Inmigración

Fallecimiento del peticionario extingue la petición. ¡Lo siento!

Señor Manfred Rosenow, mi esposo, le puso la reclamación a un hijo nuestro que nos queda en Cuba. Mi esposo falleció hace 2 meses y ahora mi hijo tiene fijada la cita en el 2017. Nuestro hijo es mayor de edad, casado, con tres hijos, estos residen con él en Cuba. Nuestro hijo ha visitado este país, pero él no se quedó porque quiere venir legalmente con toda su familia.

Ahora le pregunto: ¿Tiene nuestro hijo posibilidad de que, a pesar del fallecimiento de su padre que fue quien le puso la reclamación, a él le concedan su visa de inmigrante con su familia? ¿O es que yo tengo que hacer otro tipo de trámite ó una nueva solicitud? ¿O si, en su caso, a él le puedan conceder en esa fecha una visa temporal para que me visite?

Sin otro asunto por el momento, quedo en espera de su atenta respuesta. Con saludos,

“Maria” (vía correo electrónico).

El Reglamento Federal de Inmigración restringe el trabajo remunerado a la posesión de un permiso de trabajo para el extranjero, que lo debe obtener como privilegio que acompaña a la validez de una gestión pendiente de residencia legal permanente (u algunas otras solicitudes). Pero en el caso de una petición familiar, cuando el peticionario fallece, se extingue la petición y el permiso, si había sido concedido, muere con él. (Para conjurar esta última fatalidad, el huérfano del permiso de trabajo puede alegar circunstancias excepcionales que hagan que el permiso siga subsistiendo.)

Ahora “la mala”, mas bien, la malísima (!!!?). La misma teoría pareciera deber regir respecto a la petición misma, pero no es así. Cuando el beneficiario no está en Estados Unidos, sino que está esperando en el exterior (el caso suyo), ¡muerto el peticionario, muerta la petición!

Cuidado! No se deje engañar, que no faltan los que quisieran hacerlo... Debe usted iniciar una nueva petición I-130. ¡Lo siento!

Antes de consultarle mi inquietud, le envío bendiciones y mi cariño desde Venezuela. Le explico.

Soy periodista y en la década del ‘90 estuve un tiempo en Miami. Un buen día mi padre me levantó temprano y fuimos a una oficina y a los pocos días llegó al apartamento mi Social Security, limpio, y habilitado para trabajar. Mi padre, ya fallecido, (QEPD), me dijo en esa oportunidad que lo guardara como un tesoro si pensaba, en un futuro, emigrar a Estados Unidos. He ingresado como turista varias veces al Norte, sin problemas de trabajo y de visita, con visa de turismo. ¿Qué debo canalizar para estar al día en el país de la libertad en caso que anhele probar suerte?

“El Periodista!!” (vía correo electrónico).

¡Cordial saludo a mi colega de toda la vida...! Como bien escribió, en palabras inolvidables, José Eustasio Rivera, un importante autor decimonónico colombiano, también abogado y periodista igual que el lector y el suscrito, “Jugué mi corazón al azar y me lo ganó la violencia” (La Vorágine). Sólo que, en mi caso, regalé el corazón mío al tortuoso afán del periodismo y en este “mester de juglaría” (como decían los antiguos), llevo 65 de los 83 años cumplidos que Dios me ha deparado de existencia...

O tempora, o mores! (¡Oh tiempos, oh costumbres!) Aquellos años ‘90s de que usted me habla eran tiempos gloriosos... ¡y simples! Llegaba uno aquí en Estados Unidos a cobrar un cheque por una suma razonable a la ventanilla de un banco y el cajero no verificaba en libros ó computadoras, que aún ni las usaban profusamente como ahora, si había ó no fondos en la cuenta respectiva, sino que (mi experiencia) lo miraba a uno a los ojos y, si lo que veía le daba tranquilidad, le tendía el efectivo sin más pan ni canastas... ¡La época de lo sagrado de un apretón de manos, gesto suficiente para sellar cualquier compromiso...!

Otra vez, O tempora, o mores! Ahora ya no es así. En aquella época, a uno se le presumía honrado... hasta tanto que, para gran vergüenza suya, se evidenciara lo contrario. Ahora, el control de actividades del extranjero se ha exacerbado por parte del Departamento de Seguridad Doméstica (el tenebroso Department of Homeland Security, DHS), que hoy con 170,000 empleados y dirigido por el nuevo recién nombrado Ministro (Jeh Johnson) es el organismo oficial más voluminoso del país. Todo lo dicho no es sorpresa, ni el resultado natural en términos de crecimiento de una importante fracción del gobierno de Estados Unidos, sino – para muestra un botón – la respuesta del país a las nuevas presiones que el globalismo de intereses que mueve la peligrosa situación internacional ha suscitado.

Así y todo, éste es un país bendito, ó como sentenciaba socarronamente el inolvidable Sir Winston Churchill, “Estados Unidos tendrá muchos defectos, ¡pero en el mundo es el mejor!” La gran Europa de antaño sucumbió a la extinción de las monarquías, y las pocas que aún existen son piezas de museo ó figuras de feria, en tanto que las repúblicas que ahora las remplazan, se debaten en escapar a la inflación y la profusión del desempleo (Italia, España, Grecia, etc.) que tanto las agobia.

A menos que usted sea ciudadano ó residente, para cualquier trabajo renumerado deberá tener su permiso de trabajo, y si prescinde de ello, engendraría una causal de deportación a la cual hay que huirle como a serpiente cascabel...

MANFRED ROSENOW es un

abogado y periodista de Miami

especializado en temas de inmigración.

Escríbale a El Nuevo Herald,

3511 NW 91 Avenue, Doral FL 33172 o al correo electrónico rosenowesq@aol.com

Esta historia fue publicada originalmente el 8 de octubre de 2014, 6:27 p. m. with the headline "Fallecimiento del peticionario extingue la petición. ¡Lo siento!."

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