Unos se deleitan viniendo, ¡y otros lo haríamos viajando allá!
¡Hola! Soy uruguayo, tengo 41 años de edad, y mi esposa, Sheena Salvarrey, que nació en Bryan, Texas, el 3 de diciembre de 1983, es ciudadana americana y tiene pasaporte de este país. Juntos tenemos un hijo, Patricio, y él también tiene pasaporte americano.
Yo tengo en mi poder el formulario de petición de aprobación de residencia familiar (I-130) completo y firmado por mi señora, y dos formularios G-325-A, completos y firmados). También tengo fotocopias del pasaporte y del Social Security de mi señora y el de mi hijo, y fotocopia de nuestra libreta de matrimonio.
Mi pregunta es la siguiente: ¿Puedo yo dejar el trámite iniciado para aplicar para mi residencia? Mi idea es iniciar el trámite para que comience a correr el tiempo, y en todo caso, volvería con mi señora para alguna entrevista con el pasaporte y el social originales. Sheena espera una hija que llega a finales de febrero, causa por la cual no pudo venir en este viaje.
Agradezco vuestra respuesta. Saludos cordiales,
Diego Rosenbach, (vía correo electrónico)
Gracias por su consulta, estimado don Diego, presumible pariente lejano mío (!) aunque nuestra conexión familiar tuviera que remontarse 5,700 años atrás... De “Rosenbach” (“manantial de rosas”) a “Rosenow” (“lecho” de esas mismas), no puede haber, pienso yo, más que una distancia histórica, pero al mismo tiempo, debe haber una afinidad del mismo género – el origen hebreo.
Para quienes no reconozcan en detalle ese paralelismo idiomático, expliquemos que cuando la Rusia de los zares (siglo XVIII) expandió sus límite territoriales tragándose sin contemplación la Polonia de su tiempo, los primeros explotaron de todas las maneras posibles a los invadidos polacos, entre ellas confiscándoles sus apellidos (!!!) y obligándolos a “re-comprar” nuevos patronímicos. De estos, como ocurre aun hoy en las tiendas, había mercancías de varios precios, y asimismo ocurrió con los apellidos, que debían, todos ellos, ser tomados de la naturaleza. Pero, fieles a esa política clasista, los había baratos – Schwarz (negro), Weiss (blanco), Stein (piedra). Baum (árbol),Wasser (agua), etc. etc., así como caros, los más sonoramente atractivos, como Goldstein (piedra de oro), Gottlieb (amante de Dios), Blumenthal(valle de flores), y demás. El suyo y el mío, ya citados, no debieron –presumo yo—estar entre los más costosos, pero tampoco entre las baratijas...
Agotadas mis necesidades (más bien, mis necedades) idiomáticas, regresemos a la Tierra y consideremos su atenta carta.
Usted está bien orientado, ya que la I-130, con los formularios G-325-A, uno firmado por usted y otro por su esposa, son los que necesita presentar para iniciar su gestión de emigración a Estados Unidos. Sin embargo, su lista de documentos está incompleta.
Aunque el pasaporte estadounidense es evidencia de ciudadanía, siendo que su gentil y expectante Sheena es nativa texana, (¡cuidado, gente brava!) su certificado de nacimiento debe acompañarse a su petición, al igual que el certificado de nacimiento suyo con traducción al idioma inglés. Asimismo, su respectivo certificado de matrimonio, con traducción también si este tuvo lugar en la bella Uruguay, dos fotografías de cada uno de ustedes, tamaño pasaporte, adjuntas a las respectivas G-325-A, y el arancel de la I-130, US$ 420.
Dado que usted reside en Uruguay, una vez aprobada la petición, proseguirá un proceso de visa de inmigrante ante el consulado americano en Montevideo, en donde tendrá la entrevista, y en donde le expedirán su visa de inmigrante, con la cual ingresará a Estados Unidos como residente permanente. Su esposa tendrá que dar un affidávit de soporte financiero y deberá repatriarse a Estados Unidos antes de que usted emigre, ó al mismo tiempo que usted hace su ingreso a este país con su visa descrita.
Es aconsejable que ustedes tengan la asesoría de un buen abogado de inmigración, para que su caso ande sobre ruedas y sin inconvenientes que le entorpezcan el importante proceso deseado.
Aunque hasta ahora no he tenido el gusto de hacerlo, no pierdo la esperanza de visitar alguna vez su bello país (antes de que se acabe mi tiempo en este planeta). Ya ve usted – ¡algunos quieren venir acá, y otros nos deleitaríamos viajando allá! Como dicen los franceses, C’est la vie!
MANFRED ROSENOW es un abogado y periodista de Miami especializado en temas de inmigración.
Escríbale a El Nuevo Herald, 3511 NW 91 Avenue, Doral FL 33172 o al correo electrónico rosenowesq@aol.com
Esta historia fue publicada originalmente el 26 de enero de 2016, 7:40 p. m. with the headline "Unos se deleitan viniendo, ¡y otros lo haríamos viajando allá!."