No pierda el sueño: ¡nadie le va a quitar nada!
Doctor Manfred Rosenow, querido maestro: Me tomo esa libertad de llamarlo “querido” porque tengo mucho que agradecerle. Gracias a sus recomendaciones y gestiones (sin costos económicos para mí), pude llegar a reunir mi familia en este país increíble, y por eso lo respeto y le deseo que el Gran Arquitecto del Universo lo ampare y le dé muchos años de felicidad con calidad de vida.
Mi pregunta esta vez es sobre algo que me preocupa. En Cuba, muchos ciudadanos americanos (como yo), que entramos a la tercera edad y quisiéramos vivir y morir como los elefantes (en su cementerio), hay una nueva modalidad, a la cual el gobierno llama “repatriado”. La modalidad consiste en que un familiar de uno que sea dueño de una casa, y con un papel notarizado, llena unas planillas donde dice que el familiar extranjero, puede vivir en su propiedad cuando esté en Cuba, y la persona que lo solicita tiene que llenar unas planillas con sus datos personales y la dirección del país donde viva. Esto le da derecho a ser un ciudadano cubano normal como otro cualquiera, con la condición de que perdería estos privilegios si se ausentara más de 2 años.
Mi pregunta, maestro, es la siguiente: ¿Afectaría en algo mi ciudadanía americana? Yo estoy retirado y no es suficiente mi retiro para los gastos que tengo en Estados Unidos.
Espero su respuesta. Fraternalmente, (por favor omitir mi nombre),
“Anónimo (a solicitud)”, Miami
Comencemos por Arriba (que es por donde debe ser): ¡amén! – que así sea todo lo bueno que usted me desea, y todo lo que se desea a sí mismo... Cumplido este retortijo espiritual, descendamos otra vez a lo terreno, en este caso concreto, a lo que seguimos llamando Cuba, aunque ya el nuevo (des)gobierno la haya re-fraccionado de las seis provincias tradicionales, a las 14 de la “Fuba” actual, perdóneseme el artilugio retórico que me acabo de permitir. De Cuba ya no queda sino poco, en el recuerdo de los muy mayores, pero Fuba, así re-bautizada, lo es en virtud de un Fidel (sobra el apellido...), de una falsedad general, de 3,000 (¡o más!) fusilamientos históricos, de una fatídica realidad nacional, y de una falta de esperanza para una generación que, habiendo nacido bajo esa inconsciente fatalidad, busca escapar (sin siquiera entender por qué) hacia horizontes de esperanza –Ecuador (transicional), Centroamérica (ídem), México (lo mismo), y finalmente, ¡Florida!– ¡las únicas dos fs buenas! – en este nuevo, aunque prolongado, ansiado éxodo hacia la libertad. Según entiendo su carta (por cierto, interesante y muy bien escrita) usted se preocupa por el posible costo (efecto negativo) de su traslado permanente a Fuba (seamos consistentes...), si estos vericuetos fidelistas tengan que ver con su ciudadanía de Estados Unidos adquirida por naturalización. Mi respuesta: nada que ver, nada que temer. La ciudadanía estadounidense (¡aun la nativa!) no se pierde excepto de una de dos maneras: por renuncia voluntaria,o por traición al país en tiempos de guerra. No lo ubico a usted ante ninguna de estas disyuntivas. La renuncia voluntaria a la nacionalidad no es ni siquiera factible estando usted dentro de Estados Unidos: sólo puede hacerse ante un cónsul estadounidense en el exterior. Pero ni aun así, es cosa de “coser y cantar”. El cónsul lo sometería a un interrogatorio intenso, y convencerlo de la seriedad (sobre todo, la racionalidad) de su renuncia haría ésta ser entre difícil e imposible. En cuanto a la pérdida de su ciudadanía por traición a la patria, no entendería yo su carta que es todo lo contrario: usted teme la pérdida potencial de ella, no es que busca que esto ocurra. Su situación de edad, salud, economía, etc. marchan en sentido contrario a un abandono deliberado por servir a una causa extranjera. Para Cuba (incluso para Fuba), usted sigue siendo cubano por muchas nacionalidades que usted adquiera. Y para Estados Unidos, usted seguirá siendo ciudadano estadounidense por mucho que se avecinde en cualquier país del mundo, o hasta del espacio (Marte, Saturno, Júpiter, etc.). Lo único que no podrá hacer es dejar de presentar anualmente su declaración de renta (1040EZ), porque de pagar impuesto, calculo yo, su situación de ingresos es más bien que el gobierno lo ayude, no que le cobre de lo poco que vive. ¿Estamos?! Una vez más, ¡gracias por escribirme!
MANFRED ROSENOW es un
abogado y periodista de Miami
especializado en temas de inmigración.
Escríbale a El Nuevo Herald,
3511 NW 91 Avenue, Doral FL 33172 o al correo electrónico rosenowesq@aol.com
Esta historia fue publicada originalmente el 15 de enero de 2016, 11:59 a. m. with the headline "No pierda el sueño: ¡nadie le va a quitar nada!."