Venezuela

La santería gana adeptos en Venezuela

Una sacerdotiza santera fuma un tabaco durante una ceremonia del culto afrocubano que está ganando adeptos en Venezuela.
Una sacerdotiza santera fuma un tabaco durante una ceremonia del culto afrocubano que está ganando adeptos en Venezuela. AP

Ramón dice que está poseído. Súbitamente parece entrar en un estado de trance justo antes de concentrar todos sus sentidos en una deidad afrocaribeña. Grita, se estremece y sin más bebe extasiado la sangre directamente de la yugular de un cordero recién sacrificado.

Este es uno de muchos rituales secretos que pocas veces son compartidos con extraños, pero que cada vez más frecuentemente se están llevando a cabo en Venezuela, donde las tradiciones y religiones afrocubanas parecen experimentar un auge.

Al igual que durante el éxodo y exilio en masa de cubanos tras la llegada al poder de Fidel Castro al poder en 1959, la llegada de miles de médicos y otros funcionarios cubanos creyentes durante la presidencia de Hugo Chávez ha contribuido a su aumento. Además influye la creencia popular de que esos rituales son capaces de resolver problemas sentimentales y curar todo dolor. Algunos incluso creen que ofrecen protección contra la creciente delincuencia en Venezuela.

Grupos de sacerdotes de la santería incluso han comenzado a anunciar sus predicciones y avisos en Venezuela de la misma forma que los "santeros'' cubanos lo hacen en La Habana desde hace décadas. En enero, un grupo predijo que el dos veces divorciado presidente Chávez sería más eficaz como líder con una mujer a su lado.

Se trata de un patrón familiar. La santería ha crecido en popularidad sobre todo "en muchos lugares donde los cubanos son una presencia y donde [este culto] de Africa, basado en la espiritualidad, se convierte en una opción más aceptable social y espiritualmente'', afirmó Margarite Fernández Olmos, profesora de la Universidad de Nueva York, que ha escrito acerca de esa religión.

La santería es un culto que cuenta con muchos y fervorosos seguidores en Cuba, Venezuela, México, Puerto Rico, República Dominicana y varias ciudades de Estados Unidos. Muchos de sus devotos le han sumado además las deidades de otra religión popular, el culto a la diosa indígena María Lionza, la piedra angular de la variante local del espiritismo y que también ha florecido en los últimos años.

La creciente popularidad de la santería se evidencia en la proliferación de tiendas en las que se venden gallos, corderos y otros animales que son sacrificados en las barriadas pobres de Caracas.

Los ritos de iniciación, adivinación y magia suponen una gran inversión ya que los elementos usados en las ceremonias son conservados en las casas de los creyentes, donde tienen lugar los rituales en vez de un templo.

La santería ha estado presente en Venezuela desde hace décadas, aunque algunos expertos consideran que ahora es más visible debido a la situación política.

"El actual ambiente político creado por un gobierno populista con su énfasis en el nacionalismo ha hecho más visible la santería'', comentó Leslie Desmangles, profesor de religión en el Trinity College en Hartford, Connecticut.

En las calles, los santeros se distinguen por vestir de blanco y se les puede ver orando en iglesias de la ciudad a sus dioses mimetizados en santos católicos.

La cifra de los seguidores de la tradición yoruba ha crecido en al menos unos 15,000 en los últimos años, según la Asociación de IFA (ASOIFA), que agrupa a unos 4,000 religiosos en Venezuela. Sus devotos pertenecen a todas las razas y clases sociales.

A pesar del rápido crecimiento económico impulsado en Venezuela por la industria petrolera, la gente aquí se enfrenta a problemas de inflación y delincuencia que según algunos eleva las tensiones en su vida.

"Los venezolanos pasamos por tiempos muy duros, la santería está en auge porque hay mucha gente que necesita la ayuda de fuerzas superiores para superar los problemas'', comentó Belkis, una santera y ama de casa de 51 años.

Ella fue una de los cientos de creyentes vestidos de blanco que acudieron a la iglesia el 24 de septiembre para adorar a Obatalá, padre de los dioses yorubas, que desde hace siglos es representado por la Virgen de Las Mercedes.

"Esa gente [la jerarquía católica] no quiere nada con nosotros, pero ¿qué va hacer el padre, va a botarnos de la iglesia?", añadió.

La Iglesia Católica objeta el culto, pero hace tiempo que abandonó sus intentos de eliminarlo.

Algunos pagan un promedio de unos $7,000 en un proceso que puede tomar años para convertirse en babalawos o sacerdotes. Los religiosos yorubas de Asoifa rechazan las prácticas comerciales de algunos santeros, afirmando que los seguidores del culto no deben anunciarse y deben tener "por norma de vida la humildad, hermandad y honestidad''.

Algunos creyentes no buscan convertirse en babalawos, sino más bien procuran beneficiarse de los poderes curativos que, a través de un amplio mosaico de rituales como el sacrificio de animales o las ofrendas para limpiar el espíritu, creen que les otorgan los dioses.

Los venezolanos veneran desde el prócer de la independencia sudamericana, el Libertador Simón Bolívar, hasta delincuentes o "malandros'' que han asumido caracteres mitológicos en las barriadas pobres de Caracas.

Las figuras de la "corte de los malandros'', según los santeros, son representadas portando armas de fuego y cuchillos. Estos espíritus son parte del culto de María Lionza.

Los "malandros'' son un conjunto de espíritus que buscan el perdón de sus pecados advirtiendo a los jóvenes que deben evitar el delito, ayudando a reos a salir de la cárcel y curando la drogadicción.

Las deidades originales de la santería como Ochún pertenecen a la corte africana.

Wilfredo, un santero de 40 años que no dio su apellido, expresó que la santería atrae a muchos por razones positivas, pero "lamentablemente también hay gente de mala conducta [delincuentes], que se meten porque piensan que así pueden ir a matar, robar y no les va a pasar nada''.

Practicantes de la "magia negra'', incluidos aquellos conocidos como "paleros'', recolectan huesos en cementerios y como parte de un ritual sellan "un pacto'' con un muerto, que según la creencia es mutuamente beneficioso para ambos. Algunos paleros ofrecen hasta $5,000 por una calavera, puesto que el cráneo humano es muy preciado, según algunos propietarios de objetos esotéricos.

La profanación de tumbas no es algo nuevo en Venezuela, pero muchos piensan que el incremento en esa actividad en el Cementerio General del Sur de Caracas se debe a los paleros.

Las autoridades venezolanas consultadas revelaron no disponer de cifras sobre profanación de tumbas ni sobre el comercio de huesos humanos.

En contraste, la Meca para aquellos que buscan la iluminación y la salud se encuentra en las montañas de Sorte, a unos 300 kilómetros al oeste de Caracas.

Una joven pobre de 21 años, Andrea Gómez, vino aquí para ver una sacerdotisa de la santería, esperando que su sabiduría pudiese ayudarla a mejorar una difícil relación con su novio y encontrar una cura espiritual para lo que ella llamó un "embarazo psicológico''.

La ceremonia comenzó cuando la "curandera'' le ofreció a la muchacha una infusión con anís y luego le dio tabaco y le pidió que lo masticase. No pasó mucho tiempo antes de que Gómez vomitara, considerado esto como la primera etapa de la limpieza ritual.

Luego fue llevada a un arroyo, donde la sacerdotisa y sus dos ayudantes frotaron sobre su piel hierbas, tallos y ron, que bebió.

Vestida con una bata de hospital, fue traslada a una gran roca plana, donde fue vertido un polvo blanco para dibujar un "portal'' de curación espiritual. Se le pidió que se acostara dentro de las líneas blancas sobre un lecho de hojas de plátano y se encendieron velas a su alrededor.

La sacerdotisa rezó en voz alta, pero sus palabras eran ininteligibles, por ser un lenguaje para el mundo de los espíritus. La curandera cerró sus ojos y parecía entrar en trance, y luego colocó sus manos sobre el abdomen y la frente de la mujer.

Gómez se puso de pie y luego se sentó en una roca al lado de su hermano y un primo. Parecía cansada y en paz. Pidiéndole a la mujer que no hablase con nadie, la sacerdotisa anunció a los testigos del ritual de hora y media que el "mal se ha ido''.

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