Inmigración

LÍNEA DE INMIGRACIÓN: “A buen entendedor, ¡pocas palabras bastan!”

Estimado Sr. Rosenow: Constantemente leo su columna en el periódico el Nuevo Herald. Es muy encomiable que alquien con tanta experiencia en inmigración se ocupe de ayudar en forma gratuita a tantas preguntas y casos que se presentan en este campo. Mi pregunta es la siguiente:

Soy un joven de 77 años, divorciado hace 12 años aquí en Miami, ciudadano americano desde hace muchos años, que tiene una novia de 42 años en Sudamérica con una hija de 9 años y otro de 22 , que no son míos. ¿Será posible traerla a ella y a su hija menor a este país como turista, casarme aquí en Miami para legalizarla y conseguir su residencia, porque ella es madre soltera, yo recibo una pensión muy baja del Seguro Social, pero me lo complementan al mínimo con el SSI?

No tengo por ahora otros ingresos, justamente, siendo ella profesional, vendría a trabajar aquí para compartir los gastos, y al mismo tiempo sería como darme un poco de oxígeno para tener motivo de seguir viviendo, ya que estoy solo y deprimido y creo que también sería un incentivo para buscarme alguna actividad y mejorar mis ingresos.

Agradeceré contestarme a este e-mail con sus sabios consejos. Yo creo que una persona muere cuando no tiene por qué ni por quién vivir... Muy atentamente,

“Marcos”, (vía correo electrónico)

¡Gratuito, nada! (A excepción de mi servicio a presos o a ancianos mayores de 83 años, adivine usted por qué...)

Lo mejor y más admirable de su carta, apreciado don Marcos, es su optimismo primaveral (”Soy un joven de 77 años...”) Revisé cuidadosamente su redacción, no fuere que yo me haya equivocado, pero “no me cuadró la lista con el billete”... Si hubiera tenido 17, en lugar del guarismo septuagenario, su matrimonio y posterior divorcio 12 años atrás, no pasaría de ser un caluroso trastorno mental...

Pero el resto de su carta insinúa que usted es bipolar — salta de una profunda sensación de aislamiento y soledad, a todo un proyecto de reincidencia matrimonial, aunque revestido de un contexto literalmente pragmático, vale decir, “siendo ella profesional, vendría a trabajar aquí para compartir los gastos, y al mismo tiempo sería como darme un poco de oxígeno para tener motivo de seguir viviendo”...

Su pesimismo tan profundo (hasta Schopenhauer le queda chiquito...) no necesita un abogado como yo, sino un sicólogo, o aun, un siquiatra, que bien que no lo soy. Como mi campo son las leyes, mi régimen es la lógica, y aunque como ser humano he tenido mis flaquezas (“¡nadie es perfecto!’), me falta una pieza en el tablero de ajedrez como describe usted su vida – ella, ¡siempre hay una ella!

Entonces, ¿ella qué?! Para usted, ella es un objeto. (Todavía más, sus hijos son unos sub-objetos.) Pareciera su carta revelar que en la mente de usted el premio, motivación, y aliciente para ella es que saldría de Sudamérica con su hija menudita (el hijo no entra en el potaje que usted fantasea porque al momento del matrimonio el es mayor de 18 años, por lo cual el matrimonio no establecería con usted relación de hijastro-padrastro en términos inmigratorios).

Todo lo que sigue en su descripción son las ventajas prácticas que usted derivaría del contubernio que plantea. De hecho, “traerla como turista” no es tan simple – los consulados no regalan visas de turismo, y si usted entra en el cuadro, menos. Lo que sí podría lograr es traerla como fiancée (prometida), si puede demostrar que se han visto y tocado (es decir, no basta la internet) en el curso de los últimos 2 años.

De salirle todo como piensa, ella adquirirá residencia condicional por 2 años, convertible a residencia permanente tras ese plazo, si el matrimonio persiste. (Todo hay que probarlo – no bastan alegaciones.) Pienso que usted necesitará un buen abogado de inmigración para toda la tramoya que se propone. No me escoja a mí (muchas gracias...) porque yo le cobraría US$ 10,000, precisamente para que no me busque... No necesito decir más: “A buen entendedor, ¡pocas palabras bastan!”

MANFRED ROSENOW es un abogado y periodista de Miami especializado en temas de inmigración.

Escríbale a El Nuevo Herald, 3511 NW 91 Avenue, Doral FL 33172 o al correo electrónico rosenowesq@aol.com

Esta historia fue publicada originalmente el 28 de febrero de 2015, 2:00 p. m. with the headline "LÍNEA DE INMIGRACIÓN: “A buen entendedor, ¡pocas palabras bastan!”."

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