Inmigración

‘Confiar y esperar’... durante 366 días – ¡no le queda más!

Buenas tardes. Soy venezolana, casada con un cubano. Entramos por la frontera de México y a ambos nos dieron parole. Ahora estamos en Miami, a mi esposo le están tramitando todas las ayudas y el Seguro Social, pero a mí me dicen que no tengo derecho a nada.

Quisiera ver si me puede, por favor, orientar con respecto a esto, porque, si es así, ¿cómo voy a estar aquí? Sin identidad, y sin permiso de trabajo no podré trabajar. Le agradecería su ayuda. Gracias.

“Anónima”

Usted, anónima amiga venezolana, se ganó “el seco” (la aproximación premiada más jugosa) del sistema inmigratorio, pero, en lugar de dar gracias al Altísimo por ese singular regalo, ¡se queja plañideramente porque no le tocó el Premio Gordo de la lotería inmigratoria de su vida..!

Mordecai! (El intraducible grito de desesperación ante lo inválido y contradictorio – ¿acaso, un “¡Dios mío!”? – que solía proferir el personaje típico de León de Greiff, mi autor más admirado de la poemática colombiana, cuando confrontaba un absurdo seguido de un punto final.) Le explico.

¿Sabe usted que de cada 100 cónyuges no-cubanos de cubanos admisibles en la frontera mediante parole (admisión bajo palabra) son admitidos paralela y similarmente en la frontera con México? Respuesta: ¡uno sólo!, o acaso dos... ¡Tremenda lotería! La admisión “bajo palabra”, que los oficiales del CBP (Customs and Border Protection), una de las entidades con el mayor número de oficiales (cerca de 46 mil policías que vigilan nuestras fronteras para protegernos de terroristas, regulan el comercio internacional, y administran la admisión de los millones de visitantes y residentes que llegan a nuestro país) son un tesoro (o pudieran ser una pesadilla...) con la que sueñan 11 millones de extranjeros indocumentados.

La admisión bajo parole, no siendo usted de nacionalidad cubana, lo más presumible es que se la otorgaron por razones humanitarias, pero no genera los beneficios sociales disponibles para la generalidad de ciudadanos cubanos. Así que, ¡ni modo! – le toca a usted esperar a cumplir los 366 días de presencia física en territorio estadounidense, para luego sí solicitar la soñada residencia permanente bajo la Ley de Ajuste Cubano.

Para un venezolano/a como usted, todo este galimatías puede parecerle extraño, sabiendo por experiencia propia cómo la patria de ese gran Libertador de cinco países suramericanos, el egregio Simón Bolívar, hoy día vino a ser la creación física de una nueva y abominable realidad – el país de configuración marxista-leninista, un nuevo hogar comunista “del Siglo XXI” (???!)

Hoy día asistimos a una tristísima consecuencia: el contraste entre la depauperación del país más rico del mundo en “oro líquido” (el inagotable petróleo venezolano) y las interminables filas de hambrientos pobladores que hacen líneas interminables para conseguir los alimentos más básicos para una dieta sub-humana.

Todo ello lo quieren disfrazar, los neo-comunistas del régimen venezolano, con discursos y palabrotas que deben haber producido estertores angustiosos en las tumbas de un Rómulo Betancourt, un Andrés Eloy Blanco, (o aun un José Gregorio Hernández...) al ver así mancillada la ilustre patria de notables del pensamiento, (o aun de la superstición) de los venezolanos. ¿Qué esperanzas hay de que algún vuelco auténticamente revolucionario (en el mejor sentido de ese concepto) desplace toda esta convulsión histórica y re-establezca los valores intrínsecos del pueblo venezolano? A esta fecha; pocas.

De ahí que no me queda más que exclamar Mordecai! tres veces más y... ¡esperar! “Confiar y esperar – en eso consiste toda la sabiduría humana” (Alejandro Dumas). Yo mismo nací bajo la oscura sombra que proyectó en aquel país (Alemania) un monstruo como Adolfo Hitler. ¿Dónde está él? Ardiendo entre las llamas eternas del infierno... ¿Y yo (80 años después)? Atormentándolos a ustedes, mis amables lectores, con mis rarezas y mis impromptus, hasta que mi propio Dios Altísimo me llame a presentar cuentas...

MANFRED ROSENOW es un abogado y periodista especializado en temas de inmigración. Su columna se publica los sábados y domingos. Envíe sus preguntas a su nombre a El Nuevo Herald, 3511 NW 91 Avenue, Doral FL 33172, o directamente por correo electrónico a rosenowesq@aol.com

Esta historia fue publicada originalmente el 15 de julio de 2016, 2:26 p. m. with the headline "‘Confiar y esperar’... durante 366 días – ¡no le queda más!."

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