Tienen un negocio en Miami hace 10 años. Con el fin del TPS su mundo se tambalea: ‘Regresar no es opción’
Los empresarios venezolanos Leo Do Carmo y Julia Fernández abrieron su estudio de fitness y kickboxing en un centro comercial del suroeste de Miami hace 10 años. El negocio ocupa un espacio importante para la comunidad de amantes del ejercicio físico en una zona que ha experimentado un crecimiento importante en las últimas décadas, llenándose de townhouses y casas en los terrenos alrededor de Tamiami Trail casi hasta Krome Avenue y la entrada a los Everglades.
La paz que se respira a las 3 p.m. en un lugar generalmente lleno de actividad en las pesas o en las estaciones para ejercitarse –nueve específicamente, que por eso se llama 9Round Kickboxing Fitness– no refleja la intensidad de la labor diaria de la pareja como entrenadores, ni tampoco de su historia personal.
Como en las películas, la vida de Leo y Julia tiene de romance, esfuerzo y, como trasfondo, una tragedia nacional, la de Venezuela bajo el chavismo y el madurismo. Se conocieron cuando eran veinteañeros en un gimnasio en su natal Valencia. Tenían por delante carreras exitosas, Julia como abogada y Leo en la empresa de su padre.
En otra etapa de la historia política de Venezuela, un país próspero que recibía a inmigrantes, la vida de la pareja hubiera transcurrido con pocos sobresaltos. Un viaje al extranjero por aquí y otro por allá, tantos como le permitiera su presupuesto. Pero nunca el exilio, nunca la distancia de sus seres queridos, nunca empezar de nuevo.
Leo y Julia habían visitado Miami en varias ocasiones porque la mamá de ella vivía aquí, pero emigrar no estaba en sus planes. Hasta que la situación económica en Venezuela se tornó insostenible. Protestas, marchas, represión, asaltos, escasez y, sobre todo, la educación cargada de adoctrinamiento político, les indicó que no les quedaba más remedio que irse de su país para salvar a su hijo de 4 años.
Solicitaron una visa E-2 de inversionistas, presentaron un plan de negocio a 10 años, invirtieron $150,000 y se la aprobaron. Y ya en el 2015 estaban abriendo 9Round Kickboxing Fitness en Miami, una franquicia con reconocimiento que aun así, como todo negocio no está exento de altibajos.
“El venezolano no creció con esa mentalidad de inmigrante. Es una experiencia fuerte, nadie que no haya emigrado puede entender lo que eso significa”, dice Leo, que llegó a Miami con 39 años.
“No solo significa dejar tu país, es empezar de nuevo un negocio, acostumbrarse a un sistema económico nuevo, y a veces no resulta”, añade el empresario, recordando un duro momento de sus comienzos en esta ciudad.
“Lo cuento y se me salen las lágrimas. Mi hijo me pidió que le comprara una botella de agua en Subway y yo literalmente no tenía los $2. Yo, gracias a mi padre, nunca había pensado en la escasez de dinero”, dijo.
No hay plan B para los exiliados
Como no tenían la opción de un plan B, lo que les quedaba era trabajar para que el negocio funcionara, rememora Leo, satisfecho no solo de lo que ha conseguido dentro del estudio de fitness, sino del tiempo que dedica a entrenar a personas fuera de allí, en ocasiones a atletas de alto rendimiento.
Celebra haber ayudado a perder peso a un joven que tenía obesidad mórbida o el trabajo que hacen con adolescentes que tienen depresión, como parte de un programa de terapia física y mental que realizan en conjunción con una psicóloga.
“Tenemos adolescentes que practican karate, este programa lo desarrollamos mi esposa y yo, los preparamos para competencias internacionales en la parte de condición física”, explica Leo.
Julia apunta que también han organizado eventos gratuitos con el objetivo de que las personas tengan conciencia sobre el cuidado de su salud y de tener un estilo de vida más activo.
“Hemos traído a esta comunidad una opción diferente en cuanto a incluir actividad física en el estilo de vida de personas que están muy ocupadas, que no tienen mucho tiempo para invertir en un gimnasio regular”, dice Julia, vestida con la ropa de entrenadora, muy lejos de la que llevaría si fuera aun abogada en su país.
Fin del TPS complica su situación migratoria
Justamente por sus logros empresariales y sus vínculos con la comunidad resulta más desestabilizadora la situación migratoria que enfrentan ahora Leo y Julia. Como llegaron a Estados Unidos con una visa de no inmigrante, recientemente solicitaron una visa EB-1 para inmigrantes, que se otorga a personas con habilidades extraordinarias en áreas como las artes, ciencias, negocios, educación o deportes, como sería el caso de Leo Docarmo.
Mientras se procesa esta visa, para la que toma tiempo presentarse la documentación necesaria, solicitaron el Estatus de Protección Temporal (TPS) para venezolanos, que fue revocado por la administración Trump en febrero.
La medida afecta a más de 300,000 venezolanos que viven y trabajan en Estados Unidos y que recibieron el TPS en 2023, incluidos decenas de miles en el sur de Florida.
“Se supone que no somos candidatos a deportación pero siempre está ese temor”, dice Leo, que prefiere evitar pensar en esa posibilidad porque es muy optimista y espera una salida satisfactoria.
Aún así Leo y Julia se preocupan sobre todo por su hijo, que tiene 16 años, está en high school y se prepara para asistir a la universidad.
“Mi hijo no conoce otra cultura, para él su himno nacional y su bandera son los de Estados Unidos, y su primer idioma es el inglés, aunque habla bien el español”, señala Leo.
Volver a su país no es una opción, concuerdan los empresarios.
“Las condiciones en Venezuela no han cambiado mucho”, apunta Julia. “No hay libertad política, la gente no tiene la libertad de escoger el gobierno que desea. Las elecciones son una fachada ante el mundo, 1para en teoría decir que existe una democracia”.
El futuro de su hijo fue la razón principal por la que vinieron y ahora sigue siendo prioridad. “Regresarse a Venezuela sería ir en contra de eso que queríamos”, concluye Julia.
Esta historia fue publicada originalmente el 7 de marzo de 2025, 4:18 p. m..