Inmigración

A los padres nos toca muchas veces dar el primer paso

Estimado abogado: He leído su columna y me parecen muy sinceras sus respuestas a las inquietudes de sus lectores por duras y reales que sean. Y así debe ser cuando se trata de un abogado serio. Aprovechando su labor de contribuir con nosotros los inmigrantes, le presento el siguiente caso para que me dé un punto de partida y un horizonte, si lo hay.

Tengo un sobrino que entró de manera ilegal a Estados Unidos a través de la frontera buscando a su padre, quien lo abandonó desde pequeño, dejándolo al cuidado de su madre, obviamente, mi hermana. Cuando ella murió hace algunos años y siendo mi sobrino ya mayor de edad, él se dispuso viajar a este país para buscarlo, y lo encontró.

Pero ocurrió que ellos no se llevaron muy bien, y mi sobrino decidió viajar a Nueva Orléans, donde fue capturado por las autoridades de migración y deportado a Centroamérica. Actualmente mi sobrino tiene 7 años de haber sido deportado, y su padre (que desde hace 20 años es ciudadano americano) quiere hacer las gestiones para pedirlo.

La pregunta es: ¿Ha cumplido mi sobrino el tiempo que estipula la ley para solicitar un perdón, de manera que su padre pueda hacer las gestiones de traerlo a Estados Unidos?

Apreciando su valiosa y amable contestación, saludos,

Germán Aldana (vía correo electrónico).

Su carta trajo a mi memoria un añejo refrán alemán, “Un padre bien puede sostener a 10 hijos, pero 10 hijos no pueden hacer lo mismo por un padre”. La analogía no es muy evidente en su relato y el tema tiene muchas alternativas y excepciones. Nada impugna a su sobrino en su decisión de localizar a su ciudadano papá y el hecho de que su progenitor bien pudiera ser la llave para que el muchacho encuentre acá las oportunidades que en su país natal seguramente son mucho más limitadas, no justifica de mi parte proferir un juicio válido y definitivo sobre esa motivación.

Dejemos pues a un lado esas divagaciones filosóficas, y examinemos las realidades legales que se desprenden de su planteamiento.

Para hacerlo exhaustivamente falta en la ecuación planteada un dato fundamental: ¿estamos hablando de un hijo legítimo, ó ilegítimo, vale decir, de padres casados, ó de unión libre? Asumiendo que fuera esto último (estadísticamente, lo más corriente) el padre debe iniciar la petición I-130 (US$ 420) por el retoño tan pronto como sea posible. (De hecho, mejor aconsejado, el padre ha debido hacerle esta petición desde la fecha en que lo deportaron. Esta recomendación surge del camino despejado que tiene una petición por un hijo legítimo, comparada a la misma por el caso alterno, que requiere diversas pruebas más.)

Sea cual fuese el caso, su sobrino tiene dos inelegibilidades: la orden de deportación del juez de inmigración, que impone como castigo un impedimento de regreso a Estados Unidos por 10 años, y la presencia ilegal en Estados Unidos. Si el sobrino permaneció ilegal aquí por mas de 365 días antes de ser deportado (como lo sugiere su relato), al salir del país se produce un impedimento de regreso de 10 años. Ahí no veo exitosa la búsqueda de un waiver (un perdón), que sólo podría darse por razones extraordinarias.

Su carta no alude a si el hijo es soltero, mayor de 21 años, ó si es casado, lo cual lo situaría en una cola de espera de visas de residencia mucho más prolongada. Siendo soltero, la cola de la petición del padre ciudadano estadounidense lo sitúa en la 1ra. Preferencia (F1), que va por July 8, 2008 en tanto que si el hijo es casado, le toca la cola de la 3ra. Preferencia, (F3), fecha actual October 1st. 2004, ó sea una larga cola de espera de muuuuchos años...

¿Entiende usted ahora por qué el padre ciudadano debió presentar la petición I-130 por el hijo ha muchos años???! No lo hizo por la relación difícil que tenía con el hijo, ó bien, probablemente, porque le faltaba consejo e información adecuados.

Si el padre (a todos los padres nos toca...) ha sepultado hace tiempo las diferencias con el hijo, es a él, el progenitor, a quien (“en mi librito”...) le corresponde darse una rodadita por su país de origen para darle un abrazo al hijo pródigo y, como lo relata la Biblia – la Palabra de Dios – darle amor y esperanza al fallido, hasta tanto le toque venir para acá... ¡Que el Altísimo los bendiga ricamente a ... los tres!

MANFRED ROSENOW es un

abogado y periodista de Miami

especializado en temas de inmigración.

Escríbale a El Nuevo Herald,

3511 NW 91 Avenue, Doral FL 33172 o al correo electrónico rosenowesq@aol.com

Esta historia fue publicada originalmente el 13 de enero de 2016, 5:15 p. m. with the headline "A los padres nos toca muchas veces dar el primer paso."

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