Inmigración

La cubanía es tan buena que nunca se pierde

Primero que todo, buenos días. Encontré su correo en mis búsquedas por internet. Quisiera pedirle su consejo.

Llegué a Miami por el aeropuerto como ciudadano italiano. Al parecer, cometí un gran error, ya que en el parole me pusieron que el país de ciudadanía era italiana. Cuando fuimos a pedir las ayudas, no nos las dieron, y además nos dijeron que, como habían puesto que era ciudadano italiano, no me daban las ayudas. Luego me aconsejaron que saliera y entrara de nuevo a Estados Unidos y que pidiera otro parole, esta vez como ciudadano cubano, para poder ayudarme y darme el permiso de trabajo.

¿Qué sucede si salgo y entro otra vez? Una vez que salgo, ¿ese parole se cancela o tendré problemas al entrar, ya que estoy registrado en el sistema?

¿Existe algún modo para evaluar ese mismo parole sin tener que salir de los Estados Unidos? Por favor, aconséjeme. Cordiales saludos.

“Anónimo” (vía correo electrónico).

Por lo menos hizo una cosa buena: reconocer que cometió “un gran error”, producto no de su falta de inteligencia (su carta es breve, pero sucinta y exacta), sino de su carencia de entendimiento de lo que consiste, inmigratoriamente hablando, refugiarse en Estados Unidos como cubano perseguido, en contraste con visitar este país como ciudadano de cualquier otro país del mundo, aunque sea tan exótico y lejano como Suecia, San Marino, ó Ruanda-Burundi, por ejemplo.

La realidad es bien otra. Cuba es un país diferente, no sólo en que tiene, quizás, las mujeres más bellas, el tabaco más envidiado, y el espíritu más alegre (la Cuba vieja, claro está...) del planeta Tierra, sino porque, desde enero de 1959, se transformó en la primera dictadura comunista de las Américas, y por eso, hasta el sol de hoy subsiste, como la sociedad más pobre, más sufrida, y más impotente del continente. Paro aquí para no gastar más espacio en lo que todo el mundo sabe...

De todo este medio siglo de adversa suerte política, de 1966 para acá (retroactiva al fatídico 1959) surgieron diversas leyes de Estados Unidos destinadas a aliviar el problema de los cubanos que lograban escapar geográficamente al infierno comunista (la inicial, la Ley de Ajuste (para refugiados) cubanos, la norma de 1994 sobre “pies secos/pies mojados”, etc.) Cualquier cubano puede usufructuarlas, aunque haya tomado adicionalmente ciudadanías distintas, como ocurre en el caso suyo. La cubanía no se pierde nunca, y no sólo usted, para quien es un recurso máximo, sino que el mismo (des)gobierno espúreo que aún manda en La Habana (hopefully not for long...) se apega a esta legislación cubana consignada en la Constitución de 1940, y mantenida en el documento igualmente espúreo de 1975.

Entonces, ¡tranquilo! Usted, ni si se lo propusiera (??!)

Podría perder su cubanía, y ella es, junto a los 2 millones de cubanos ya viviendo en este país, la base de su admisión y desarrollo en Estados Unidos. Usted, por desinformación, complicó las cosas un poco al exhibir su segunda ciudadanía al oficial del aeropuerto, y cosa poco frecuente, este oficial mismo, presumo, no era de raíces cubanas, por lo que se concentró en su cómoda ciudadanía alterna (¡mamma mia!) y lo enredó tratándolo como un italiano – y en Italia, haymuchos problemas, pero noexiste legislación acá para ayudar a resolverlos...

Si aún le quedan dudas, venga a verme, y enderezaremos la nave de su vida hasta donde se pueda. ¡Lo espero!

MANFRED ROSENOW es un

abogado y periodista de Miami

especializado en temas de inmigración.

Escríbale a El Nuevo Herald,

3511 NW 91 Avenue, Doral FL 33172 o al correo electrónico rosenowesq@aol.com

Esta historia fue publicada originalmente el 3 de enero de 2016, 3:52 p. m. with the headline "La cubanía es tan buena que nunca se pierde."

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