Para el médico venzolano, no todo es agua de rosas
Buenos días señor Manfred Rosenow: Espero tenga un excelente día.
El presente correo es para solicitarle su información acerca de la forma más idónea para emigrar a Estados Unidos; Soy venezolana, médico pediatra, y tengo 37 años (13 años de experiencia en el ejercicio de la medicina, de los cuales los últimos 8 años han sido en Pediatría). Mi esposo es Licenciado en contaduría (14 años de experiencia), tiene 37 años y tenemos dos hijos de 4 y 9 años. Todos tenemos visa B1/B2.
Ciertamente las cosas en mi país no están nada bien... pero quisiéramos probar en los Estados Unidos. Me encantaría poder estudiar y trabajar allá, para convalidar mis estudios; pero necesitamos saber si es posible. Aun estamos en Venezuela y el doctor (nombre omitido) nos recomienda hablar con usted por considerarlo uno de los mejores en el área de inmigración.
Agradecida de antemano,
“Nombre omitido”, Venezuela (vía correo electrónico).
Agradecido de conclusión a mi dilecto recomendador, la gente a veces dice cosas y la mayoría de ellas no pasan de ser más que conjeturas u opiniones de poco peso y sustancia. Quiera Dios que esta vez mi citado propagandista ya haya recibido el cheque que le mando todos los meses (ha, ha) por su elogiosa colaboración...
Pero basta de bromas, porque su caso es.... difícil y serio. Inmigrar a Estados Unidos como médico, que debiera ser, en buena lógica, lo más fácil del mundo, ¡es todo lo contrario, por no decir que virtualmente imposible!
La razón de esta sin-razón (recuerde usted a Santa Teresa de Jesús – “la razón tiene sinrazones que la misma razón no entiende”...) – es la auto-defensa de este pingüe y poderoso gremio – el de los médicos estadounidenses—que se defiende “como gato boca arriba” de la competencia de los médicos extranjeros, por una razón (¡otra sinrazón...!) que es precisamente la de lo mejores que son estos intrusos (?!) comparados a sus homólogos de este país. Esta opinión mía requiere, por supuesto, de una inmediata corrección: médicos los hay formados en Estados Unidos, tan excelentes como el mejor médico de otra nacionalidad. No necesito siquiera probar esta conclusión, porque de no ser así, muy posiblemente yo ya no estaría escribiendo esta columna tras mi operación de cuatro by-passes de mi propio corazón (2005) y continuadas intervenciones arteriales, todo ello quedando más cosido que un saco de papas, pero con mi cerebro tan intacto como para seguir pergeñando esta columna 10, 15, 20 ó más años, Dios Misericordioso dispondrá...
Pero (perdón...), regresemos a su importante carta. Al médico extranjero sólo le queda volver a hacer 8 años de carrera y graduarse de médico otra vez acá, ó resignarse (tras mucho esfuerzo) a ser un asistente de médico (physician assistant), impedido de actuar a responsabilidad propia y por supuesto a costa de su orgullo, su sueño tranquilo, y su productividad pecuniaria. La situación de su esposo es considerablemente más sosegada, porque él sí podrá, haciendo números y trabajando a nivel general, si tiene ó si adquiere idoneidad suficiente en el idioma inglés.
Todo lo anterior, en cuanto a su(s) desempeño(s) profesionale(s). La parte inmigratoria – mi especialidad—es aguja de otro pajar. Las visas B-1/B-2, excelentes para entrar legalmente al país, admitidos por 6 meses (extensibles a otros 6 meses, aunque cada vez con más dificultad), pero sin (¡imposible!) permiso de trabajo. Unica alternativa: antes del vencimiento de su primer año en este país, pedir asilo. No crea usted que obtenerlo es cosa de cantar y coser... Para lograrlo es necesario demostrar persecución y peligro para la vida misma por al menos una de cinco razones posibles: religión, raza, nacionalidad, opinión política, ó membresía en un grupo particularmente perseguido en su país. ¡Nada fácil...! Un 30 por ciento, aproximadamente, de los venezolanos lo obtienen; el resto de ellos quedan aquí, marginados por la ley, pero interinamente tolerados, mientras se definen las situaciones políticas en su país. ¡Piénselo bien!
MANFRED ROSENOW es un
abogado y periodista de Miami
especializado en temas de inmigración.
Escríbale a El Nuevo Herald,
3511 NW 91 Avenue, Doral FL 33172 o al correo electrónico rosenowesq@aol.com
Esta historia fue publicada originalmente el 25 de junio de 2015, 6:13 p. m. with the headline "Para el médico venzolano, no todo es agua de rosas."