Inmigración

Los padres ante el dilema de la deportación. ¿Tendrán estos hijos que decidir entre un futuro en EEUU o su familia?

En cuanto el reloj marca las 3 de la tarde comienzan las preguntas.

La pequeña Roxana Gozzer, con tan solo 5 años, sabe muy bien que su padre debe llegar a casa a esa hora del trabajo y como no lo ve, interroga a su madre al respecto.

“¿Donde está papi? ¿Cuando viene? ¿Y mi surprise donde está?” repite una y otra vez, mientras sus labios tiemblan y sus ojos se llenan de agua.

Walter Gozzer solía llevarle a diario una sorpresa a su hija, usualmente un dulce, un juguete o una plantita.

Pero desde que Gozzer fue detenido por las autoridades de inmigración en febrero y deportado un mes después a Perú, su país de origen, no ha regresado a casa. Gozzer entró a Estados Unidos en 1988 con una visa de turismo que pronto se le venció y desde entonces ha vivido indocumentado. En el año 2000, según declaraciones de las autoridades de inmigración, un juez le ordenó irse del país de forma voluntaria pero nunca lo hizo y se mantuvo en el país de forma ilegal.

Sus tardes con Roxana se han acabado. Conseguía el regalo justo después de finalizar su jornada como albañil en cualquier obra de construcción en la que se encontraba ese día. En cuanto entraba por la puerta de su casa, el y Roxana se divertían con un juego en el cual ella se escondía y el la buscaba, pretendiendo estar <FZ,1,0,97>preocupado. Cuando la encontraba, la abrazaba y ella le pedía que jugaran a las muñecas. El siempre la complacía.

Lili Montalván, sin embargo, la esposa de Walter y madre de Roxana, siempre abraza a su hija y le responde lo mismo. “Pronto va a venir papi y te va a traer muchas surprises.”

No está segura si su hija le cree o no, pero sabe que eso es lo que tiene que decirle. Montalván sabe que necesita ser fuerte para Roxana y su primogénito de 17 años, Ronnie. Ambos hijos, ciudadanos americanos, ya perdieron a su papá este año, y pronto podrían perder a su mamá también.

“Siempre pa’lante, nunca pa’trás”

Montalván llegó de El Salvador en 1995 en busca de nuevas oportunidades. A los 17 años, su familia la envió con un coyote a Estados Unidos, pero a la mitad del camino el grupo de migrantes se quedó sin dinero. En vez de regresar a su país, Montalván decidió vivir en México un tiempo mientras se las ingeniaba para llegar a su destino final.

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Lili Montalván, de El Salvador, y su hija Roxana Gozzer, de 5 años, en su casa de Fort Lauderdale el 11 de abril de 2019. El esposo de Lili, Walter Gozzer, fue deportado el 21 de marzo a Perú, su país de origen, después de vivir en Estados Unidos más de 30 años. AL DIAZ adiaz@miamiherald.com

“Me decía a mi misma, ‘siempre pa’lante, nunca pa’trás’”, dijo, mientras recordaba esos días en los que se dedicaba a limpiar casas y cuidar niños cerca de la frontera para ahorrar dinero. Unos meses después logró cruzar por Texas y después de pasar por varios estados y realizar varios trabajos llegó a la Florida.

En 1999, mientras se dedicaba a vender productos del hogar tocando de puerta en puerta, conoció Gozzer, quien había nacido y crecido en Perú.

Cuando Gozzer se graduó de la escuela, sus padres lo enviaron a la universidad en México, pero a la mitad de la carrera, recordó Montalván, la familia de Gozzer ya no podía financiarle sus estudios. En vez de regresar a Perú, Gozzer solicitó una visa de turista de Estados Unidos. Vino en 1988, pero su estancia legal venció poco después.

Al final, el peruano y la salvadoreña se enamoraron y en noviembre de este año cumplirán 20 años de matrimonio.

En estos días, Montalván piensa mucho en como celebrarían su aniversario y espera que puedan hacerlo juntos. Cada madrugada, cuando se levanta para despertar a Ronnie para que vaya a la escuela, recuerda que antes lo hacía igual para prepararle el desayuno y el almuerzo a su esposo.

Poco después de las 5 a.m., mientras ella preparaba burritos, avena o lo que tuviera para comer ese día, él entraba a la cocina y bromeando le daba una nalgada y un beso, y le decía “buenos días”.

Roxana extraña a su padre por las tardes más que nunca, pero Montalván lo extraña por las mañanas. Antes, lo primero que veía al despertarse era a su esposo, ahora es su hija, quien empezó a dormir con ella desde que su papá no está. Las mañanas en las que Roxana amanece abrazando una foto de su papá, que está en la mesita de noche, son difíciles.

“Ahí es cuando la soledad más se siente”, declaró Montalván.

Otras mañanas difíciles son en las que Ronnie, quien es un alumno destacado, se niega a ir a clases. A pesar de que Montalván no siempre sabe cómo comunicarse con su hijo, quien hablaba más con su padre que con ella, sabe que la separación de la familia tiene mucho que ver con su comportamiento.

Un día después que el padre fue deportado, Montalván recibió una llamada de la escuela de Ronnie. Era la psicológa, a quien Ronnie había ido a ver esa mañana. Ronnie le dijo a la psicóloga que necesitaba hablar con alguien, y la psicóloga quería ofrecerse a ayudar con algo a Montalván.

“Yo trato de apoyarlo, pero el es muy independiente”, dijo su madre.

Al margen de la legalidad

Desde que llegó, pese a no tener permiso para trabajar, Gozzer se dedicó a la construcción para sobrevivir. Fue él quien hace 18 años diseñó y construyó la casa en la que ahora vive su familia en Fort Lauderdale.

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Walter Gozzer fue deportado a Perú el 21 de marzo después de vivir en Estados Unidos más de 30 años. AL DIAZ adiaz@miamiherald.com

En el 2014, Montalván dijo que Gozzer, tratando de legalizar su situación, solicitó un permiso de trabajo, que le rechazaron. Aproximadamente en esa misma época, la Policía de Inmigración y Aduanas (ICE) lo empezó a citar en sus oficinas en Miramar para chequeos de vez en cuando.

Montalván tiene permiso de trabajo, que consiguió cuando le dieron el Estatus de Protección Temporal (TPS) en el 2001. Ella ha trabajado de vez en cuando en limpieza, ventas y otras cosas cuando no ha tenido que cuidar a sus hijos. Ahora se dedica a cuidar a Roxana y mantiene la familia con ahorros, pero pronto buscará trabajo si su esposo no vuelve.

El TPS es una autorización temporal que permite a personas de determinados países vivir y trabajar legalmente en Estados Unidos, y hasta solicitar la licencia de conducción.

Gracias a esto último, era ella quien manejaba a dejar y recoger a Gozzer en el trabajo, y hacía todos los mandados de la familia.

“Uno quiere estar conforme a la ley”, dijo Montalván. “Él siempre trataba de hacer todo bajo la legalidad. Esperabamos que los políticos lo notaran y pudieramos quedarnos así. Lo esperamos todavía, pues”.

El problema con el TPS es que desde que el presidente Donald Trump llegó al poder y apretó las tuercas en materia de inmigración, ha amenazado con eliminar el TPS para los salvadoreños y ciudadanos de otros países. En este momento, el presidente y su gbierno batallan en los tribunales con ese objetivo.

De ser así, sus dos hijos se quedarían solos en Estados Unidos, o se verían obligados a dejar su futuro aquí y seguir a sus padres.

“No lo creo, es mentira”

Fue durante uno de sus chequeos rutinarios con ICE que Gozzer fue detenido el 20 de febrero.

Ella lo llevó a Miramar y lo dejó en el lugar a eso de las 8 a.m., y fue a Publix a comprar comida. Pero alrededor de la 1 p.m. recibió una llamada de su esposo: “A mi me dejaron. Ándate a la casa”, le dijo.

En ese momento, a Montalván no le había pasado por la mente que autoridades fueran a deportar a su esposo, quien había vivido más de 30 años en el sur de la Florida y no antecedentes penales. Pero de todas formas llamó a su hijo y le contó lo ocurrido. Ronnie “pegó un grito y empezó a llorar”, dijo Montalván.

El siguiente mes pasó rápido para Montalván, entre conversaciones con su abogado y visitas al Centro de Detención de Krome, en 18201 SW 12 St en Miami. A su hija le decía que su papá estaba trabajando.

Pero luego, el 20 de marzo, recibió una llamada inesperada de su esposo, quien le dijo que creía que lo iban a deportar. Un día después, la llamó poco antes que lo montaran en un avión y le dijo que lo estaban regresando a Perú.

“No lo creo, es mentira”, le dijo Montalván entre lágrimas.

Al escuchar la noticia, Montalván sintió que se le desgarraba el corazón. Se echó a llorar, pero tuvo que controlarse. Llamó al hermano de Gozzer en Perú y averiguó como podía mandarle una maleta con ropa, porque el hombre se iba solamente con lo que tenía puesto.

Néstor Yglesias, portavoz del ICE, dijo en un comunicado que en el 15 de diciembre de 1999 un juez de inmigración, tras reconocer a Gozzer como un ciudadano peruano que estaba ilegalmente en Estados Unidos, le ordenó salir voluntariamente del pais, lo que significa que tenia que hacerlo a más tardar el 14 de enero del 2000.

Como Gozzer no regresó a Perú voluntariamente, las autoridades emitieron una orden de deportación definitiva.

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