LÍNEA DE INMIIGRACIÓN: El camino más simple para niño chileno-cubanito
Buenas tardes, ilustre señor. En primer lugar, felicidades y agradecimiento por su labor, su generosidad, su conocimiento, y, ¿por qué, no?, una mezcla de humor de toda Latinoamérica.
Mi consulta: Tengo una amiga, ciudadana cubana, residente en Chile, quien tiene un hijo de 9 años, ciudadano chileno. De ellos llegar a este gran país, ¿puede su hijo acogerse a la Ley de Ajuste Cubano?
Gracias de antemano y que Dios le de mucha salud, prosperidad, y larga vida. Y saludos a su insustituible compañera de tantas batallas, su gran esposa.
“Héctor”, (vía correo electrónico)
Gracias, apreciado Héctor, por su gentil, concisa, y breve cartita, ejemplo de concreción y de generosa amabilidad hacia el suscrito y, como usted bien dice, mi insustituible esposa, Teresa.
Por particular hábito, al abrir la carta, mis ojos se dirigen ante todo al nombre del firmante, y allí, antes de entrar en la materia de la comunicación misma, mi mente salta a través del espacio y el tiempo a impresiones, admito, menos que racionales, esotéricas, una especie de película (ó filme, como dicen ahora los puristas del idioma). En su carta veo, 30 siglos atrás, a Héctor, hijo del rey Príamo y su esposa Hécuba, gobernantes de Troya, y hermano del desdichado Agamenón (recordemos a Menelao...), hasta tanto nuestro virtualmente invencible héroe, cayera abatido por Aquiles, ¡enteramente impenetrable! (blindado, se diría hoy día) salvo por su expuesto talón, sitio por donde, al final, lo hiriera de muerte una flecha tiria...
¡Pamplinas! ¿Algo que ver, acaso, esta historia de tirios y troyanos con su amiga chilena, o aun con el niño de ella, eje de su pregunta?! Nada, niente, zilch... “Y sin embargo, se mueve...”, musitaría Galileo 3,000 años después al abjurar prudentemente de su desafío teológico al entonces dogma eclesial de la “absurda” (?!!) inmovilidad de la Tierra...
“Manfred, ¡bájate de esa nube!”, me grita a este punto mi subconsciente, en tanto que yo, remozado Quijote de nuevas épocas, navego alegre por los albores de la fantasía... El chilenito de su caso, apreciado Héctor, no tiene ningún problema para usufructuar los beneficios de la Ley de Ajuste Cubano, como usted pregunta. ¿Por qué? Porque la nacionalidad no es como el color de los ojos (que, hasta el día de hoy, es intransmutable, vale decir, no se puede cambiar). En el caso de marras, el niño tiene, de hecho, dos nacionalidades: la chilena, por el ius solis (la ley del país de su nacimiento), y la cubana por el ius sanguinis (la ley de la sangre, como hijo de madre o padre cubano). Esta norma, consignada en la Constitución de la isla desde 1940 y reiterada en la castrista de los años 1970s, sigue celosamente protegida por el actual (des)gobierno cubano, por razones tal vez espúreas, pero de gran sentido práctico (léase, pecuniario). (Ningún cubano naturalizado en Estados Unidos, por ejemplo, es admitido en la isla a menos que llegue con pasaporte cubano – pingüe medida de productivo “orgullo nacional”...)
Es así, pues, que el chicuelo chileno-cubanito conserva alternativamente ambas ciudadanías para Cuba. Lo que sí no es prudente es que llegue a Estados Unidos con pasaporte chileno y bregue por su admisión como cubano, con miras a hacerse residente legal permanente un año y un día después. Por ahora al niño le falta la evidencia de su ciudadanía cubana. Aunque no habría nada ilegal en esta variante, sería como rascarse la oreja izquierda con la mano derecha... Tampoco considero provechoso entrar a explicar a un oficial de recibo en un puerto fronterizo todo el intríngulis aquí detallado, cuando todo se puede evitar entrando de una vez con pasaporte cubano. “Simplify, simplify...” (”Simplifica, simplifica...”) es el gran exhorto del inolvidable Henry David Thoreau, sapientísimo filósofo estadounidense que en todos los ámbitos nos señala la mejor de las rutas a tomar...
¿Qué más le digo? Lo obvio: comience por el consulado de Cuba en Santiago de Chile a obtener la inscripción de nacimiento y el pasaporte cubanos. Lo esencial es entrar a este país legalmente. (Por frontera se facilitaría la entrada para el niño como cubano.) ¡Al final de cuentas, curioso que soy, reláteme la conclusión de la aventura!
MANFRED ROSENOW es un abogado y periodista de Miami especializado en temas de inmigración.
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Esta historia fue publicada originalmente el 11 de abril de 2015, 5:26 p. m. with the headline "LÍNEA DE INMIIGRACIÓN: El camino más simple para niño chileno-cubanito."