LÍNEA DE INMIGRACIÓN: ¡No caiga en las garras de malandrines inmigratorios!
Buenos días. Le escribo desde Cuba ya que tengo varias dudas relacionadas con mi situación.
Mi novia viajó hacia Estados Unidos hace casi 2 meses bajo concepto de reunificación familiar, por lo que debe recibir su estatus de residente permanente al cumplir el año y un día requerido. Nuestra intención es casarnos una vez ella obtenga este permiso y pueda viajar hacia Cuba. Queremos reunirnos en Estados Unidos y solicitar la permanencia permanente para mi también. Las dudas que tenemos se centran en lo siguiente.
¿Debemos esperar a que ella obtenga la residencia permanente para comenzar el proceso de reclamación, o podemos hacer algo desde ahora y así adelantar el proceso? ¿Qué pasos debemos seguir para reunirnos lo más pronto posible, y qué tiempo estima usted que lleve según otros casos similares? ¿Es recomendable solicitar la ayuda brindada por páginas web como [omitido] para acelerar el proceso? ¿Tiene usted alguna recomendación o consejo extra?
Le agradeceríamos muchísimo su ayuda, de la cual estamos bastante necesitados para orientarnos correctamente.
Saludos,
“Anónimo a solicitud”, Cuba (vía correo electrónico)
Interesante su carta, anónimo amigo cubano, por cuanto más allá de su situación de pareja, la que contesto con mucho gusto, toca usted un punto álgido de proliferación de anuncios de “servicios” inmigratorios (??!) que bien merecen, o más bien exigen a gritos, una voz de extrema alerta.
Primero, lo suyo. No existe “reunificación familiar” entre un residente legal permanente y su novia o novio en el exterior. Ese vínculo sólo opera, en la esfera inmigratoria entre un ciudadano estadounidense y su prometido (su fiancé ó fiancée). (La única novedad al respecto es que, al tenor de la época, ya el matrimonio homosexual (!) ha sido reconocido a nivel de un número creciente de estados de la Unión, y de ahí cabe preguntarse, lógicamente, ¿cuánto tardará en ocurrir lo mismo respecto de los prometidos del mismo sexo?!) Pero estas elucubraciones nada tienen que ver con usted. Lo único real para su caso es que hasta tanto establezcan su matrimonio, entre la agraciada y usted no existe vínculo alguno que le sirva de base para que ella lo “pida” a título alguno.
Claro está que si ella, cuando ya sea residente, viaja a Cuba (o a cualquier otro país intermedio) y se casa normalmente con usted, podrá entonces pedirlo inmigratoriamente, y ahí sí surge la siguiente pregunta: ¿cuánto tardaría en tener efecto esa petición?! Respuesta: no será instantánea (como ocurriría con una petición conyugal hecha por un ciudadano estadounidense), sino que tardará, pienso yo, unos 3 a 4 años en tocarle su parole y así poder inmigrar usted al igual que lo hizo ella.
En todo lo que he expresado hasta ahora, es altamente aconsejable que ella se valga de un buen (¡y reconocido!) abogado de inmigración, que le conduzca su caso con pericia y honestidad, evitando que se empañe con errores de procedimiento. Cabe aquí mencionar también que las relaciones político-diplomáticas entre Washington, D.C. y La Habana, tras medio siglo de interrupción, del 17 de diciembre pasado a esta parte están en una novedosa evolución, y que de ella pudieran surgir factores o modificaciones que cambien favorablemente los casos inmigratorios.
Dicho todo lo anterior, la importante voz de alerta que mencioné al principio. Medran, pululan, abundan negocios que operan al margen de lo establecido por el Colegio de Abogados (el Bar) de la Florida, entidad que vigila celosamente el desempeño y la conducta de los profesionales en la compleja área de la inmigración. Aquellos “tramitadores”, “expertos” o “especialistas” se burlan de los controles que cuidan y vigilan la actuación de los profesionales y ofrecen, en cambio, “servicios” a precios inferiores o reducidos, que en el 99 por ciento de los casos son auténticos robos a la buena fe de quienes caen en la tentación de evitarse honorarios de genuinos profesionales. Primera observación: donde no aparezca (o no se identifique) el nombre de abogado alguno, sino simplemente alguna sigla o un particular no-abogado, ¡desconfíe y no caiga en sus garras! ¡Mucho ojo!
MANFRED ROSENOW es un
abogado y periodista de Miami
especializado en temas de inmigración.
Escríbale a El Nuevo Herald,
3511 NW 91 Avenue, Doral FL 33172 o al correo electrónico rosenowesq@aol.com
Esta historia fue publicada originalmente el 15 de mayo de 2015, 7:09 p. m. with the headline "LÍNEA DE INMIGRACIÓN: ¡No caiga en las garras de malandrines inmigratorios!."