El zika puede haber torcido el futuro de una bebé nacida en Miami
El día antes de dar a luz una niña en el Hospital Jackson Memorial en junio, María Ramírez de Mendoza estaba lista para llevarse la bebé a casa.
La pequeña Micaela Milagros Mendoza pesó 8 libras y 1 onza, tenía el cabello marrón y las mejillas rosadas, y ninguna señal visible de que el virus del Zika que su madre había contraído durante el tercer mes de embarazo había causado alguna complicación.
“Nació perfecta”, dijo Mendoza.
Pero Mendoza y su esposo, Omar, tuvieron que esperar para llevarse a casa la bebé, uno de los primeros recién nacidos en Estados Unidos con complicaciones relacionadas con el virus. Era evidente que la niña no tenía microcefalia, pero a los médicos les interesaba más lo que no podían ver.
A Mendoza le diagnosticaron Zika en abril, después de experimentar síntomas, como erupciones y dolor en el cuerpo, en diciembre. Así que los médicos le aconsejaron a la venezolana de 37 años que sometiera a la recién nacida a varias pruebas para medir el impacto del virus.
Los médicos mantuvieron a Micaela en el Hospital Infantil Holtz, del Jackson Memorial, durante dos semanas y media, dijo Mendoza. Y la sometieron a las pruebas: un ultrasonido del cerebro, y después una tomografía del mismo órgano. También le hicieron una punción lumbar y le examinaron los ojos.
“Tuvimos que esperar”, recordó Mendoza el miércoles en una entrevista con el Miami Herald. “Tuvimos que seguir esperando. La espera es una palabra que quisiera borrar de mi mente, pero no puedo”.
El ultrasonido mostró algunas señales preocupantes: Micaela tenía calcificaciones en una parte del lóbulo frontal. Otro examen reveló una cicatriz en forma de círculo en la retina del ojo izquierdo, síntomas que pueden ser provocados por varios tipos de virus, como el del sarampión y el citomegalovirus, así como la toxoplasmosis, dijo la Dra. Audina Berrocal, oftalmóloga del Bascom Palmer Eye Institute del Sistema de Salud de la Universidad de Miami.
“Las pruebas mostraron que había un proceso infeccioso en esa área de la retina”, dijo Berrocal, quien pertenece el equipo de respuesta al Zika de UHealth que atiende a Micaela. “Las calcificaciones son como los remanentes de una infección, un proceso inflamatorio en esa área del cerebro”.
Después de todas las pruebas y de que los médicos descartaran otras causas potenciales, la única explicación posible era el Zika.
“Me entregaron la bebé y me mandaron a casa” , dijo Mendoza, “porque no hay tratamiento para él”.
Desde que llegó a casa en Doral con su mamá a mediados de julio, Micaela ha tenido una vida normal, dijo Mendoza. La bebé, que ahora tiene 8 semanas, se dedica a dormir y a comer. Sonríe cuando Mendoza la arrulla y chupa el chupete con intensidad.
Mendoza dijo que los médicos le han prescrito a Micaela terapia física al menos dos veces a la semana. También recibirá tratamiento de seguimiento durante el futuro predecible, como electroencefalogramas, para medir la actividad eléctrica del cerebro, y mediciones mensuales del cráneo para determinar su crecimiento.
Como no se han realizado muchas investigaciones sobre el desarrollo físico y neurológico de niños con complicaciones de Zika, los médicos no pueden estar seguros de qué esperar.
“Incluso en la ausencia de microcefalia”, dijo Berrocal, “puede haber otros cambios en el cerebro debido al Zika, eso es lo que lo hace preocupante”.
Mendoza, quien pasó buena parte del embarazo presionada por la incertidumbre, dijo que ha descansado en su fe católica y en la buena voluntad de amigos en Miami para darle ánimo, en momentos en que sus emociones iban de la esperanza a la desesperanza.
“Este embarazo ha sido, no triste, sino muy difícil”, dijo, con los ojos llenos de lágrimas. “No quisiera que ninguna mamá pasara por mi situación”.
El segundo nombre de la niña es Milagros, dijo Mendoza, porque prometió honrar a la Virgen María si su hija no quedaba afectada por el virus.
Desde que Micaela nación, el esposo y tres hijos de Mendoza han regresado a Venezuela, donde esperan ansiosamente el día en que finalmente la familia se pueda reunir.
“Están encantados con su hermana”, dijo Mendoza de sus otros tres hijos, de una hija de 13 años y unos mellizos de 9.
Mendoza dijo que planea quedarse en el sur de la Florida, donde Micaela puede recibir un tratamiento médico de calidad. Dijo que los médicos en Venezuela no pudieron confirmar que tenía el virus del Zika cuando aparecieron los primeros síntomas en diciembre. También le dijeron que aunque fuera el Zika, la bebé no sería afectada, dijo.
Esta semana, todavía con incertidumbre sobre el futuro de su hija y ansiosa por encontrar respuestas, Mendoza llevó a Micaela al Hospital Infantil Nicklaus para una segunda opinión. Dijo que un especialista en enfermedades infecciosas le dio el mismo consejo que los médicos en el Jackson Memorial y el Bascom Palmer.
Berrocal dijo que hay buenas probabilidades de que el cuerpo de Micaela encuentre formas de compensar los efectos del Zika, porque el tejido cerebral en los bebés y los niños pequeños tiene “formas de remodelarse” que los adultos no poseen.
“Hay buenas probabilidades de que [Micaela] quedará muy poco afectada por el virus del Zika”, dijo Berrocal.
Esta historia fue publicada originalmente el 25 de agosto de 2016, 5:02 p. m. with the headline "El zika puede haber torcido el futuro de una bebé nacida en Miami."