Solución pronta no la tiene, pero una más tardía (¡cuidado!), sí
Buenos días. Llegué a su correo electrónico por intermedio de un amigo. Soy peruana, tengo 17 meses viviendo en Miami, entré con visa de turismo, y me quedé. Vivo desde ese tiempo con mi novio peruano. Él lleva 25 años en este país, entró con visa de turismo y se quedó, trabaja independiente y paga impuestos hace 20 años.
Él tiene tres hijos nacidos aquí. La mayor, de 21 años, el segundo de 20 años, y una niña de 12 años que cumple 13 en diciembre. Cuando la mamá de la niña viaja, la deja a mi cuidado. Ella siempre la incluye en sus taxes, él no la declara por un acuerdo que tuvo con la mamá. La hija mayor ya lo puede pedir y me dice que nos casemos para entrar juntos en la petición.
¿Existe la posibilidad de que yo pueda obtener la residencia y posteriormente la ciudadanía con lo que él me dice? Gracias de antemano por su respuesta.
“María” (enviado desde Yahoo Mail en Adroid).
Gracias, ante todo, le doy yo a usted, María, por su carta —sencilla, breve, y franca. Cuando uno se conoce con otra persona, siempre se produce (¿cómo más podría ser?!), una primera impresión. Igual me ocurre a mí con las muchas cartas que me escriben, desde las más super-refinadas, hasta las más elementales, característica que “en mi librito” les da a estas un valor super-agregado. La gente que me consulta desde una posición privilegiada, por lo general ya se ha forjado sus propias conclusiones, ó, en el más fastidioso de los casos, lo que busca es una confirmación gratuita de lo que supone no tenga duda alguna.
¡Desilusión! No siempre es así... El campo jurídico de la inmigración a Estados Unidos es tan extenso y complejo, y la ley de por sí es tan casuística y fluida, que lo que ayer valía, hoy podría no pasar de ser una anécdota histórica. Lo peor de esta observación es que, después del 11 de septiembre del 2001 (¡el terrible “9/11”...!), la filosofía de la ley de inmigración dio un giro explicablemente adverso cuando sufrimos la invasión de una veintena de individuos extranjeros malos árabes (y subrayo este calificativo para cuidadosamente no acusar a los millones de árabes buenos que son inocentes de esa imprecación).
¿Resultado? Que no sólo nos invadió un grupillo de terroristas fanáticos que ocasionaron la muerte de alrededor de 3,000 victimas, sino que se introdujo al país una nueva prevención contra todo lo extranjero, todo lo que no fuera “americano” de verdad, en todas las odiosas ramificaciones de esa fobia irracional. Especialmente, el ánimo sureño – de Carolina del Sur para abajo (excepción honrosa: el sur de la Florida) – retornó, por decirlo así, a la peor época de Jim Crow, el paradigma del más vigoroso y despreciable ánimo de discriminación asesina hacia la población “de color”, como se le decía eufemísticamente a la población “negra”.
Lo suyo, buena e inocente peruana, no tiene fácil solución.
Cierto es que la hija de su compañero, desde que la hija mayor cumplió sus 21 años de edad, puede reclamar la residencia de su papá, aunque no sea tarea simplísima porque no está claro que el hombre estuviera formalmente casado con la madre de aquella. Es más, el hecho de que él ahora le haya propuesto matrimonio a usted, sugiere que él no está casado con la tri-madre de sus hijas.
Hasta ahí, perfecto para usted, pero no a efectos del propósito inmigratorio suyo. Para que una eventual hijastra suya pudiera pedirla a usted (su eventual madrastra), el matrimonio suyo con el padre de la joven ciudadana debió ocurrir antes de que la niña hubiera cumplido sus 18 años (!) El que el padre y usted se casen ahora, no cura ni la exime a usted de esa condición...
Duele resaltar lo obvio: al no poder adquirir a través de él la residencia, ¡menos aún podrá usted aspirar a la ciudadanía por ese camino! Entonces, ¿no tiene usted solución para lograr su propia legalidad? ¡Sí la tiene, pero no directamente a través de la hijastra!
Cásese usted con él, y cuando él sea, primero residente, y 5 años después, ciudadano, él mismo –no su hija—podrá pedirla a usted, con efecto inmediato, y asunto arreglado. Entretanto, a cuidarse, porque usted no tiene ni tendrá ningún asidero legal a corto plazo.
Dios la bendiga y ... ¡le deseo lo mejor!
MANFRED ROSENOW es un
abogado y periodista de Miami
especializado en temas de inmigración.
Escríbale a El Nuevo Herald,
3511 NW 91 Avenue, Doral FL 33172 o al correo electrónico rosenowesq@aol.com
Esta historia fue publicada originalmente el 7 de julio de 2015, 8:51 p. m. with the headline "Solución pronta no la tiene, pero una más tardía (¡cuidado!), sí."