Inmigración

“Vísteme despacio, que tengo prisa...”

Buenos días. En verdad agradezco la oportunidad de poder exponerte mi caso. Gracias de antemano por tu ayuda.

Soy colombiana, casada con cubano.

El llegó a Estados Unidos el 24 de septiembre y ya está recibiendo las ayudas. Como él entró solo, ahora debe esperar más de un año para poderme tener con él. Yo también deseo reunirme con él, pero pueden pasar muchas cosas en ese tiempo.

Mi pregunta es si yo puedo desde mi país, Colombia, sacar mi visa normal de turista y viajar con mis dos hijos, que no son hijos del cubano, reunirme con él, y una vez estando allá, hacerme también refugiada como él, y quedarnos a vivir con él, ó si hay algún impedimento y deba regresar a mi país, ó si no me dan refugio, ni las ayudas de estudio para mis hijos y trabajo para mí, es decir, si una vez llegada yo allá como turista, podamos tramitar refugio y la unión familiar para nosotros, los colombianos (mis hijos y yo), ó si pierdo los derechos por haber entrado como turista, ó si sólo puedo reunirme con él una vez que él me pida y se haga el trámite normal que demora casi 2 años desde su llegada a Estados Unidos. Siento que mi hogar puede colapsar si no me reúno pronto con él.

¿Qué puedo hacer para reunirme lo antes posible con mi esposo? Nos casamos el 21 de enero de este año 2015 en Cuba y no ha pasado ni un año. En verdad quisiera reunirme con él. Agradezco tu respuesta,

“Anónima”, (vía correo electrónico).

Tan pintoresca es su carta que, antes de responderla, tuve que recabar el auxilio de mi propia esposa, Teresa, para que me iluminara respecto a su alambicado planteamiento. Usted busca la fórmula para salir de Colombia sin muchos riesgos.

Mi mujer, que cocina exquisitamente, me respondió en forma de una receta que integra todos los ingredientes del plato que usted, tan solícita, piensa servirle a Inmigración para poder residenciarse en esta tierra de promisión. He aquí las conclusiones de ella.

Ingredientes: Un ciudadano de la isla cautiva. Un cónyuge de cualquier otra ciudadanía. Residencia en el país de la nacionalidad del cónyuge. Viaje del cubano a la frontera de México con Estados Unidos. Solicitud y obtención de parole (bajo la política de “pies secos/pies mojados, exclusiva para cubanos) en cualquier puerto de entrada en la citada frontera, con permiso de trabajo y beneficios financieros de refugiado. Trescientos (366) días después, solicitud de residencia del cubano bajo la Ley de Ajuste Cubano. Un año después, la tan ansiada green card en manos del cubano.

Procedimiento: El cubano residente legal iniciará petición (I-130) para traer a nuestro país a su cónyuge no-cubana, con espera de por lo menos un par de años hasta que el consulado de Estados Unidos en Bogotá, Colombia, expida las visas de inmigrante a usted y sus dos niños, y así, la pareja se habrá reunificado. Consecuencias: si el matrimonio no fuera auténtico, lo más probable es que una vez el cubano pise tierra norteamericana, él se olvidará de su convenio con su supuesta “cónyuge”, porque todo este relato no pinta más que un trampolín para salir de la isla y lograr su objetivo de arribar a Estados Unidos.

Variante: si el cubano es un hombre de “palabra” y su “cónyuge” logra su visa de turismo y es admitida a Estados Unidos, al “año y un día” ella y su prole presentarán solicitudes de ajuste de estatus a residentes permanentes mediante la tan abusada Ley de Ajuste Cubano, y .... ¡bingo!, el fraude se habrá perpetrado y completado. En resumen: un “toma y daca” mediante el “matrimonio”. El cubano sale de la isla y al final llega a Estados Unidos y a través de la Ley de Ajuste Cubano obtiene estatus de residente, con lo cual acuerda pagar a su compinche “cónyuge” gracias a la amplitud de la mencionada ley.

El riesgo es muy alto para cónyuges, especialmente latinos que mediante el Facebook se conocen y se envuelven en esta alambicada tramoya, pues la Unidad Antifraude Matrimonial del Servicio de Inmigración está preparada para detectar este tipo de fraude, y más tarde ó temprano usted enfrentaría las consecuencias.

Su carta no refleja un matrimonio sólido, basado en la buena fe y amor de la pareja, sino incertidumbre de que “puedan pasar cosas” y su matrimonio “colapse”. Usted dice “siento que mi hogar (¿cuál hogar?!) puede colapsar si no me reúno pronto con él. Usted duda muy bien, y en eso yo la acompaño...

MANFRED ROSENOW es un abogado y periodista de Miami especializado en temas de inmigración.

Escríbale a El Nuevo Herald, 3511 NW 91 Avenue, Doral FL 33172 o al correo electrónico rosenowesq@aol.com

Esta historia fue publicada originalmente el 22 de octubre de 2015, 9:45 p. m. with the headline "“Vísteme despacio, que tengo prisa...”."

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