Inmigración

Mal comienza la semana para quien ahorcan un lunes

Apreciado Dr. Rosenow: Soy un asiduo lector de su columna y un profundo admirador suyo por la calidad humana que usted manifiesta y por el gran conocimiento que tiene de las leyes de inmigración, así como por sus dones de paciencia y comprensión hacia nosotros, sus fieles lectores.

Soy de origen nicaragüense, quien tuvo que huir de Nicaragua para preservar la vida en medio de la guerra cruenta por la que atravesó mi país en los 1980s. A Dios gracias, logré la residencia permanente en Estados Unidos a través de la Ley NACARA, pero mi anhelo es poder llegar a convertirme en un ciudadano americano y así poder orgullosamente portar el pasaporte de las barras y las estrellas. Ahí es donde radica mi problema.

En el verano del 2004, mi esposa y yo nos escapamos al cine a disfrutar de una película en los teatros ubicados en la Avenida 42 con la Calle 7 del North West en Miami. Estacionamos nuestro vehículo en el parqueadero del mismo edificio y cerca de la media noche, al tratar de salir del parqueadero, encontré el obstáculo de que otro vehículo estaba atravesado, bloqueando el acceso a la senda de salida del parqueadero, a la altura de la caseta donde usualmente se encuentra el empleado encargado de validar el tiquete y de activar la barra de salida. Después de una breve espera, decidí salir de mi vehículo dejando a mi esposa en el mismo, mientras yo me encaminaba hacia la caseta a investigar lo que estaba ocurriendo. Pero de pronto apareció el encargado de la caseta, no supe de donde, quien se llevó la mano al cinto en actitud de sacar su arma y me gritó diciéndome que me regresara a mi carro porque de lo contrario me dispararía. Ante semejante amenaza, yo sentí que estábamos en peligro y, con la adrenalina a todo vapor, corrí hacia mi vehículo y tomé del baúl del mismo un bate de béisbol de uno de mis niños, y me dispuse a enfrentar al posible asaltante huyendo de mi por el parqueadero. De alguna manera él se me adelantó y buscó refugio en mi propio vehículo, que a todas éstas estaba con el motor encendido. En el asiento del pasajero se encontraba mi esposa, quien cuando vio al hombre al timón del vehículo reaccionó instintivamente y, quitándose su sandalia, le asestó tremendo taconazo a la mano derecha del “asaltante” que le vociferaba que iba a estrellar el vehículo junto con ella adentro.

Lo próximo que ocurrió casi instantáneamente es que el parqueadero estaba repleto de carros de la policía con sus luces intermitentes y el ensordecedor ruido de sus sirenas. En segundos yo estaba esposado y mi esposa anegada en llanto, mientras el “asaltante” sangraba profusamente de su mano en donde mi esposa le había dado el taconazo. Terminé con un cargo de felonía por asalto agravado, y aconsejado por el defensor público acepté mi “culpabilidad”, pues de ninguna manera yo iba a implicar a mi querida esposa. Estuve 2 meses en la cárcel y el juez dictó una condena de 2 años de probatoria.

Mi pregunta es: ¿De qué manera lo relatado entorpece mi proceso de ciudadanía? Muchas gracias por su respuesta.

(Anónimo a solicitud) Hialeah, Florida.

“Mal comienza la semana para quien ahorcan un lunes”, reza un antiguo refrán hispano, pero que aplica perfectamente a cualquier mortal... incluso en Estados Unidos. Leí con mucho interés su sentida carta y bien quisiera darle una respuesta reconfortante, pero sin un examen completo de los papeles del caso, prefiero aplazar mi opinión hasta haber examinado toda su documentación y que usted, en una entrevista, me complete el cuadro de respuestas a los interrogantes que subsisten en su caso.

Atenido tan solo a su relato, la acusación que la policía le formuló me parece exagerada. Contra ella, la sanción que le impuso el juez me suena extrañamente leve. Algo hace que, en su caso, “la lista no me cuadra con el billete”. Si lo desean, usted y su esposa véanme y sopesaremos su caso a fondo. ¡Los espero!

MANFRED ROSENOW es un

abogado y periodista de Miami

especializado en temas de inmigración.

Escríbale a El Nuevo Herald,

3511 NW 91 Avenue, Doral FL 33172 o al correo electrónico rosenowesq@aol.com

Esta historia fue publicada originalmente el 13 de octubre de 2015, 7:33 p. m. with the headline "Mal comienza la semana para quien ahorcan un lunes."

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