Suegra bondadosa pero desorientada y yo, ya somos dos...
Soy lectora de su Línea de Inmigración desde que llegué a este país hace ya 30 años. Me parecen muy interesante todos sus artículos y hoy necesito de su ayuda.
Soy venezolana, tengo 77 años, 5 hijos, y ya todos somos ciudadanos estadounidenses. Mis 4 hijas se casaron aquí y ya tengo 7 hermosos nietos. El caso viene por mi hijo varón, quien se fue a Venezuela antes de que empezaran los problemas actuales. Allá conoció a una muchacha de nacionalidad argentina, pero criada en Venezuela, y al poco tiempo empezaron a convivir.
Él se dedica a la importación y siempre venían a visitarnos todos los años, hasta que, hace casi 4 años, decidieron casarse aquí ya que los padres de ella estaban aquí de vacaciones y les pareció propicio el momento. El problema consiste en que a ella se le venció la visa argentina que tenía y para sacar su nuevo pasaporte necesita cambiar su estatus. ¿Cuales son los pasos que debe seguir? Después que se casaron, se fueron a Venezuela, como siempre lo habían hecho, y ella siguió viniendo con su pasaporte argentino hasta ahora que se venció la visa, ya que ellos están residenciados en Venezuela y por cierto que están locos con todos los problemas que usted ya debe saber están pasando allá.
Agradecería infinitamente su ayuda y si es posible y necesario una cita para una consulta con usted. Atentamente,
Flor Cadenas (vía correo electrónico).
Con muchísimo gusto, doña Flor, y gracias mil por su... florida (!) carta...Tengo que confesarle mi desconcierto porque, después de re-leer varias veces su amable descripción, temo no acabar de entender su problema.
Según leo, su nuera se halla actualmente en Venezuela, tierra agobiada en estos momentos por intensas pugnas políticas, sí, pero donde subsiste consulado de Argentina donde la nuera puede (a mi entender) gestionar rápidamente un nuevo pasaporte argentino, aunque sólo fuera por su cambio de nombre de soltera a casada. Si bien es cierto que para los argentinos los privilegios de acceso a Estados Unidos que tuvieron antaño, ya se extinguieron (muchos compatriotas de ella otrora abusaron de esa ventaja hasta provocar su eliminación), ¿qué circunstancia le impediría a su nuera pedir y obtener con un nuevo pasaporte una nueva visa de visitante (B-1/B-2) a este país en el consulado estadounidense más cercano?! Ahora mismo pareciera haber ciertos obstáculos ó tensiones entre Estados Unidos y el régimen imperante en la tierra de Bolívar, una breve visita a la vecina Colombia, si ella fuera necesaria, me parecería dilucidar ese obstáculo.
Yo pudiera no haber entendido a cabalidad el problema planteado en su importante carta, por lo que una visita suya a mi casa-oficina para una consulta individual (US$ 100) me parece lo más aconsejable. ¡Teresa, mi esposa, y yo la esperamos!
Hace un par de años agregué un comentario en la consulta de su columna de El Nuevo Herald, haciéndole notar que en los nuevos cambios aprobados por la Real Academia Española, no es necesario tildar la conjunción “o”. (Al parecer, usted no lo vió.) El siguiente es un extracto de un libro que trata sobre el tema de marras.
“La tilde en la conjunción o entre cifras.
Antes, la norma académica recomendaba la tilde en la conjunción átona o entre cifras, con el fin de que no se confundiera con el cero, (ejemplo “60 ó 70”). Ahora, por primera vez, en la Ortografía de 2010 se prescribe la supresión de esa tilde, ya que no es normal tildar un elemento átono, y la posibilidad de confusión con el cero es hoy prácticamente inexistente. Por tanto, la conjunción o, en condición de palabra monosílaba átona, se escribe siempre sin tilde, aunque aparezca entre cifras: 60 o 70”. Su amigo,
Honorio Carmona (vía correo electrónico).
Sinceras gracias, don Honorio, por su sintética llamada de atención ortográfica, tan simpática como correcta, créame que no la pongo en duda. Con estos, mis tres ejemplos de acentuación, no sólo tonal, sino textual (é, ó, á), me declaro tildófono (lo opuesto de tildófobo), ó sea, “amante de las tildes”. De ahí que, atónito y ahora más ungido antes que después, he decidido aferrarme hasta mi muerte (¡Dios me la demore!) a la ortografía original que aprendí de niño al iniciarme en nuestro precioso idioma. ¿Ó no?!
MANFRED ROSENOW es un
abogado y periodista de Miami
especializado en temas de inmigración.
Escríbale a El Nuevo Herald,
3511 NW 91 Avenue, Doral FL 33172 o al correo electrónico rosenowesq@aol.com
Esta historia fue publicada originalmente el 4 de noviembre de 2014, 6:36 p. m. with the headline "Suegra bondadosa pero desorientada y yo, ya somos dos...."