abuso tienen que parar”.

Rainey murió el 23 de junio del 2012, después de ser obligado a permanecer por dos horas debajo de una ducha de agua hirviendo cuya temperatura era controlada desde afuera. El reo imploró que lo sacaran de la ducha, pero nadie le hizo caso, de acuerdo con varios testimonios. Los restos de su piel quedaron esparcidos por el piso del baño.

Pena, la madre de Rodríguez, dijo que su hijo está recluido en una celda de aislamiento, y desde la muerte de Rainey teme meterse a la ducha.

“La última vez que lo vi tenía los pies negros del sucio, algunas veces no me reconoce, todo lo que hace es hablar de lo mal que está el sistema”, dijo Pena, entre lágrimas. Rodríguez fue encontrado culpable de homicidio involuntario por manejar bajo la influencia del alcohol y lleva siete años y medio en la cárcel. Pena dijo que está luchando para conseguir que se realice un nuevo juicio.

¿Cuánto tiempo más habrá que esperar para que se haga justicia?

Gemma Pena

manifestante

Aunque Rainey murió en el 2012, el caso fue mayormente ignorado por el inspector general de DOC y por la policía de Miami-Dade, quienes lo dejaron pasar por dos años sin interrogar a testigos que afirmaban tener evidencias de que Rainey fue asesinado por guardias penitenciarios que solían utilizar la ducha para torturar a reos enfermos. Los detalles fueron publicado dos años más tarde en una investigación de Miami Herald.

Los documentos sobre la muerte de Rainey, incluyendo su autopsia, no han sido publicados. Nadie ha sido castigado administrativamente ni ha enfrentado la justicia y dos de los agentes que estaban de guardia esa noche fueron ascendidos después del incidente. Otros dos dejaron el departamento con sus licencias de agentes del orden activas.

De acuerdo con sus propios reglamentos, la oficina de la Fiscal Fernández-Rundle no hace comentarios sobre un caso pendiente.

La Policía de Miami-Dade trató el caso de Rainey como una muerte sin explicación y no investigó las alegaciones hasta el 2014, cuando el Miami Herald empezó a investigar las muertes sospechosas en el sistema penitenciario estatal.

“Es un problema sistemático, porque se trata de algo que los empleados dentro del sistema aceptan como norma”, dijo George Mallinckrodt, un psicoterapeuta que fue testigo del maltrato de los reos en el Dade Correctional y lo denunció a sus supervisores. Unos meses después fue despedido.

Ahora Mallinckrodt trabaja con el grupo Paren el Abuso a los Prisioneros Ya o SPAN por sus siglas en inglés.

“Todavía hay muchas preguntas sin respuesta, mientras más lo pienso, no puedo creer que nadie haya encarado la justicia por matar a una persona”, dijo Mallinckrodt.

Desde la publicación de la historia de Rainey, Michael Crews, renunció a su cargo de jefe del Departamento de Prisiones de la Florida y han habido algunas reformas en el sistema penitenciario, sobre todo en el trato a los reos con enfermedades mentales. Pero el sistema aún no cuenta con suficientes empleados y todavía se reportan casos de incidentes de violencia en las cárceles.

“A mucha gente no le importa lo que pase con los presos porque piensan que son la escoria de la sociedad”, dijo una mujer que viajó desde Tampa para participar en la protesta y que pidió que su nombre no se usara porque su hijo se encuentra en una prisión de la Florida central. “Pero los jueces ya le dieron un tiempo de castigo que no incluye maltratos y tortura física y psicológica. Son humanos”.

La mujer dijo que lograr justicia en el caso de la muerte de Rainey ayudaría a otros prisioneros que temen hablar por temor a represalias, y que están siendo maltratados sin que nadie sea responsabilizado.

La reportera del Miami Herald Julie K. Brown contribuyó con este informe.

Siga a Brenda Medina en Twitter: @BrendaMedinar

Esta historia fue publicada originalmente el 23 de junio de 2016, 5:32 p. m. with the headline "Exigen justicia en el 4to aniversario de la muerte de un recluso en Miami-Dade."

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