Inmigración

Reapertura del centro de detención de Homestead durante la pandemia genera preocupación por la salud

Cuando piensa en el periodo de tiempo que pasó trabajando en el centro de detención de Homestead en 2018 y 2019, Susana recuerda haber tenido que lidiar con enfermedad tras enfermedad. El trabajo de Susana la ponía en contacto directo, todos los días, con muchos de los miles de niños migrantes no acompañados que residían dentro del centro antes de que cerraran. Según Susana, las condiciones de hacinamiento y las prácticas de higiene deficientes significaban que el riesgo de enfermarse era constante. Alguien siempre parecía estar afectado por un resfrío, la gripe o la varicela.

En la opinión de Susana, la infección pulmonar que la envió al hospital mientras trabajaba en el centro de detención estaba directamente relacionada con sus condiciones de trabajo.

“Yo estuve enferma todo el tiempo que trabajé allí”, dijo Susana, cuyo nombre ha sido cambiado debido a un acuerdo de confidencialidad firmado con Caliburn, la empresa privada contratada bajo la administración Trump para operar la instalación. “Y no era solamente yo. Había mucha gente que terminó con neumonía. Todo el mundo estaba enfermo. Esa es la verdad”.

Con la administración Biden preparándose para reabrir el centro —ahora conocido como Biscayne Influx Care Facility— durante la pandemia, Susana es una de las voces expresando su preocupación de que las instalaciones están mal equipadas para enfrentar al COVID-19, y que la reanudación de las operaciones podría comprometer la salud no solo de los chicos detenidos, sino también la del público en general de Homestead.

“Si no pudieron controlar la flu y la gripe normal, ahora imagínate con este tipo de virus”, dijo Susana. “No es un lugar seguro. No hay manera de controlar una epidemia”.

Lis-Marie Alvarado, una activista de inmigración, está igualmente preocupada. La organización a la que está afiliada, el American Friends and Service Committee, estuvo entre las que llevaron a cabo una protesta a principios de este mes exigiendo que el centro de detención permaneciera cerrado.

“Mantener el centro de detención cerrado es la única forma de mantener seguros a los niños inmigrantes y es la única forma de prevenir un riesgo adicional de COVID-19 en la comunidad. Creo que no hacerlo resultaría en más infecciones y muertes en Homestead, una comunidad que de por sí ya tiene que lidiar con inequidades sociales, económicas y ambientales”, dijo.

“Muchas personas en Homestead están luchando desde que empezó la pandemia para encontrar ingresos estables, [pero] un centro de detención no es la solución que nuestra comunidad necesita. No necesitamos un lugar que ponga a los trabajadores en riesgo de contraer COVID-19 y... y que encierre a personas como nosotros, a otros inmigrantes. Necesitamos soluciones para las dificultades económicas que no pongan vidas en riesgo “.

CÁRCELES Y CENTROS DE DETENCIÓN: FOCOS DE CONTAGIO

Desde los primeros días de la pandemia, las instalaciones correccionales, las cárceles y los centros de detención han sido focos de contagio del COVID-19, debido al hecho de que los reclusos restringidos a dormitorios o celdas abarrotadas no pueden mantener distancia social y tienen acceso limitado a otras precauciones antivirus.

Para rastrear la propagación del nuevo coronavirus en la población carcelaria de Estados Unidos, Kathryn Nowotny, profesora del Departamento de Sociología de la Universidad de Miami, ayudó a lanzar el Proyecto de Prisiones COVID. Los datos de esa iniciativa muestran que las personas encarceladas tienen casi cinco veces más probabilidades de dar positivo a la prueba de COVID-19 que la población general, y casi tres veces más probabilidades de sucumbir a la enfermedad. Y la mayoría de los brotes más grandes del país se han producido dentro de las instalaciones correccionales.

“Los entornos penitenciarios han generado sistemáticamente las agrupaciones de casos más grandes en los Estados Unidos durante el curso de la pandemia”, dijo Nowotny al Herald en un comunicado enviado por correo electrónico.

Las infecciones dentro de las prisiones con frecuencia se filtran a las comunidades circundantes y pueden propagarse ampliamente entre el público, como resultado de las constantes entradas y salidas de guardias y visitantes. Los investigadores han documentado repuntes en los casos y muertes de COVID en las comunidades adyacentes a las instalaciones carcelarias.

Si bien no está claro cuáles serán las pautas de prevención contra el COVID se implementarán en el centro de detención de Homestead una vez que vuelva a abrir, regulaciones de distanciamiento social se han implementado dentro de los refugios permanentes administrados por el Departamento de Salud y Servicios Humanos, la agencia que supervisa los servicios para niños migrantes. De hecho, la necesidad de adherirse a las pautas de distanciamiento social en los refugios de HHS en medio de un aumento de los cruces fronterizos de menores no acompañados es una de las razones por las que se están reabriendo instalaciones temporales como la de Homestead.

Dada la negligencia en el cumplimiento de los protocolos de higiene que presenció durante su pasado empleo en el centro de detención, Susana se dice escéptica de que una enfermedad tan transmisible como el COVID-19 pueda ser contenida.

“Los niños que estaban allí tenían entre 13 y 17 años”, dijo Susana. “¿Cuánta gente tiene que estar ahí para asegurarse de que los niños se laven las manos, se mantengan a seis pies de distancia y usen máscaras prácticamente las 24 horas al día?”

Lo que podría agravar el riesgo potencial de COVID si se reabre el centro son las características y vulnerabilidades de su probable fuerza laboral. Cuando era empleada, Susana dice que muchos de sus colegas vivían en hogares multigeneracionales, algunos dependían del transporte público y entraban en contacto con muchas personas para ir a trabajar. La mayoría de las personas que trabajaban en el centro, incluida la propia Susana, carecían de seguro médico.

Tener que trabajar en el centro durante la pandemia “es algo que podría afectar gravemente a esa comunidad” de trabajadores, dijo.

Personas que no tienen intención de trabajar en el centro, pero que viven cerca, también se están poniendo nerviosas. Eso incluye a Reyna, una trabajadora agrícola que se negó a dar su nombre completo debido a su estado migratorio. Dice que vive a menos de 10 minutos del lugar de detención.

“La verdad es que para mi está muy mal que abran. En primer lugar por los niños que se pueden enfermar, y segundo por la gente que vive aquí cerca, como yo”, dijo. “Uno también se puede enfermar”.

Esta historia fue publicada originalmente el 17 de marzo de 2021, 7:00 a. m..

Lautaro Grinspan
Miami Herald
Lautaro Grinspan is a bilingual reporter at the Miami Herald and el Nuevo Herald. He is also a Report for America corps member. Lautaro Grinspan es un periodista bilingüe de el Nuevo Herald y del Miami Herald, así como miembro de Report for America.
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