Cuba

‘Ya la gente no se faja a los piñazos’: asesinato a puñaladas estremece una ciudad cubana

Amigos y familiares asisten al funeral de Luis Santacruz Labrada, en la ciudad de Cienfuegos.
Amigos y familiares asisten al funeral de Luis Santacruz Labrada, en la ciudad de Cienfuegos.

Tenía solo 23 años y un deseo irrefrenable por el baile y la música. Luis Santacruz Labrada conocía al pie de la letra cada una de las canciones del reguetón nacional y los sitios donde se reúnen los jóvenes cienfuegueros. Su asesinato a puñaladas, el pasado 14 de febrero, ha conmocionado a una ciudad que tenía en la tranquilidad uno de sus mayores atractivos.

“Luis bailaba y cantaba, esa era su vida”, dice su tía, Regla Santacruz, quien vivía con el joven. Aunque las investigaciones todavía están en curso, algunos familiares explicaron que el día de los enamorados Santacruz Labrada decidió salir al malecón, un sitio popular entre los jóvenes.

“Luis tuvo una relación con una muchacha menor de edad, pero ella lo dejó por otro reguetonero llamado Tito. La noche del 13 de febrero, Tito y Luis se encontraron casualmente en el malecón y discutieron verbalmente”, explica un familiar cercano que prefiere no ser identificado.

En la madrugada del 14 de febrero, Luis se separó del grupo de amigos con los que andaba y recibió una llamada a su móvil. “Lo citaron en un lugar y él pensó que podía ser la ex novia, pero al llegar allí lo apuñalaron”, relata la misma fuente.

Santacruz Labrada recibió cuatro puñaladas, una de las cuales le atravesó un pulmón, según sus familiares. Más de una hora después de la agresión fue recogido por un taxista que lo llevó al Hospital Provincial, pero ya era demasiado tarde.

“No pudieron salvarle la vida. Es la segunda tragedia que tenemos así en la familia”, dice el pariente. Al padre de Luis lo mataron en La Habana hace cuatro años a puñaladas también en una reyerta.

Tito, el presunto asesino, tiene 16 años y se encuentra detenido en la Delegación Provincial del Ministerio del Interior en el reparto de Pastorita. Familiares del presunto asesino confesaron que la enemistad entre ambos jóvenes “venía desde hace tiempo”.

“Tito discutió con Luis temprano y ese día estaba bebido”, dijo su familiar, quien además señaló que el presunto asesino no será trasladado a la prisión provincial Ariza por no tener mayoría de edad.

Oficiales del Departamento de Investigaciones de la Policía Nacional a cargo del caso dijeron que no podían dar declaraciones a la prensa.

Santacruz Labrada vivía en el barrio de Reina, ubicado en la península de Majagua, una lengua de tierra donde se asentaron los trabajadores del puerto de Jagua.

“La mayoría de los muchachos de esta zona sale a la calle con un arma blanca en el bolsillo. Ya la gente no se faja a los piñazos como antes”, lamenta Yanelys Verdecia, una cienfueguera del barrio de Reina que quedó impactada por el crimen.

Los medios oficiales son reacios a abordar el tema de la violencia en Cuba. Tampoco existen estadísticas que permitan sacar conclusiones sobre la incidencia de este flagelo social.

Laritza Diversent, abogada y directora del Centro de Información Legal Cubalex, recientemente exiliada en Estados Unidos, lamenta que ni los grupos de oposición ni el gobierno faciliten un debate sobre la violencia en la isla.

“El número de hechos violentos solo lo conocen las autoridades, así que no tenemos herramientas para conversar como sociedad sobre la relevancia que tiene este fenómeno en el país”, dice la abogada.

Según el Anuario de Salud Pública, 572 personas fallecieron en 2016 víctimas de la violencia, pero no hay datos sobre el número de agresiones sin víctimas mortales.

Diversent explica que durante su época como abogada independiente en La Habana trabajó con varios casos de asesinatos y era notable el número de jóvenes implicados en estos hechos, sobre todo de barrios pobres y marginados. El artículo 263 del Código Penal cubano establece penas de 15 a 30 años de cárcel para los asesinos.

La ciudad de Cienfuegos también lloró en septiembre pasado el asesinato de Leidy Maura Pacheco Mur, de 18 años de edad. La joven, cuyo bebé tenía entonces apenas 10 meses, fue raptada por tres hombres de su propia comunidad en Junco Viejo. La violaron y posteriormente la asesinaron y enterraron en la zona del Plan Mango.

“Es terrible que ocurran estas cosas. A mi sobrino lo mataron a patadas hace algunos años en el servicentro de Rancho Luna y la ley sigue siendo muy suave con los asesinos”, dice Aimé Montes de Oca. Los asesinos de su familiar están cumpliendo una condena de 15 años de prisión en Ariza, la prisión provincial, pero una vez cumplida la mitad de la pena pueden obtener la libertad condicional si han demostrado buen comportamiento.

Siga a Mario J. Pentón en Twitter: @mariojose_cuba

Este artículo forma parte de un convenio entre 14ymedio y el Nuevo Herald.

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