Cuba

Cuatro años después, Mariel es la promesa del Hong Kong cubano que nunca fue

Vista general de la Zona Especial de Desarrollo Mariel, a 45 kilómetros de La Habana, en una imagen del 2013.
Vista general de la Zona Especial de Desarrollo Mariel, a 45 kilómetros de La Habana, en una imagen del 2013. EFE

En el 2014, cuando Raúl Castro impulsaba las reformas económicas más profundas después de la instauración del sistema socialista en Cuba, el gobernante, rodeado de sus aliados Dilma Rousseff, Evo Morales y Nicolás Maduro, inauguraba el mayor proyecto de su mandato, la creación de una Zona Especial de Desarrollo en el Puerto de Mariel.

Cuatro años después, y con una inversión brasileña de más de $1,000 millones, la zona que prometía convertir a Cuba en el Hong Kong caribeño languidece a la espera de inversionistas, dijo Emilio Morales, director de Havana Consulting Group.

“La idea de hacer una zona especial en el Puerto de Mariel es buena. El problema ha estado en la gestión. Ningún país de América Latina ha tenido en dos años la cantidad de empresarios, presidentes y delegaciones que han visitado Cuba, pero no lo supieron aprovechar”, afirmó Morales en conversación telefónica con el Nuevo Herald.

La Zona de Desarrollo Mariel (ZEDM) se construyó en momentos que el deshielo diplomático con Estados Unidos permitía prever el fin del embargo. El puerto más moderno del Caribe podría acoger los enormes buques Postpanamax, para los cuales se acondicionó el canal de entrada con más de 17 metros de profundidad y se construyó una moderna terminal de contenedores.

Raúl Castro inauguró en 2014 el proyecto estrella de su mandato, la Zona Especial de Desarrollo de Mariel, con una fuerte inversión brasileña. Cuatro años después el puerto languidece a la espera de empresarios con deseos de invertir en la Isla.

Pero la resistencia de los legisladores republicanos en el Congreso de Estados Unidos a levantar las sanciones, la llegada de Donald Trump a la Casa Blanca y la mengua en el intercambio comercial con Caracas, que según la mayoría de los expertos subsidiaba la maltrecha economía de la isla, están dando al traste con el proyecto estrella de Raúl Castro.

La economía cubana, rígidamente controlada, sigue siendo ineficiente. La gestión de los negocios en la Zona Especial de Desarrollo Mariel la realizan funcionarios de gobierno. “La empresa privada es esencial para el desarrollo futuro de Cuba y de Mariel. Como el único dueño es el Estado, a nadie le duele tomar una decisión equivocada. El dinero no es tuyo, ni el riesgo, por lo tanto, queda en algo abstracto que se llama el Estado”, agregó Morales.

Al cierre de marzo del 2018 sólo había 35 empresas aprobadas —cinco de ellas cubanas— de las cuales 10 estaban en funcionamiento y 25 en proceso de inversión. El diario oficial Granma publicó que hasta el momento la ZEDM ha captado $1,191 millones, apenas 9.5 por ciento de los $12,500 millones que se había planificado obtener en cuatro años, a razón de $2,500 millones por año.

Las causas del pobre rendimiento de la zona industrial, que prometía acelerar la economía nacional, hay que buscarla en “una burocracia excesiva, un complicado proceso de toma de decisiones que demora el seguimiento de las ofertas de inversión de las empresas extranjeras y retrasos en la finalización de la infraestructura”, destaca Morales en un artículo recientemente publicado en Martí Noticias.

El propio gobierno reconoció en marzo que la ZEDM no va “todo lo rápido” que necesita el país. El presidente Miguel Díaz-Canel analizó esta semana el programa de inversiones extranjeras y exportaciones junto a un grupo de ministros y funcionarios del sector.

“Hay que hacer las cosas más factibles, más viables, menos engorrosas”, enfatizó el mandatario cubano sobre las trabas que demoran las inversiones. Díaz-Canel expresó posteriormente su desconcierto sobre la lentitud con que el Consejo de Ministros o la Asamblea nacional han tomado decisiones sobre el asunto.

Las obras de Mariel fueron financiadas por Brasil, en ese momento gobernado por el Partido de los Trabajadores, afín a La Habana. El contrato multimillonario estuvo a cargo de Odebrecht, el mismo conglomerado brasileño de la construcción que ha hecho temblar los cimientos de muchos gobiernos corruptos en Latinoamérica por sus prácticas de sobornos para asegurarse contratos públicos. En Cuba no se ha abierto hasta la fecha ninguna investigación relacionada con esa empresa.

Para Morales, buena parte del fracaso de Mariel se puede apreciar en la pequeña cantidad de puestos de trabajo que se han creado. “Este proyecto estatal sólo ha creado 4,888 puestos de trabajo, frente a los más de 570,000 que nacieron tras la apertura a la pequeña empresa privada [en Cuba]”, dice.

“No puede ser posible que creen una zona económica especial en Mariel y dejen fuera a los mismos cubanos, sin posibilidades para invertir en ella. Primero deberían ser privilegiados los empresarios nacionales y luego los extranjeros”, resalta.

La empresa estadounidense Cleber LLC, la primera empresa con capital 100 por ciento norteamericano que iba a estar en Mariel, terminó rechazada por el gobierno cubano.

El proyecto del empresario cubanoamericano Saul Berenthal y su socio Horace Clemmons tenía por fin ensamblar tractores Oggun destinados a pequeños agricultores para mejorar la productividad en el campo.

“Mariel tenía varias perspectivas: primero procesar el petróleo de la zona norte de Cuba, crear parques industriales con facilidades de importación y repatriación de capitales. Por otra parte, la posición geográfica de Cuba la sitúa en el centro de rutas importantes, lo que podría facilitar el establecimiento de una zona de libre comercio”, dice Morales.

Todas esas oportunidades siguen presentes, pero el peso de la participación del gobierno las ahoga. La Zona Especial de Desarrollo Mariel fue inaugurada durante la II Cumbre de la Celac en el 2014, un organismo internacional impulsado desde la Venezuela socialista de Hugo Chávez. Cuatro años después, la Celac está desmembrándose, Chávez murió hace cinco años, Venezuela está sumida en una crisis sin precedentes y la mayor parte de los gobiernos de la región, incluido el de Brasil, cambiaron de signo ideológico.

“Las decisiones políticas no pueden seguir rigiendo la economía cubana porque el mercado tiene sus propias reglas. El estado tiene que —como les aconsejaron los vietnamitas— liberar las fuerzas productivas de la nación y no querer absorberlo todo”, dice Morales.

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La Zona Especial de Desarrollo Mariel trata de atraer la inversión extranjera, manufactura moderna, alta tecnología y desarrollo sustentable. Hasta el momento se han aprobado 27 proyectos.

Este artículo forma parte de un convenio con el diario cubano 14ymedio.
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