Allah ajbar! (¡Dios es grande!) – ¡en cualquier lengua!
Tengo un amigo cubano que su hija quiere viajar a Miami y solicitar parole en el aeropuerto. Ella va casada con un español que es su pareja desde hace 8 años, pero apenas se casaron este mes en España. Mi pregunta es, si ella solicita parole porque es cubana, ¿se lo darían a él también? ¿En qué situación se quedaría su esposo de no aceptarlo?
“Anónimo”
[OTRA] Estimado señor Manfred, me he decido a escribirle al leer consejos dados por usted a personas que desean acogerse a la Ley de Ajuste Cubano. Desearía nos orientara para tomar la decisión más acertada.
Somos un matrimonio: mi esposa con 65, yo con 75 años. Tenemos visa R B2 concedida por el Consulado de Estados Unidos en Angola por 5 años, lugar donde nos encontramos trabajando por nuestra cuenta hace 13 años.
Algunas personas nos han orientado pedir asilo al llegar al aeropuerto de Miami. Todo parece ser muy fácil, sin embargo no estoy convencido. Por esta razón desearía ser orientado por usted, ¿qué debemos hacer para acogernos a la ley y tener los beneficios?
”Anónimo”
¡Qué curioso! Noto que las familias apellidadas Pérez, González, Rodríguez, etc., solían ser las predominantes en la Madre Patria peninsular. Pero ahora, mirando yo mi abundante correo de todos los días, ¡ya no es así! – ahora la más extensa (chiste...) es la familia Anónimo, a quien, en abundancia, ¡ya no le gana nadie...! Pero pongámonos serios, porque si no lo hago, terminarán botándome a la basura en este periódico, ¡junto a todas mis columnas...!
Fundamental: la admisión bajo parole (o sea, “bajo palabra”) es un privilegio histórico UNICO Y EXCLUSIVO de los cubanos, y no se extiende automáticamente más allá a individuos de cualquier otra nacionalidad, ¡por más cónyuges de cubanos o de cubanas que sean! Si lo intenta, sepa que al no-cubano de la pareja le espera un encierro, y, en últimas (con muy pocas excepciones), una posible deportación. De ahí que una fórmula para que ambos es que lleguen en fechas separadas, el cubano como usted se lo propone, y el español, como visitante (B-2), que será admitido corrientemente como tal, así como lo son casi todos los europeos... (Menos los noruegos (??!), tema para otro día..)
Con la celebración del feliz aniversario de su llegada a Estados Unidos, también le llegará el momento para pedir residencia juntamente con su cónyuge cubano. ¿Estamos?!
Toda la situación de los cubanos bajo las últimas evoluciones (más bien, pretendidas ¿devoluciones ?!), está en estos momentos en poco menos que un desarrollo flotante. Los que no “flotaron”, al menos en primera instancia, son los 24 balseros cubanos que desesperadamente llegaron hasta el faro que se encuentra anclado al arrecife al sur de Sugarloaf Key. Las autoridades consideraron, en primera instancia, que el faro no está en tierra firme y que, por lo tanto, los desesperados cubanos no son elegibles al parole bajo la política de “pies secos/pies mojados”. (Esta decisión sigue en desarrollo, porque ya fue revertida para 20 de ellos quienes expresaron un “miedo creíble” (credible fear) de lo que les pasaría si fueran devueltos a la isla. Lo que expresaron los otros cuatro no está claro aún, y más bien sugiere que no entendieron la pregunta.)
Sería imperdonable de mi parte, desaprovechar esta coyuntura periodística sin aludir siquiera a la infeliz noticia del fracaso de las iniciativas protectoras de millones de extranjeros ilegales que el Presidente Barack Obama ha estado implementando por decreto basado en su autoridad ejecutiva. En estos tiempos antagónicos en materia de inmigración, una corte federal en Texas cuestionó la autoridad presidencial para hacerlo y el caso llegó a la Corte Suprema del país. Allí, bajo fuerte presión republicana, la autoridad de Obama al respecto llegó a su final, tras una votación 4-4, insuficiente para derogar el dictamen de la corte federal adversa. Es de expectativa qué hubiera pasado con una Corte Suprema completa (9 miembros), disminuida a ocho por el inesperado reciente fallecimiento del magistrado Antonin Scalia, aunque es dudoso un resultado opuesto, dada la acendrada filosofía
judicial ultra-conservadora del ilustre desaparecido.
Aunque los efectos no son instantáneos – excepto para extranjeros criminales– sólo nos queda robarnos una confesión musulmana – Allah ajbar! (¡Dios es grande!), y Dios es UNO SOLO, aunque las confesiones sean muchas...
MANFRED ROSENOW es un abogado y periodista especializado en temas de inmigración. Su columna se publica los sábados y domingos. Envíe sus preguntas a su nombre a El Nuevo Herald, 3511 NW 91 Avenue, Doral FL 33172, o directamente por correo electrónico a rosenowesq@aol.com
Esta historia fue publicada originalmente el 2 de julio de 2016, 2:54 p. m. with the headline "Allah ajbar! (¡Dios es grande!) – ¡en cualquier lengua!."