En mi ‘tratado’ no les veo problema alguno. Welcome!
BODA. Apreciado e indispensable señor abogado: Soy aficionada a su columna de inmigración en el Nuevo Herald. No me pierdo ni una e incluso voy coleccionándolas, porque realmente, en su conjunto, son un verdadero tratado sobre este tema tan importante en nuestro mundo actual globalizado, y más aún aquí en Miami, asiento de diferentes nacionalidades.
Después de este breve preámbulo, voy al grano. Tengo un primo cubano que desea casarse con alguien con quien desde muy joven tuvo relación de amistad, pero nunca más allá. Hace algún tiempo, él regresó a la patria y volvió a encontrarla, ella vive en Cuba, y la amistad de entonces se convirtió en un sentimiento más profundo. Ahora quieren casarse.
Él es ciudadano de este país, nacionalizado. Mas ahora viene el problema: él está deshabilitado por un problema de depresión mayor, con un trastorno obsesivo-compulsivo, y recibe ayuda del gobierno. Mario, que es su nombre, tiene 46 años y se siente muy solo. Aquí no ha podido encontrar pareja. Mi familia está dispuesta a ayudarlo y ponerle el affidavit para que pueda traer a su novia, que es un poco mayor que él. Tal vez por eso él la ama tanto, porque ha encontrado en ella, además de amor, la protección y el cariño que tanto le hacen falta. Él vive independiente en un efficiency.
Yo quisiera saber si con este diagnóstico y deshabilitación puede casarse y pedirla.
Muchas gracias a usted y su esposa por la labor que realizan. Son muy útiles, además de inteligentes y amables. Que pasen un feliz Fin de Año y que el próximo les traiga mucha salud y felicidad.
Elvira Rodríguez
Pocas cartas, if any (si es que alguna), me ha tocado la suerte y el agrado de encontrar en mi buzón mañanero, y me han renovado mi energía y disposición para aquilatarlas, ponderarlas, y responderlas. Gracias, doña Elvira, si así me lo permite, you made my day! (me ha compuesto el día)... Llamarme “indispensable” es una deliciosa hipérbole, que agradezco en mi alma como una mentira piadosa, o al menos, muy generosa.
Cuando me topo con la palabra tratado, de lo cual usted, tan amable, califica el conjunto de mis respuestas, no puedo olvidarme de (chiste) la colección de anécdotas sobre este efusivo arte “20 Episodios de Amor” narradas por un francés; del similar tema “La Economía y el Amor” por otro, por supuesto inglés, y del “Breve Tratado sobre el Amor” (¡en 33 volúmenes!), escrito —¡¿por quién más?!— que por un alemán, algún “pariente” remoto de aquellas lejanas tierras donde yo mismo, antes de huir del nazismo, vi por primera vez la luz del día...
Basta de necias elucubraciones, y vayamos directos a la “Boda”, como usted misma tituló su amable carta (!) Mi conclusión: no encontré en su narración ni un adarme de obstáculo técnico-inmigratorio que pudieran frustrar el amoroso proyecto conyugal de su primo. De una parte, los cubanos tienen los máximos (y exclusivos) privilegios para inmigrar a Estados Unidos. Les basta llegar legalmente a este país, y “al año y un día” de su presencia aquí, buenos o malos, feos o encantadores, inteligentes o atolondrados, la especialísima Ley de Ajuste Cubano les permite hacer su ajuste de estatus (hacerse residentes), sin excepción ni consideración por su condición económica.
En cuanto a su enamorado primo, él debe ir de vuelta a la isla, casarse con su Dulcinea y cuando regrese iniciar la petición I-130, la cual una vez aprobada dará paso al proceso de la visa de inmigrante donde entonces necesitará del apoyo suyo para el affidávit de soporte financiero. Ellos tendrán que proveer evidencias de la relación amorosa para persuadir al cónsul estadounidense en La Habana de que su matrimonio es de buena fe, es decir, “de techo, tálamo y mesa”.
Además, yo presumo que su realización como cónyuge de la agraciada, borrará (aunque tan solo temporalmente) las evidencias externas de su desvarío.
Quien, a mi modo de ver, verdaderamente necesita reflexionar no es él, sino ella. Se necesita serenidad, paciencia, y endurance (resistencia) para manejar internamente un matrimonio como el descrito. Pero, entre ambos, tienen un siglo de edad, de modo que mis esperanzas al respecto son positivas. En gran resumen, Welcome to the United States!
MANFRED ROSENOW es un
abogado y periodista de Miami
especializado en temas de inmigración.
Escríbale a El Nuevo Herald,
3511 NW 91 Avenue, Doral FL 33172 o al correo electrónico rosenowesq@aol.com
Esta historia fue publicada originalmente el 8 de enero de 2016, 5:18 p. m. with the headline "En mi ‘tratado’ no les veo problema alguno. Welcome!."