LÍNEA DE INMIGRACIÓN: Todo cubano ‘turista’ es un 99 por ciento inmigrante
¿Cuáles son las condiciones ideales para que un funcionario de la Oficina de Intereses de Estados Unidos en La Habana otorgue una visa B-2 a una persona joven?
Mi inquietud se deriva del hecho que recién solicité una entrevista para mi hermana, de 42 años de edad. Yo quisiera que nos visitara, pues yo y mi hijo no podemos visitar la isla ya que somos militares (mi hijo actualmente en servicio activo), pero todos me dicen que no le darán visa por ser joven.
Yo en verdad he estudiado y analizado y en realidad veo que las personas mayores son las que más se quedan amparándose en la Ley de Ajuste Cubano, para luego ser carga pública. Muchas gracias.
“Héctor” (enviado desde mi iPhone)
Interesante su carta, no por breve menos importante, puesto que responde a una inquietud muy generalizada en este mundo convulso en que a usted, a mí mismo, y a todos los lectores de esta columna nos toca a diario subsistir.
El tema que usted plantea tiene dos ángulos decisivos – uno, técnico-inmigratorio, y otro, netamente político. Comenzando con lo técnico (y universal), la definición de visa B-2 a grosso modo es una autorización del Departamento de Estado (que aquí hace las veces que en Cuba ejerce el Ministerio del Interior, el famoso MININT cubano), autorización la cual le permite a un extranjero ingresar a Estados Unidos por un lapso actualmente estandarizado en 6 meses.
Antes de analizar en detalle aspectos tanto técnicos como políticos de la visa B-2, comencemos por señalar un principio universal que rige la expedición de una visa B-2, es decir de una visa de visitante (turista), tanto en Afganistán como en Pelafustán, vale decir, en todo el mundo: el consulado mira hacia las raíces del solicitante – factores que hagan presumible que el beneficiado vendrá, sí, a Estados Unidos, pero que tras de su visita ó paseo, ¡volverá a su país de origen! – familia, propiedades, actividades, y sobretodo, empleo (”empleomanía’, dicen los cubanos). Quien no tiene esa raigambre, es probable que no tenga ganas de regresar... y – el pero fundamental – la visa B-2 no es para emigrar, sino para visitar. Por ahí está el quid de la cosa en el caso de su hermana y, en general, el de las personas jóvenes, las que no están en edad de retiro, sino – presumiblemente—en edad de trabajar.
Cuando el oficial de inmigración que atiende la cola de los llegados tiene dudas, su alternativa es mandar al bajado del avión “al cuartito” – un segundo panel de oficiales de inmigración que le hacen “inspección secundaria”, un proceso bastante molesto y asustador, en el sentir de muchos extranjeros. En este posterior filtro, la admisión de extranjeros es muy variable, pero sin duda menos favorable, al someter al atemorizado extranjero a lo que suelen ser varias horas de intenso interrogatorio. ¿Su mejor resultado? Su admisión en estatus B-2 por 6 meses. ¿El peor? La negación de su entrada al país y su devolución en el mismo avión que lo trajo (o el siguiente). Todo esto le produce una mancha que le queda en el computador para cualquier gestión futura. Hasta ahí, en resumen abreviado, la puerta técnica que el extranjero debe rebasar para, ¡al fin!, llegar a Estados Unidos.
Pasemos ahora a las consideraciones políticas. La entrada más fácil suelen tenerla los europeos y los del Asia oriental, incluidos Japón y Oceanía (Australia). ¿Por qué? Porque son los menos propensos a violar su estatus de visitantes (turistas) y quedarse, de cualquier manera, en el país. Casi todos ellos están muy arraigados en sus países, y no vienen a Estados Unidos a “aventurar”. Los latino- o centroamericanos, ¡todo lo contrario!
El caso de los cubanos es el más singular. Cubano que logra ser admitido en cualquier estatus en este país (incluida, admisión bajo palabra, o sea, parole), al “año y un día” puede pedir su residencia, y 5 años después, si la amerita, gestionar su ciudadanía. El cubano joven, en el 99 por ciento de los casos, una vez acá, no se vuelve a ir (”¿para dónde?”, dirá).
El diferendo Cuba-Estados Unidos (¡medio siglo sin hablarse!) a partir del 17 de diciembre está en pleno proceso de un cambio. No necesito decir más. “Amanecerá y veremos”...
MANFRED ROSENOW es un abogado y periodista de Miami especializado en temas de inmigración.
Escríbale a El Nuevo Herald, 3511 NW 91 Avenue, Doral FL 33172 o al correo electrónico rosenowesq@aol.com
Esta historia fue publicada originalmente el 28 de marzo de 2015, 7:04 p. m. with the headline "LÍNEA DE INMIGRACIÓN: Todo cubano ‘turista’ es un 99 por ciento inmigrante."