Inmigración

Huyendo de la guerra, una madre ucraniana y sus hijos se refugian en el sur de la Florida

Cuando Iryna Timoshenko se fue de su hogar en el bosque cerca de Kyiv en febrero, las bombas rusas aún no encendían los cielos de Ucrania.

Habría llevado más que su maleta de viaje de negocios llena de ropa de trabajo y su computadora. Habría empacado todo su país si pudiese. En cambio, Timoshenko se despidió de su familia y viajó desde la capital ucraniana a Lviv, una joya arquitectónica cerca de la frontera con Polonia.

Menos de 24 horas después, se despertó en su hotel con una avalancha de mensajes.

¿Escuchaste lo que pasó?

Una guerra con Rusia era impensable. No llovían misiles en Lviv.

Pero los mensajes continuaron: de amigos, familiares, chats de padres de los amigos de sus niños. Rusia comenzaba a atacar por tierra, mar y aire por el norte, el este y el sur.

Timoshenko, de 36 años, decidió que no regresaría a casa. Una última vez, completó su día de trabajo para su empleador estadounidense. De vuelta en su habitación, la madre de tres hijos dejó al lado cualquier sentimiento de normalidad que le ofrecía la distancia de la violencia.

“Nunca pensé que estaría en una situación así”, dijo. “Cada vez que veía algo en la televisión, sobre Afganistán, Siria, era una locura, pero estaba muy lejos”.

Llamó a su esposo, que estaba cerca de la capital ucraniana con sus tres hijos pequeños, e ideó un plan de escape del único hogar que conoce.

Tres millones de refugiados, en su mayoría mujeres y niños, se han ido de Ucrania desde que el presidente de Rusia, Vladimir Putin, invadió el 24 de febrero. Han dejado atrás a esposos, padres e hijos cuyo gobierno les ordenó quedarse y defender su país. Los ataques aéreos están matando a civiles y destruyendo casas, escuelas y hospitales.

Los refugiados huyen desde Ucrania a los pueblos fronterizos de Polonia, Rumanía y otras naciones vecinas. Pero algunos buscan refugio lejos de Europa del Este, en sitios como el sur de la Florida.

Y Miami, como ha hecho desde tiempos inmemoriales, es un santuario seguro para ucranianos como Timoshenko, que huyen de la muerte y la devastación que convierten a su patria en una zona de guerra.

Timoshenko llegó a Miami el 2 de marzo. Sus tres hijos, Maksym de 9 años, Liza de 7 y Mia de 3, creen que pronto regresarán a casa después de unas vacaciones sorpresa en la Florida. Su esposo de hace 10 años, Oleksandr Timoshenko, de 46 años, se quedó en Ucrania después de que se le prohibiera a la mayoría de los hombres salir del país.

Por ahora, la joven madre y sus hijos viven en una casa en Cooper City de un hombre amable que nunca habían conocido. Timoshenko navega el sistema de inmigración de Estados Unidos y las escuelas públicas. No tiene cuentas bancarias americanas, ni automóvil, ni número de Seguro Social. No sabe cuándo volverá a ver a sus seres queridos, a sus perros y gatos, o a su hogar.

Iryna Timoshenko, de 36 años, madre ucraniana, huyó de Kiev con sus hijos después de que los rusos invadieran el país. Timoshenko se está refugiando con su hijo Maksym, 9, y sus hijas, Liza, 7, Mia, 3, en la casa de Philip Bradford en Cooper City. Florida el jueves, 10 de marzo de 2022.
Iryna Timoshenko, de 36 años, madre ucraniana, huyó de Kiev con sus hijos después de que los rusos invadieran el país. Timoshenko se está refugiando con su hijo Maksym, 9, y sus hijas, Liza, 7, Mia, 3, en la casa de Philip Bradford en Cooper City. Florida el jueves, 10 de marzo de 2022. Al Diaz adiaz@miamiherald.com

Timoshenko podría trabajar de forma remota, pero no tiene autorización de trabajo en Estados Unidos. La familia no cumplió, por un día, con la fecha límite del 1 de marzo para el Estatus de Protección Temporal (TPS), que permite a las personas de países en crisis vivir temporalmente y trabajar en Estados Unidos.

“El TPS siempre es retroactivo, para no fomentar la migración futura”, dijo Randy McGrorty, abogado de inmigración y director ejecutivo de Servicios Legales Católicos. Queda por ver si el gobierno federal cambiará la designación de TPS de Ucrania, anunciada el 3 de marzo, a una fecha límite posterior.

Pero a Timoshenko le alienta la ayuda que otros le ofrecen a medida que comienza una vida sin fecha de regreso. Su amor de madre, dice, la mantiene firme después de perder todos sus constantes.

“Creo que no me he dado cuenta de que no puedo volver a casa. Necesito ser fuerte”, dijo, “porque soy la única que mis bebés tienen aquí”.

‘Una vida perfecta’

Timoshenko y su esposo, que se apoda Sasha, se conocieron hace doce años, en el edificio donde ambos vivían. Desde entonces, la pareja construye lo que ella llama “una vida perfecta” con su hijo y sus dos hijas.

Ha viajado por toda Ucrania como asociada de investigación clínica para Desarrollo de Productos Farmacéuticos, una empresa de desarrollo de fármacos, durante los últimos seis años.

Hace tres años, la joven familia y la madre de Timoshenko, Liudmyla Nahorna, se mudaron a una casa grande que construyeron en una comunidad boscosa cerca de Kyiv. La casa crema está adornada con ventanas angulares y tejas marrones, y rodeada por una cerca de madera y piedra. En invierno, el jardín se convierte en un paraíso de nieve, árboles y luces.

En su pequeño vecindario habitaban varias familias con niños pequeños antes de la guerra. La puerta principal siempre estaba abierta. Todas las noches, los vecinos se reunían a compartir, dijo.

Iryna Timoshenko con sus perros, Archie y Lola, en Ucrania.
Iryna Timoshenko con sus perros, Archie y Lola, en Ucrania.

“Cuando caminamos y vemos las bicicletas, entendemos dónde están nuestros hijos”, dijo Timoshenko.

Maksym, su hijo mayor, practicaba hockey los días escolares. Sus perros, el lobuno Archie y la diminuta Lola, jugaban en los bosques alrededor de su casa. Sus tres gatos callejeros adoptados⁠—Krzhuk, Karamelka y Kompot, llamados así por los gatitos protagonistas de una caricatura infantil ucraniana—holgazaneaban adentro.

“Era el sueño de Iryna, desde niña, construir una casa en un lugar tranquilo”, dijo su madre, Nahorna, de 66 años.

Ahora, su santuario sereno se encuentra vacío. Un vecino cuida a los animales en ausencia de la familia. La violencia se acerca al tranquilo suburbio de la capital. A 30 minutos, el pequeño pueblo de Irpin es un campo de batalla de primera línea. A una hora en auto, los rusos bombardearon Bucha en el esfuerzo por capturar Kyiv.

El día que comenzó la guerra, con Timoshenko viajando para el trabajo, Sasha y los niños escucharon explosiones. Sin un refugio subterráneo, se reunieron con los vecinos al aire libre mientras esperaban que cesaran las bombas. Prepararon una maleta con documentos oficiales y ropa de invierno para los niños.

“Toda mi vida, solo he trabajado para tener una buena vida, tener la mejor infancia y oportunidades futuras para mis hijos”, dijo Timoshenko. “Putin nos quitó todo esto”.

Un tren a Przemysl

Mientras el sol se ponía en Kyiv, Sasha y sus hijos se alejaron del corazón del país hacia la frontera occidental. Desde el otro extremo del viaje, Timoshenko velaba en su teléfono cómo su familia se acercaba cada vez más a ella mientras el tráfico inundaba las carreteras que salían de la capital.

“Empacamos a las niñas muy rápido”, dijo Nahorna.

A la mañana siguiente, la familia se reunió en Lviv, que ya se estaba convirtiendo en un refugio para los ucranianos que huían. Se dirigieron a la estación de tren y esperaron horas por un tren a Przemysl, una ciudad polaca, al otro lado de la frontera.

Timoshenko y sus hijos abordaron un tren lleno de refugiados ucranianos que corrían por sus vidas. Sostuvo a Mia, la más pequeña. Liza se sentó cerca mientras una mujer sostenía a Maksym sobre sus rodillas. La ley marcial obligó a Sasha, junto con la mayoría de los hombres ucranianos, a quedarse atrás.

Cuando Timoshenko llegó a la estación de tren de Przemysl, revisaron su pasaporte, pero no tenía un destino fijo en mente. Un ejército de voluntarios se había reunido en la ciudad polaca para ayudar a los ucranianos convertidos en refugiados por la violencia al otro lado de la frontera.

“El pueblo polaco y su gobierno brindan ese apoyo porque entienden, porque vivieron lo mismo en 1939”, dijo Timoshenko, refiriéndose a la invasión alemana de Polonia, que marcó el comienzo de la Segunda Guerra Mundial.

Poco después de llegar a Polonia, descubrió que existía una exención bajo la ley marcial para los padres con tres o más hijos. Pero ya era demasiado peligroso dar la vuelta.

Timoshenko encontró por Facebook a una mujer en Varsovia dispuesta a abrir las puertas de su casa. Una semana después, un avión llevó a la familia sobre el Atlántico y aterrizó en el sur de la Florida.

Buscando refugio en el sur de la Florida

En viajes anteriores, Timoshenko y su esposo exploraron California, Utah y Colorado. Había dado a luz a su hija menor en el sur de la Florida en 2018 y desde entonces trata de visitar Miami todos los años. Esta es la primera vez que viene a Estados Unidos sin la anticipación y el entusiasmo que brindan sus viajes.

“Vine aquí no porque quisiera, sino porque no tengo otra opción”, dijo. “Si no hubiera tenido a mis hijos, creo que me habría quedado en Kyiv”.

Una amiga que vive en Miami recogió a Timoshenko y encontró alojamiento de una semana en Hollywood con una familia ucraniana, mientras buscaba una vivienda a largo plazo.

Hace un año, Timoshenko visitó la Iglesia Ortodoxa Ucraniana de San Nicolás en Cooper City, un edificio blanco con tres campanarios dorados y detalles azules para Paska, o Pascua. Los feligreses se reunieron afuera de la iglesia. A los pies de los niños se encontraban canastas de huevos coloridos.

Ahora, visitaba como refugiada.

Una foto de la misa de Pascua y la celebración a la que asistió Iryna Timoshenko en 2021.
Una foto de la misa de Pascua y la celebración a la que asistió Iryna Timoshenko en 2021. Iryna Timoshenko

“Quería venir a conocer gente del mismo país que supiera lo que pasó”, dijo.

La iglesia recibe donaciones para el ejército ucraniano, así como suministros médicos para los heridos, dijo Evgeniy Kucherenko, de 40 años, voluntario de la iglesia que coordina los esfuerzos. Incluyendo a Timoshenko y su familia, hasta ahora ha ayudado a ocho personas recién llegadas a conseguir comida y refugio.

La madre de Kucherenko se ha negado a abandonar la ciudad portuaria ucraniana de Odessa, de donde él es, desde que estalló el conflicto. Dijo que es probable que más familias vengan al sur de la Florida, pero reconoció los desafíos de llegar a Miami desde la zona de guerra.

“Es muy difícil llegar a Estados Unidos”, dijo.

Una familia separada por la guerra

Solo unos días después de que Timoshenko llegara a Miami con sus hijos, Sasha recogió a su suegra en Kyiv. Durante 22 horas condujeron juntos de regreso a Lviv, deteniéndose solo para dormir en su automóvil durante el toque de queda. Cuando salían de la capital, el tráfico inundaba las vías principales. Pasaron por las carreteras destruidas de Zhytomyr, una ciudad al oeste de Kyiv. Desde entonces, los fuertes bombardeos en sus casas, edificios y servicios básicos obligan a los residentes a huir.

Por ahora, Nahorna vive con una amiga de la escuela en la ciudad fronteriza. No escuchó el ataque aéreo ruso en una base militar cercana que mató al menos a 35 personas el domingo, pero la guerra se acerca cada vez más a la frontera polaca.

“El mundo no entiende. La Tercera Guerra Mundial ya comenzó”, dijo, “y Ucrania está luchando por todo el mundo”.

Nahorna tiene pasaporte, pero no está segura si se irá o se quedará en su país. Millones de refugiados ucranianos se han mudado a Polonia y otros países, pero ella necesita una visa para venir a Estados Unidos. Le preparó los documentos de viaje a Lola, la perrita de la familia Timoshenko, quien permanece en Kyiv con un vecino.

“Por un lado, no quiero irme de Ucrania, quiero quedarme en casa. Por otro lado, tal vez tenga que irme”, le dijo al Nuevo Herald. “No es fácil hacer ninguna transición, pero extraño a mi familia, a mis nietos”.

Del bosque a una calle arbolada

El domingo que Timoshenko fue a la iglesia, le sonó el teléfono a Philip Bradford, un director atlético retirado de 79 años. ¿Recibiría a una familia acabada de llegar de Ucrania?

El residente de la Florida vive recluido desde que colocaron a su esposa en un asilo, le dijo al Herald. Cuando se enteró de los apuros de la familia, se preguntó qué haría su esposa Sue, quien se crió sumida en la cultura de Europa del Este con una madrastra ucraniana.

“Cuando comenzó la guerra, pensé, debo hacer algo, así que fui a la iglesia e hice una contribución. Cuando me fui le dije a Evgeniy, si puedo ayudar más, llámame. Nunca pensé que al hacer una contribución estaba abriendo la puerta, por así decirlo”, dijo Bradford, hijo de padre escocés y madre croata.

Dos días después de que Timoshenko visitara la iglesia, se mudó a la casa de Bradford en una calle arbolada en Cooper City. Sus vecinos la han colmado de regalos a ella y a sus hijos: juguetes, ropa, un cochecito para Mia.

Para el jubilado, que recientemente se sometió a un reemplazo de rodilla y cuyos nietos viven en otros estados, tener a los niños pequeños de Timoshenko corriendo por la casa lo ha hecho “sentirse como un padre joven otra vez”.

“Estoy feliz de comprar comida, darles un lugar para dormir, llevarlos cuando puedo”, dijo.

La casa de Bradford ha ofrecido la seguridad que buscaba Timoshenko al escapar de Ucrania. Los niños se ríen mientras juegan en la piscina y el patio. Todos los días, ella trabaja en lo que necesita hacer para construir su vida aquí.

Timoshenko está agradecida de estar viva y de que sus hijos estén a salvo en tiempos de guerra. Pero extraña su país, su esposo y su madre, y el hogar que construyó sobre sus sueños de la niñez. Espera devolver a sus hijos su infancia en el bosque y encontrar de nuevo el camino a Ucrania.

“Espero que en el futuro tenga una vida hermosa en mi propio país con todas las personas que amo”.

Esta historia fue publicada originalmente el 16 de marzo de 2022, 1:07 p. m..

SB
Syra Ortiz Blanes
el Nuevo Herald
Syra Ortiz Blanes covers immigration for the Miami Herald and El Nuevo Herald. Previously, she was the Puerto Rico and Spanish Caribbean reporter for the Heralds through Report for America.
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