Hay palabras malignas que en Inmigración se deben evitar
Señor Rosenow, siempre me gusta leer su columna. Ahora voy a mi pregunta.
Me acogí a la Ley de Ajuste Cubano y posteriormente me hice ciudadano de este gran país. Hace unos 14 meses, me casé con una argentina, y peticioné su ajuste de estatus. Ella entró legalmente al país, y ya tenemos fecha para la entrevista de ajuste de estatus vía matrimonio.
El ser yo orginalmente cubano ¿la beneficia a ella, o mi caso se trata como un caso ordinario de ciudadano americano? ¿Ella tiene alguna ventaja por estar casada conmigo? Somos un matrimonio de buena fe. Por lo que he leído, la ventaja es sólo para los cubanos con green card, no para los naturalizados.
“Cubano naturalizado”
Para tratar de escribir esta columna cinco veces por semana (como llevo 30-y-tantos años de estar haciéndolo), no basta, a mi parecer, saber a conciencia las leyes inmigratorias de este gran país, sino que ello demanda compenetrarse y comprender suficientemente su alma y sus avatares. Para incorporar a mis respuestas este crucial ingrediente, carezco, por razones obvias, del recurso de mirarlo a los ojos y tratar así de descifrar, del brillo de ellos y del tono de su voz, sus íntimas motivaciones. Nada de eso me lo revelan los nervios de su mano, sino me lo calla el silencioso teclado de su computadora...
Sentada la anterior reserva, entremos a la misiva de su cordial consulta. Escribe usted, “El ser yo originalmente cubano, ¿la beneficia a ella, o mi caso se trata como un caso ordinario de ciudadano americano?¿Ella tiene alguna ventaja por estar casada conmigo?
¡Grave tropiezo! Usted dudaría mucho, estoy seguro, en decirle “hijo de...mala madre” al funcionario que lo esté entrevistando... (“¿Acaso estoy loco?!!” – leo en sus pensamientos.) Me refiero en esta diatriba a su uso de la palabra ventaja. (Yo “ni la conozco” – ¡fue usted quien la escribió...!)
Los oficiales veteranos de Inmigración sostienen que el 40 por ciento de las solicitudes de residencia por matrimonio son fraudulentas. Nadie sabe si esto es una exageración, pero todos los oficiales de Inmigración están prevenidos contra este tipo de casos, muy difíciles y problemáticos. Todos los días de trabajo hay uno o más oficiales de Inmigración que terminan su jornada aplaudidos por sus compañeros por haber develado alguno de estos matrimonios, que salen de allí con cabeza gacha y amenazados de cárcel por su intento de fraude, y el extranjero, frustrado y desilusionado, si es que no preso. Recuerdo particularmente a un oficial veterano que, pasarlo, era como escalar el Himalaya de la Calle 79 donde antes se encontraba Inmigración. Alto e imponente (por razones obvias omito su nombre) les pedía que aportaran algún documento adicional que él sabía les iba a tomar meses de traer de su país. (Cuando al fin se lo traían, lo examinaba cuidadosamente, y... ¡les pedía otro adicional! Él sabía muy bien lo que iba a pasar. Que consumido un año o más de estas maniobras dilatorias, el matrimonio en cuestión, ¡se había extinguido! Así de silenciosamente se acababa un fraude más... (Creo que toda esta comedia (?!!) terminó cuando lo ascendieron a un puesto más alto en Washington, D.C.)
Regresemos a lo suyo. Usted me pregunta inocentemente, “¿qué alternativa me conviene más...?” Respuesta: ustedes no tienen ¡alternativa ninguna! “Alternativa” es una solución a escoger entre dos posibilidades. En su caso, esta “alternativa” ya no existe. Solución: ustedes no tienen sino un solo camino: su petición de ciudadano estadounidense por su esposa. La “solución” alterna murió cuando usted, por muy cubano que fuera (y que para La Habana sigue y seguirá siendo), el gobierno estadounidense no lo reconoce más como cubano, sino como pleno American citizen. ¡Cuidado con viajar y tratar de regresar “a laYuma” con su pasaporte cubano, que si lo hace podría acarrearse grandes problemas.
Felicitaciones a ambos. Y welcome to America!
MANFRED ROSENOW es un
abogado y periodista de Miami
especializado en temas de inmigración.
Escríbale a El Nuevo Herald,
3511 NW 91 Avenue, Doral FL 33172 o al correo electrónico rosenowesq@aol.com
Esta historia fue publicada originalmente el 27 de febrero de 2016, 5:12 p. m. with the headline "Hay palabras malignas que en Inmigración se deben evitar."