The big ‘D’ –la gran DISCRECIÓN. ¡Venga a verme!
Si una persona soltera es pedida por su madre ciudadana, y después de aproximadamente 7 años, le llega su cita con el consulado de su país, todo sale bien con el oficial de migración, le dan 6 meses para salir del país, pero por un mal consejo de un abogado inexperimentado, le sugiere que se case con su pareja de muchos años, se casa antes de pisar suelo estadounidense, un mes después viaja a Estados Unidos, luego de dos meses saca su Social Security y green card, pero después de un año consulta con varios abogados, unos dicen que lo que hizo fue ilegal y hasta puede perder su residencia, y más con la mala noticia que no tienen hijos. Otra abogada dijo que puede resolverlo. ¿Qué sería lo aconsejable, divorciarse, ó, buscar un buen abogado? ¿O sería un caso perdido insistir?
“Anónimo” (vía correo electrónico).
Similia similibus curantur! (trad. libre: “¡El mal con el mal se cura!”), gracias por su carta y por su (¿inexistente?!) saludo, apreciado neo-Luis de Góngora y Argote Córdoba (1561-1627), que no me causa esfuerzo alguno deducir de su gongorismo (el estilo en que escribe) su nombre completo, ni obstruye ello la época de su singular mensaje, ya que el suyo está forjado, sui generis, en el estilo de la señora Bloom (Ulysses; James Joyce), vale decir, 214 páginas de incesante monólogo (!), carente de toda pausa ó signo de puntuación, influido el estilo suyo por el de don Mario Moreno (”Cantinflas”), el genial y ya fallecido gran cómico mexicano que comenzaba una frase, pero al llegar a la mitad de la misma, saltaba sin solución al inicio de la siguiente, una especie artilugio verbal que hacía desternillar de risa a su fidelísimo público azteca, pero no sólo hasta ahí, porque su devoto auditorio se extendió por todos las Américas de habla hispana, y de este modo transcurría media película sin que el auditorio entendiera (ni le importara mucho entender...) a cabalidad la trama que se estaba desarrollando, mucho menos yo, quien, ¿sabe usted?, aunque me crié --¡gracias a Dios!—en mi nunca olvidada Barranquilla, Colombia, pues a raíz de la derrota de Alemania tras de la decisión nada fácil del Presidente Woodrow Wilson en 1917 de intervenir con tropas norteamericanas en aquel conflicto netamente europeo, y sin saber que el remedio sería peor que la misma enfermedad, ya que sembró la raíz del nazismo, el cual causó –¡bendito sea Dios!—que este modesto servidor, entonces de sólo 6 añitos, con su padre y madre, huyéramos y escapáramos del holocausto que pocos años después allí se desencadenó...
¿Ya ve usted, anónimo y parco amigo, cómo, inspirado por el estilo de su relato, conté mi cuento lo hice en un solo párrafo, ¡sin PUNTO gramatical alguno!, ni aún para respirar?! Pero dejemos ya de malgastar más pulgadas de este limitado espacio, y fijemos nuestro láser inmigratorio en lo concreto de su situación. Al contraer matrimonio antes de inmigrar con su visa de residente, usted lo hizo como hijo soltero de ciudadana americana (1ra. Preferencia), cuando en realidad era casado (3ra. Preferencia).
¡Fraude técnico! Consecuencia: cuando inicie una petición I-130 por su esposa, ó cuando haga su propio proceso de ciudadanía y consigne su información personal, se descorrerá el velo de su misrepresentation. Usualmente, en los consulados de Estados Unidos les advierten a los beneficiarios de 1ra. Preferencia que no deben casarse antes de inmigrar, sino entrar al país con su visado de inmigrante para obtener la residencia permanente, LUEGO (!) regresar a su país y contraer matrimonio, y sólo entonces comenzar el proceso de la I-130 para traer a la esposa. La otra alternativa, era casarse con su compañera antes de la entrevista en el consulado y, de esta manera, re-clasificar la petición de 1ra. Preferencia a una de 3ra. Preferencia. Esto alargaría la espera en gran manera, pero al final del camino llegarían los dos sin problema alguno. La gran pregunta: ¿existe cura para este tipo de violación? ¡Sí existe! -- el waiver (dispensa) bajo la sección 237(a)(1)(H)) de la Ley de Inmigración.. Como todo waiver el factor decisivo está en las manos del juez – la “D” grande: su discreción. ¡Venga a verme!
MANFRED ROSENOW es un
abogado y periodista de Miami
especializado en temas de inmigración.
Escríbale a El Nuevo Herald,
3511 NW 91 Avenue, Doral FL 33172 o al correo electrónico rosenowesq@aol.com
Esta historia fue publicada originalmente el 21 de julio de 2015, 6:08 p. m. with the headline "The big ‘D’ –la gran DISCRECIÓN. ¡Venga a verme!."