Creo que usted está padeciendo de pesadillas innecesarias
Entré a USA proveniente de Argentina con visa de turista en el año 1999, y desde el 2001 soy residente legal, producto del casamiento con mi esposo, que es ciudadano americano.
Cuando hice los papeles para la residencia, mi estado civil era soltera, ya que tanto mi pasaporte de Argentina, como mis documentos personales, decían soltera. Aunque había estado casada, y después divorciada en mi país del año 1982 al 1988, en Argentina se utiliza el estado civil “soltero” o “casado”, por eso mis documentos dicen, “soltera”.
¿Usted cree que esto me perjudique, ahora que quiero hacerme ciudadana? En estos 16 años nunca salí del país, ni tuve problemas con la ley.
Muchas gracias por su atención y felicitaciones por ayudar tanto a nosotros los inmigrantes.
“Mónica”, (vía correo electrónico)
P.D. Por favor, avíseme si esta pregunta va a ser contestada vía e-mail, o a través del periódico.
Gracias, Mónica, por escribirme, y... dobles gracias por lo sucinto de su carta — expresiva, breve, y suficiente para darle una respuesta, no sólo a usted, en particular, sino al conglomerado de todos mis lectores — ¿cientos, miles, o 10 veces más? – que siguen esta columna, no sólo con sus propias preguntas, sino porque les complace leer buen castellano, o divertirse con las flaquezas de esa etnia tan especial como lo es la de todos los extranjeros que buscan un futuro mejor en “USA” (como dice usted en inglés, verbigracia, Estados Unidos de América). A decir la objetiva verdad, tal unión es física porque 48 de nuestros 50 estados son contiguos en el hemisferio norte de “América”, como la bautizó Américo Vespucci, ilustre navegante y cartógrafo italiano (1454-1512), (¡casi nos llamamos “Amériga”, porque Amérigo (así, con “g”!) se llamaba este generador de nuestra individualidad geográfica y lingüística. (Más tarde, en el siglo pasado, aquel número (48) aumentó a 50, por la incorporación de Alaska y Hawaii como nuevos y adicionales estados a nuestra nacionalidad.
¿Para qué discurrir y hablar más necedades de toda esta curiosidad lingüística? Para nada práctico, sino distraernos un poco acerca del nombre de nuestro país, ahora mismo enfrentado a múltiples desafíos, amenazas, y guerras por preservar nuestras libertades y razón de ser?!
Su carta, apreciada Mónica, breve y explícita, no necesita mucho espacio para contestarla, — pero ahí va! El éxito (o la complicación...) de su solicitud de naturalización (N-400), depende enteramente – digo yo — ¡del desayuno que la mujer (o el marido) del (o de la) oficial de naturalización que reciba y atienda su solicitud. Si él (o ella) pasaron una buena noche conyugal, yo no creo que la misma explicación que usted me da en su consulta, sea mal recibida o rechazada por el organismo. Si, en cambio, el oficial de turno (un ser humano, al fin..) llegó a su puesto de trabajo tras de 24 horas de borrasca parejal (este adjetivo pienso que no existe, pero usted me entiende...) encontrará en cualquier gestión motivos para rechazarla. Usted no ha cometido ni ocultado un delito, ni ha hecho nada (al menos su carta no lo revela), ningún acto que la comprometa y estorbe su good moral character (su buena conducta), y que ahora se vuelva contra usted como una piedra de Sisifo, derrotando su empresa. La misma explicación que en su carta usted me somete, le recomiendo que la lleve, debidamente documentada, a su entrevista, cuando le toque. Si quiere aumentar todavía más sus probabilidades de aprobación, no vaya sola a su entrevista, sino acompañada por un buen abogado de inmigración quien le inspirará confianza y sosiego.
Lo peor que le puede pasar – digo yo – es que no la aprueben en la entrevista y le hagan un pedido de evidencia adicional (un intento de denegación), que así sí, la obligará a contratar un abogado especializado, a un costo tres a cinco veces del que le he explicado.
Su caso me luce bien y si quiere más detalle, venga a verme a mi casa-oficina, y tráigame todos los datos de su vida, especialmente los correspondientes a los últimos 3 años, su período más crítico. ¡No pierda más el sueño, y la espero!
MANFRED ROSENOW es un
abogado y periodista de Miami
especializado en temas de inmigración.
Escríbale a El Nuevo Herald,
3511 NW 91 Avenue, Doral FL 33172 o al correo electrónico rosenowesq@aol.com
Esta historia fue publicada originalmente el 7 de noviembre de 2015, 6:59 p. m. with the headline "Creo que usted está padeciendo de pesadillas innecesarias."