No es lo mismo el calor del sol, como el del lazo de familia
Estimado doctor Manfred. Ante todo, ¡muchas gracias por su pronta respuesta! Imagino que usted recibe muchas preguntas, y tratando de ser breve, omití decirle que la niña que es mi hija es cubana, su madre es doctora que salió de Cuba en el 2007 y no regresó, vive en España, yo salí en el 2010 para Colombia con la niña, y se la entregué a la madre que hacía 3 años que no la veía. No encontramos la vía de reunificarnos en España, y el 9 de noviembre del 2013 crucé la frontera de Laredo.
Hoy soy residente, y la niña, que ya tiene 16 años, quiere venir a vivir en Estados Unidos, la madre la autoriza, pero por lo pronto ella, (la madre) no quiere venir, pues está bien en España. La niña entró como turista WT con permiso hasta el 1ro de enero del 2016 y no quiere irse, yo igual, quiero que se quede, pero legal... Tengo el I-130 listo, pero no sé qué hacer ¡para que no sea un trámite eterno!
Estoy en Houston, Texas, y por acá los cubanos no tenemos los recursos que en Miami con respecto a temas legales de inmigración, ni el mismo tratamiento que por allá... Con estos detalles que le envío, ¿que me aconsejaría?
Muy agradecido, le saluda cordialmente,
“José Luis”, (vía correo electrónico)
¡Arne Sakmussen! Usted cree que su nombre (“José Luis”) es como firma su bien recibida carta aclaratoria, que ya le contesté semanas atrás, pero se equivoca: su verdadera (pero disfrazada) identidad es la que acabo de descifrar – “Arne Sakmussen”, el misterioso personaje de la obra Viaje al Centro de la Tierra, de Julio Verne, el genial novelista francés – mi “amigo” desde mis 14 años de edad (ya hacen más de setenta..) devoré título tras título, seducido por la fantasía del ilustre escritor que aun a esa distancia temporal, vive en mi recuerdo y mi admiración...
Pero tocará para otro día profundizar más en tan grata tarea para no restar más espacio a su bienvenido suministro de información adicional, y así completar, para usted y para un gran número de lectores de esta columna, una respuesta concreta a su inicial interrogante. En concreto, reproduzco su (parca) pregunta inicial, seguida de la esencia de mi contestación, a saber: Su pregunta: Lo de entrar a USA con pasaporte español y esperar el año y un día para solicitar residencia, ¿es válido para una menor de 16 años (hija de residente cubano) o hay otra forma de hacerlo más rápido?
Por razones de espacio, omito reproducir mi respuesta de entonces y le agrego lo siguiente. La única manera de obtener un resultado (la residencia legal permanente) más rápidamente es que usted fuera, no simplemente residente de esta país, sino ciudadano de Estados Unidos, en cuyo caso (petición de “familiar inmediato”) la niña, en cuanto tenga menos de 21 años de edad, no estaría sujeta a espera o turno alguno. Los requisitos de clasificar como tal, en cuanto a la alegada paternidad son tanto más estrictos, por cuanto la jovencita no se ampararía bajo la Ley de Ajuste Cubano, sino bajo el régimen de beneficios correspondiente (y merecidos), cualquiera que fuese la nacionalidad de origen del peticionario. Es algo así como si usted dejara de sentir frío porque le salió el sol, o porque se abrigó con una chaqueta de espesa lana... Clave: no confundir una ley especial (para una sola nacionalidad, que es un derecho natural derivado de un parentesco).
De hecho, la Ley de Ajuste Cubano, igual que la ley de “pies secos/pies mojados”, son disposiciones políticas, que hoy son, pero que mañana pueden dejar de serlo, como en efecto cunde el temor respectivo nacido de la actitud conciliatoria del gobierno del Presidente Barack Obama con el régimen de La Habana. No es posible predecir –no soy adivino, sino abogado de inmigración—el final exacto de esta bamboleante controversia, surgida del acercamiento (rapprochement, un bello vocable francés...) entre Washington, DC, y la capital cubana. Hay poderosos intereses financieros detrás de bambalinas, y a nadie entre los promotores les importa tres pitos la suerte del pueblo de la isla. “Lo que cuenta, ¡es el cash!” rezaba una popular consigna de negocios miamenses. El 20 de enero del 2017 tomará el poder un nuevo Congreso, rabiosamente republicano, y “tal vez, tal vez, tal vez...”, cantaba el finado Pedro Vargas, las cosas cambien. “Amanecerá y veremos”. Por ahora toca “Esperar y confiar”, como ya bien lo predicó Alejandro Dumas...
MANFRED ROSENOW es un
abogado y periodista de Miami
especializado en temas de inmigración.
Escríbale a El Nuevo Herald,
3511 NW 91 Avenue, Doral FL 33172 o al correo electrónico rosenowesq@aol.com
Esta historia fue publicada originalmente el 2 de diciembre de 2015, 4:08 p. m. with the headline "No es lo mismo el calor del sol, como el del lazo de familia."