Inmigración

Una confundida venezolana que no tiene nada qué temer

Hola, buenas noches, abogado Rosenow. Disculpe que lo moleste y permítame quitarle unos minutos de su valioso tiempo.

He estado siguiendo últimamente su columna Línea de Inmigración y decidí solicitarle un poco de ayuda con respecto a mi caso ya que usted tiene una forma muy clara y precisa de dar sus respuestas y la verdad no he encontrado a nadie que tenga un caso similar al mío. Le explico.

Mi esposo es cubano-venezolano (nacido en Cuba) y yo soy venezolana. Nos casamos en Venezuela en junio del 2014, después de 4 años de noviazgo. Decidimos salir de la ahora irreconocible Venezuela y venir a Estados Unidos. Yo, como soy venezolana y aún no tenemos mucho tiempo de casados, solicité una visa de estudiante para hacer un curso de inglés por un año para poder entrar al país y permanecer legal mientras se cumplía el plazo del año y un día para poder solicitar mi ajuste migratorio junto con mi esposo por la Ley de Ajuste Cubano.

Decidimos venir por México porque mi esposo no tiene visa y cruzar la frontera juntos, pero cuando llegamos a la frontera con este país, tuvimos un encuentro con los nacidos allí y nos pidieron dinero para dejarnos salir del aeropuerto y cruzar. Luego de que les cumplimos, nos dijeron que era preferible que yo entrara por un puente diferente al de mi esposo, porque era muy poco probable que me dejaran entrar ni con parole, ni con mi visa.

Después de ese susto, decidimos hacerlo así. Yo crucé la frontera con la visa de estudiante, y él por el otro puente pidiendo asilo. A él le dieron su parole por 2 años, y todos sus beneficios. Aquí es donde se inicia el problema. En Venezuela (2 meses antes del viaje y con los boletos comprados, hice la solicitud al gobierno de divisas para pagar el curso. Ya estando en Estados Unidos una semana después de mi ingreso, me enviaron un correo electrónico donde me informaban que mis divisas no fueron aprobadas debido a que el sistema se había suspendido temporalmente, y no pude iniciar los estudios.

Posterior a esto, consulté con una abogada y ella me dijo que igual esperara —porque ya había cruzado de forma legal— el año y un día para aplicar con mi esposo. Ahora que estoy por aplicar con él, fuimos con otra abogada y me dijo que se puede tomar mi entrada aquí como una mentira a ellos, y que si no consigo soportes legales, me pueden negar la residencia. Los soportes los tengo firmados y sellados), que luego debo aplicar para un perdón, pero que para esto debo esperar que mi esposo sea residente y yo hacer la solicitud. ¿Qué me aconseja usted y qué debo hacer en este punto de mi vida?

“Anónima” (vía correo electrónico).

Apreciada y confundida venezolana, gracias por escribirme. Ayer anuncié en mi columna del día, que dada la falta de espacio, estaba publicando su carta en parte, y que mañana (hoy) le contestaría. En mi librito, “lo prometido es deuda”, y aquí está mi respuesta.

Su extensa carta refleja la inseguridad política que ahora mismo domina a Venezuela, país otrora bellísimo, donde yo mismo viví unos bellos años, nació una de mis hijas, aprendí (¡a medias...!) a tocar el arpa llanera, y disfruté el don de gentes de la mayoría de quienes traté, todo lo cual sembró en mí un sincero y caluroso afecto.

Es lamentable la odisea que usted se ha visto precisada a vivir, pero no es definitiva ni adversa en su propósito de asentarse en Estados Unidos. La Ley de Ajuste Cubano sólo exige a usted (1) ser la esposa legítima de su marido cubano, (2) haber sido legalmente admitida al país (es importante revisar bien las condiciones de su admisión porque un fraude o una mentira podrían cambiar su cuadro y complicar sus posibilidades), (3) no tener serios antecedentes criminales, y, (4), estar en Estados Unidos por 366 días (ó más), casada con el agraciado esposo cubano. Si todo lo que usted relata esta libre de cualquier otra duda o contradicción, no tiene nada que temer. Tendré el gusto de saludarla como una nueva residente legal permanente con su green card en la mano...

Búsqueme (ó a cualquier buen abogado de inmigración), y duerma tranquila. ¡Saludos a su afortunado esposo!

MANFRED ROSENOW es un

abogado y periodista de Miami

especializado en temas de inmigración.

Escríbale a El Nuevo Herald,

3511 NW 91 Avenue, Doral FL 33172 o al correo electrónico rosenowesq@aol.com

Esta historia fue publicada originalmente el 4 de noviembre de 2015, 6:32 p. m. with the headline "Una confundida venezolana que no tiene nada qué temer."

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