Inmigración

Respuesta a una ‘nieta’ (?!) desconocida... y enojada

Bueno, en realidad tu lenguaje es bastante atrevido. Primero, no sufro de “el sueño americano”, en mi país vivo bonito, no soy pobre, simplemente me enamoré de la persona con la que me casé, no fui ninguna compinche, igual él podía llegar a Estados Unidos sin mi, porque lo conocí aquí en mi país, no por favor, como tú manifiestas, hicimos un hogar aquí. Sí señor, mis hijos lo quieren y extrañan bastante y pasamos momentos excepcionales, simplemente se adelantó en su viaje porque no teníamos la certidumbre de que me dejaran pasar con mis hijos en la frontera y no podía exponerlos a ellos y gastar dinero en vano. Agradezco tu respuesta, pero tú, como doctor reconocido, deberías guardarte mejor tus comentarios ante un medio tan importante como el que utilizas, la prensa, en verdad no me dijiste nada nuevo sólo me insultas. Gracias de todos modos y saludos a Teresa, bendiciones!!!

Gracias, señora “Anónima”, ¡su carta es un tesoro!

Su protesta me hizo un efecto similar al de quien camina por los alrededores de Ciudad del Cabo, la virtual capital sudafricana, su vista concentrada en los cristales de berilio, feldespato, o de simple arcilla cristalizada que conforma su suelo, hasta que, de pronto... ¡zas!, sus ojos quedan cautivados por el verdoso brillo de un cristal de esmeralda color (o pudo ser de jade color de esperanza), que, exactamente como ocurre con ésta su carta, entre las decenas de mensajes que a diario recibo. Mi mujer, Teresa, (¡quien cocina exquisitamente!), me respondió en forma de una receta que integra todos los ingredientes del plato (‘Vístame despacio, que estoy de afán...’ (Napoleón Bonaparte); (columna del 10.22.2015) que usted, tan solícita, piensa servirle a Inmigración para poder residenciarse en esta tierra de promisión.

Ingredientes: usted es una señora colombiana (igual, diera de donde fuera), con dos niños, quien se casó en Cuba (21 de enero del 2015) con un cubano presente en Colombia, con la intención de eventualmente emigrar todos a Estados Unidos. Él partió de allá primero, vía México, e ingresó correctamente a este país por la frontera, y usted y los niños lo seguirían después, solicitando para ello visas de turismo al consulado estadounidense en Bogotá. Al año de toda esta maniobra la familia entera pediría su residencia en Estados Unidos bajo la Ley de Ajuste Cubano (¡y... colorín colorado – el cuento ha terminado!)

Eventualidades y problemas: 1ro. Su obtención de visas de turismo, son, por decir lo menos, enclenques. Apenas el consulado vea en su solicitud de visa de turismo que su esposo cubano desde ya está esperándola en el gran país del norte, su presunción de “turista” se viene al suelo y la concesión de visas de turismo se vuelve 99.9% imposible. (Fin del caso.) Claro que usted podría eludir toda esta confrontación ocultando los hechos y factores enunciados, pero yo, como abogado serio de inmigración, de ninguna manera puedo aconsejárselo.

2do. Aunque llegara y entrara lícitamente a Estados Unidos (otra vez), ocultándole al funcionario de inmigración que la reciba en el aeropuerto, la realidad de toda esta trama, un año después que les toque enfrentar al funcionario de inmigración que atienda la solicitud de residencia de los 4, el examen de dicho funcionario (cada adulto por separado) les haría es virtualmente imposible de resolver exitosamente. Resultado: Que el oficial de Inmigración detectará su fraude ante el cónsul americano y les exija la presentación de un waiver o excepción para lo cual va a necesitar que el matrimonio sea sólido y duradero, es decir, de techo, tálamo y mesa como usted afirma. De lo contrario su caso y el de sus niños, terminará ante la Corte de Inmigración en una lucha por evitar su deportación, que la veo perdida.

Por último una curiosidad: ¿es usted alguna nieta desconocida por mí (tengo para que lo sea suficiente edad) o una amiga mía de la infancia? Sólo así me explicaría por qué en ambas de sus cartas me trata de “tu”? Pero cualquiera que sea el caso aprovecho para invitarla a la reconciliación y así poderla servir en todo lo que este a mi alcance...

MANFRED ROSENOW es un

abogado y periodista de Miami

especializado en temas de inmigración.

Escríbale a El Nuevo Herald,

3511 NW 91 Avenue, Doral FL 33172 o al correo electrónico rosenowesq@aol.com

Esta historia fue publicada originalmente el 4 de diciembre de 2015, 4:54 p. m. with the headline "Respuesta a una ‘nieta’ (?!) desconocida... y enojada."

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