Sólo después que ella venga, sabremos si aquí se amaña
Saludos y muy buen día tenga usted: Soy asiduo lector de su columna. Aunque soy ciudadano de Estados Unidos siempre le leo electrónicamente, ya que aprendo al unísono sobre el idioma castellano e inmigración. Le felicito muy cortesmente por el buen castellano que maneja en su escritura, pienso que sobresale entre sus colegas de trabajo. Tras de todo lo anterior, en buen cubano diríamos, “bueno, vamos al meollo del asunto”.
Me pasé 5 meses y 15 días en Colombia y me enamoré de ese país... y de una chica muy especial. Mi novia y futura esposa es de Barranquilla (donde se baila mucha salsa) y deseo traerla a que conozca donde vivo, y que así tenga la oportunidad de conocer, antes de casarse conmigo, cuáles son las costumbres, la forma de vida, las leyes, etc. ya que por internet ella ha visto mucha violencia policial en Miami y sus alrededores (asesinatos, robos a bancos, atracos a gasolineras, etc.), en Colombia igual pasa lo mismo, pero Barranquilla es, al igual que Cartagena, una ciudad muy pacífica.
Preguntas: ¿Debo llevarla yo físicamente a la Embajada Americana en Bogotá, ó puede ella ir sola a su entrevista sin mí previamente habiendo yo iniciado el proceso de la visa fiancée? ¿Debería yo viajar desde Miami a Bogotá? (¡la altura me afecta la respiración...!) Me preocupa, y si a los 3 meses decide ella no casarse conmigo, ¿me afectaría esto en algo legal, además de lo emocional? Legalmente, ¿debo sacarle pasaje con retorno?
Un saludo afectuoso para usted y su staff.
“Anónimo” (a discreción del columnista) (correo electrónico)
No usted, sino yo, he suprimido su nombre y apellido para protegerlo de los malhechores barranquilleros y cartageneros que allí también abundan. Enamorarse de una barranquillera es fácil: ellas son, en general, sencillas, espontáneas, honestas, y graciosas. No dudo de sus sinceros deseos de unir a su novia la vida suya.
En cuanto a que ambos tengan la mejor intención de ingresar al gremio de los casados (yo llevo 43 años de ser miembro de esa clase y sé de lo que estoy hablando...), no lo dudo. Lo que no sabe usted del tema (ni tendría por qué saberlo) es cómo funciona la visa K-1, ó sea, la visa de fiancée (prometida) y por eso se lo resumo de manera breve y general.
El tema es más formal que lo que usted plantea. Todo comienza con una petición I-129F, la cual debe ser aprobada por la oficina USCIS (Inmigración) antes de que ocurra alguna acción por parte del consulado estadounidense en Bogotá. A dicha petición se debe acompañar abundante y sólida evidencia de la relación sentimental y de la visita larga que usted le hizo en Barranquilla dentro de los dos últimos años. Por ahora ni usted ni ella tienen que ir a parte alguna.
Una vez aprobada la petición, el Centro Nacional de Visas la envía al Consulado Americano en Bogotá donde continuará el proceso de su visa de prometida (visa K-1) de un flamante ciudadano estadounidense. Eventualmente ella tendrá que viajar a Bogotá a su entrevista, previa sumisión de formularios y pago de $350, valor del arancel de este tipo de visa. La comparecencia suya no es indispensable, pero es aconsejable enviar una carta de su médico explicando que la altura de Bogotá afecta su salud. Un pasaje de una sola vía será suficiente.
Si bien es cierto que los medios de prensa se enfocan 99 por ciento en lo negativo, si lo hicieran al revés no tendrían audiencia y se extinguirían como copos de nieve bajo el tórrido sol tropical que compartimos los miamenses con los ardientes y alegres barranquilleros y cartageneros. Personas de bien como usted y miles más de residentes de Miami, son un modelo que hace que la balanza se incline considerablemente hacia el lado bueno.
El meollo del asunto es que Colombia es un encanto y perdonando lo malo, malísimo, que tiene ese incomparable país, las colombianas y colombianos son como las flores que llenan el camino de mil colores, que son menos los malos y muchísimos los buenos, aunque la imagen que se proyecta hacia el exterior sea tan negativa como la que se emite de esta encantadora ciudad de Miami — la Puerta del Sol de las Américas. Usted toma el riesgo de que a su novia, al final del viaje, no le guste la ciudad ni su gente, pero ese albur hay que tomarlo, pues es la única manera de probarle a ella que esta ciudad es tan amable y bella como su querida Barranquilla…
MANFRED ROSENOW es un
abogado y periodista de Miami
especializado en temas de inmigración.
Escríbale a El Nuevo Herald,
3511 NW 91 Avenue, Doral FL 33172 o al correo electrónico rosenowesq@aol.com
Esta historia fue publicada originalmente el 12 de septiembre de 2015, 3:57 p. m. with the headline "Sólo después que ella venga, sabremos si aquí se amaña."