Una pareja que aplaudo, y otra que busco proteger
Manfred Rosenow, distinguido y respetado periodista, acudo a su generosidad y buen corazón de cristiano, y a su gran conocimiento en temas de inmigración.
Mi esposa recientemente compró un maletín en la tienda de Goodwill y dentro encontró dos pasaportes cubanos, los cuales los envío a usted, ya que no sé qué hacer en este caso, pero tampoco es humano que los bote a la basura.
Le pido disculpa anticipadamente por usar esta vía, espero me comprenda. Que Dios lo bendiga en todas sus caminos. ¡Shalom, Shalom!
“Anónimo”, Marcos 3:35 (Incluyo pasaportes cubanos pertenecientes a la señora Maricela Martin Alonso y Juan Carlos Hidalgo Almora.)
Primero que todo, a usted, apreciado lector anónimo, gracias por su breve, especialísima, y reconfortante cartita-testimonio, como lo constituye su acción y evidente conducta – la materialización de una promesa de las Sagradas Escrituras, “Porque cualquiera que hiciere la voluntad de Dios, éste es mi hermano, y mi hermana, y mi madre. (Marcos 3:35). Fuera ésta la norma general, viviríamos, no en este planeta atormentado, sino en la Gloria que esas escrituras nos prometen... Y segundo de este hecho tan dolorosamente infrecuente, mi consiguiente recomendación a doña Maricela y don Juan Carlos: ¡corran a encontrar el primer vendedor de boletas de lotería que encuentren, porque el billete que le compren será seguro ganador de millones en el próximo sorteo! Shalom! (¡paz!) a usted, merecida sin discusión, y a la pareja bendecida por Dios en su plan personal para cada uno de nosotros.¡Gracias una vez más!
(Carta en inglés.) ¡Hola! Mi nombre es Lester, tengo 32 años de edad, soy nativo cubano, ciudadano de Jamaica, y he vivido en esa isla desde que tenía 10 años de edad. Tengo visa de turista la cual utilicé para visitar Estados Unidos con mi common-law wife [compañera sin matrimonio], y mi hijo de un año de edad.
¿Cuál sería la vía legal más viable para nosotros emigrar a Estados Unidos y tomar la residencia bajo la Ley de Ajuste Cubano? ¡Saludos!
“Lester”, Jamaica (correo).
¡Jamaica! Bella isla del Caribe, que toqué brevemente en mi primer viaje aéreo de Colombia a Estados Unidos, hace ya una pila de años (1958). Muchos de quienes en estos tiempos procelosos añoramos la paz y el sosiego de semejante alternativa, bien quisiéramos cambiar nuestro domicilio en este país por la ataráxica perspectiva de vivir en un oasis como el suyo.
Pero, no es fácil. “Emigrar” – venir no temporalmente, sino para vivir en este país – es simple de escribir (siete letras...), pero difícil y tortuoso, si los diversos antecedentes para construir residencia legal en el actual Estados Unidos no se cumplen a cabalidad.
En primer lugar, Estados Unidos no es (otro gordo “no”...) un país de inmigración por deseo individual, a menos que el aspirante sea una persona – un gran científico, un gran artista, ó un millonario ($$) dispuesto a invertir substancialmente en algún proyecto ó empresa, creando así al menos un número importante de empleos para gente de acá. Un jovencito (¡32 años!), a menos que su apellido sea Zuckerberg (el creador de Facebook), difícilmente cabe en esa excelsa compañía...
Pero, ¡un momento! “No seré un genio, ni un supermillonario”, dirá usted, pero orgulloso añadirá, “¡pero soy un cubano! Y sé que los cubanos, de 1959 para acá, tienen privilegios especiales para refugiarse y reestablecerse en Estados Unidos”... Usted tiene razón. Pero su mujer no es cubana (otro no...), aunque su hijito sí puede hacer papeles como tal, al amparo de la Constitución cubana, sea la clásica de 1940, ó aun la castrista de 1976. Lo suyo (y lo del niño), pues, no tiene problema, pero lo de su mujer (no cubana) es menos fácil. En primer lugar, usted tendría que inmigrar acá solo, al año, hacerse residente, como bien dice usted, bajo la Ley de Ajuste Cubano, y entonces pedirla, no sin antes haberse casado con ella (!). Así ella llegará a este país, sin ser cubana, y, ¡colorín, colorado – el cuento se ha acabado! Mucho ojo: si ella viene de visita (ya lo ha hecho, lo cual supone que tiene visa de turista), no faltará quien diga que bien puede quedarse acá de ilegal porque es muy poco probable que Inmigración le abra una causa legal y la deportara. Pero ningún abogado serio le dirá que sí, porque los abogados de verdad no podemos dar consejos ilegales.
Si algo le falta aún para entender sus posibilidades, venga a verme ($100 la consulta) y con mucho gusto le aclararé sus dudas. Mi consejo: haga las cosas bien hechas, y no caiga en las garras de los buitres que todos, tarde ó temprano, irán presos...
MANFRED ROSENOW es un abogado y periodista de Miami especializado en temas de inmigración.
Escríbale a El Nuevo Herald, 3511 NW 91 Avenue, Doral FL 33172 o al correo electrónico rosenowesq@aol.com
Esta historia fue publicada originalmente el 24 de marzo de 2016, 7:28 p. m. with the headline "Una pareja que aplaudo, y otra que busco proteger."